Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Indignaciones nacionalistas

Lado b

— Luis Aceituno
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Oscar Isaac, que interpreta a Poe Dameron en la más reciente entrega de Star Wars, no se siente cómodo como guatemalteco aunque haya nacido en este país. Se lo dijo a la revista GQ y provocó cierta indignación nacionalista en las redes sociales. Perdemos así a un piloto recorriendo las más lejanas galaxias, a un habitual de las alfombras rojas de Hollywood, a un nombre al que recurrimos cuando queremos salvar el orgullo de la patria, que nos sitúa dentro la modernidad, que se codea en los salones de la fama con los grandes de la farándula…

Yo estoy de acuerdo con Isaac, nadie medianamente sensato quiere representar a un país cuyo desprecio por la cultura y sus manifestaciones puede llegar al límite de lo patológico. Hagan la prueba, pregúntele a cualquier político sobre los diez últimos libros nacionales que haya leído y obtendrán como respuesta una serie de balbuceos incomprensibles cuando no francamente chistosos. Pero es posible, me digo, que el baboso no sea quien responde sino quien pregunta, alguien que no se ha enterado que los políticos están ahí para manejar sus negocios, no para comprender el país que les da de comer. Pedirle a un diputado que lea en los tiempos que corren es como pedirle a un rumiante que no babee. No se puede luchar contra la naturaleza.

A falta de ejemplos que nos enaltezcan, cualquier mención de Guatemala en una película taquillera, aunque sea de narcos, nos hace saltar de gozo y de patrio ardimiento, nos da la sensación de existir, de no ser una tribu de bárbaros perdidos en el lugar más insignificante del mundo.

Por supuesto que Guatemala puede enorgullecerse de muchas cosas, más allá de ser mencionada en algún programa de chismes de la tele basura. Dos premios Nobel, un Príncipe de Asturias, una serie de científicos en verdad brillantes que hacen cosas extraordinarias en diversas universidades e instituciones del mundo, cineastas que sin caminar en la alfombra roja han hecho películas maravillosas, escritores con importante proyección fuera de las fronteras, un patrimonio cultural de lo más valioso…

Y eso a quién diablos le importa, demasiado incomprensible, sobre todo para los insignes miembros del Congreso que le redujeron, contraviniendo leyes y acuerdos, 22 millones de quetzales a la Dirección del Patrimonio Cultural y Natural en el Presupuesto de Ingresos y Egresos del Estado para el año 2016. Esto, por supuesto, debería de herir más el orgullo patrio que Oscar Isaac negándose a aparecer como guatemalteco.

¿Por qué? Porque en esas ruinas, en esos parajes, en esos papeles se encuentran nuestra identidad, nuestra memoria, nuestra historia, nuestra riqueza, el testimonio de nuestro paso por el mundo ¿A quién le importará de aquí a 3 mil años quién era el presidente de Guatemala en 2016 o en 2020? Sin embargo, más de alguno se extasiará frente al Gran Jaguar o leerá Hombres de Maíz de Asturias y se preguntará por nosotros y por lo que fuimos. Si no, miren a Homero, pasó no sé cuántos siglos en el olvido y en la oscuridad, de la Grecia que conoció ya no queda ni el polvo, pero él ahí vivito y coleando dando noticia sobre su tiempo.

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