Domingo 21 DE Abril DE 2019
La Columna

Ya no escuchamos

MondoSonoro

— Jorge Sierra

“Menos del diez por ciento de los usuarios de Spotify escuchan un álbum completo por mes”, un dato estremecedor para la industria y para el mundo de la música, que dio a conocer el pasado lunes 7, el panelista Justin Barker, fundador de Slice Music y parte del staff de Universal Music Group (la segunda gran empresa de la industria en el mundo), durante el encuentro List for life: The growing role of playlist in the music industry, realizado en Londres.

Según, el experto: “Basado en un estudio que hizo Universal durante el año y medio pasado, descubrimos hábitos del mes de los usuarios gratuitos de Spotify, y encontramos que menos del diez por ciento escucha un álbum completo en ese lapso. Esto se incrementa con todos los sellos”.

Ante tal afirmación y tendencia las preguntas se multiplican. ¿El álbum está a punto de desaparecer? Es algo difícil de responder, si se considera que los artistas siguen produciendo álbumes que casi nadie escucha. Y no es fácil tampoco responder porque detrás aparecen más preguntas como: ¿Será acaso que los artistas están creando música realmente interesante? ¿Será que la cultura “líquida” (pasa rápido entre las manos) caló en nuestra relación con la música? ¿Será que cada vez escuchamos menos? ¿Será que Spotify y Deezer son culpables del fenómeno de escuchar solo singles? ¿O será que los melómanos sufrimos ya de déficit de atención?

Menos mal que existe la referencia de haber escuchados discos completos de contenido impagable y sin desperdicio. Sí, me refiero a esos discos como The dark side of the moon (Pink Floyd), Tubular Bells (Mike Oldfield) o Lizard (King Crimson), solo por mencionar unos, porque la pila en realidad es descomunal. La verdad uno escucha un álbum completo porque lo que escuchó gustó, hechizó. Y queremos más. Pero por lo visto, ahora no. Ahora parece que es un disfraz escuchar música porque con franqueza no se escucha. Es como tomar un solo trago de la copa. Tomó, pero no tomó.

Habrá que hacer algo para que el respetable escuche a fondo. Hasta el último surco, como diría un amante de los vinilos. Tal vez darle la lista de los 1,001 álbumes que debe escuchar antes de morir, o prometerle que más adelante escuchará algo más hermoso que lo que escucha. O tal vez en plan más apocalíptico, que ese será el último disco que escuche en su vida.

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