Lunes 22 DE Julio DE 2019
La Columna

Lectura nacional

Viaje al centro de los libros

Fecha de publicación: 29-12-15
Por: Méndez Vides

La última semana del año la dedico a la memoria de la obra nacional, iniciando con mi lista de los diez autores y sus obras más relevantes.   

Mi primera opción es para Bernal Díaz del Castillo, quien aunque nació en España y vino como conquistador, aquí vivió y murió resentido con la Corona por el olvido, inaugurando así nuestra identidad de cristal. La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España es una pieza literaria deslumbrante, exuberante, donde no importa si lo que se narra es “verdad” o una excusa para reclamar honores y riqueza,  pero sí es una gran novela que nos conduce por los confines de la aventura humana, trata de hombres buscando oro, motivados por la codicia, superando tempestades en el mar Caribe y haciendo la guerra en tierra firme. Una obra imperdible, y yo diría que equivale a nuestro Quijote (y que conste que es anterior a Cervantes).

La segunda lección va para los lectores más exigentes, la Rusticatio Mexicana de Rafael Landívar, canto nostálgico en clave latina, traducida para nuestra facilidad, y que no es para todo el mundo sino para quienes les gusta escudriñar en la soledad del hombre recordando su ciudad, territorio y vida desaparecidas. Landívar murió pensando que su patria ya no existía, y quizá tenía razón.

Mi tercera opción es José Batres Montúfar, cuya obra Las falsas apariencias explica por qué nos gobierna la gente que elegimos, y dibuja los rasgos y taras de nuestra nacionalidad.   Es para reír y reflexionar.

La cuarta opción es Enrique Gómez Carrillo, de quien recomiendo Treinta años de mi vida, donde nuestro cronista plasmó la memoria de su bohemia en Guatemala, Madrid y París.  Un guatemalteco viviendo intensamente por el mundo, negando su guatemalidad para no tener que dar explicaciones sobre un país que sonaba a extraterrestre.

Y el quinto obligado es el célebre cuento modernista de Rafael Arévalo Martínez, El hombre que parecía un caballo.  Una historia que devino de la profunda impresión que le significó a nuestro escritor conocer a Porfirio Barba Jacob, esa mezcla de arcángel y demonio. Un relato inolvidable y refinado que fue suficiente para labrarle un lugar en la historia de la literatura.

Y la próxima semana continuaré con los cinco pendientes, autores ya del siglo XX. Feliz Año y no dejen de leer en estos días, que es cuando el buen lector aprovecha.