Sábado 20 DE Abril DE 2019
La Columna

El vacío

lucha libre

— Lucía Escobar

Voy caminando por las calles de Berlín leyendo la historia reciente de Alemania en cada paso. Yo al igual que otros periodistas de Colombia y Guatemala somos invitados de la Deustche Welle Akademie a un encuentro que nos pide reflexionar alrededor de una pregunta: ¿Cómo confrontar el pasado?

Durante los paseos veo que del suelo y de las banquetas surgen señales que van reconstruyendo el ayer. Cientos de plaquetas recuerdan los excesos de la II Guerra Mundial (aclaro que yo pienso que el concepto de guerra en sí es un exceso) y señalan el lugar donde vivieron muchas de las víctimas del nazismo. Un nombre y una fecha en el suelo conmemoran a un ser humano que ya no está y que fue arrancado violentamente de su entorno.

También trozos de muro trazan el ayer y señalan la división política impuesta a los alemanes hace medio siglo. La ciudad de Berlín, y Alemania en general, son un libro de historia abierta para quien lo quiera leer. No es necesario ir a una biblioteca o a un museo para encontrarse de frente con la memoria. En muchos edificios se pueden ver aún las marcas de las balas y de los bombardeos, agujeros que no olvidan la violencia.

Entre tantos sitios conmemorativos hay un concepto que me conmueve muchísimo. La guía lo llama void y no es más que el vacío. Son espacios que en lugar de ser llenados con un museo o una placa permanecen sin nada, remarcando así la ausencia que queda cuando personas o seres humanos que tenían una historia, una familia, un trabajo y una vida desaparecen sin dejar rastro. Este concepto también se aplica a cosas, edificios, lugares que fueron bombardeados o desaparecidos y que en lugar de ser vueltos a construir se quedaron así como recuerdo de lo que no se puede reponer. Y es que hay ciertas desapariciones o ausencias imposibles de llenar de nuevo.

En la plaza Bebelplatz, antes llamada Opernplatz, el 10 de mayo de 1933, el régimen de Hitler realizó una de las quemas de libros más famosas de la historia, muy cerca de la Universidad Humboldt. Esto provocó una reacción en cadena en 21 universidades alemanas. Jóvenes de todo el país, miembros de la Unión Estudiantil Nacionalsocialista arrojaron al fuego unos cuarenta mil libros considerados peligrosos.

Para recordar este triste y terrible hecho, el arquitecto Micha Ullmann realizó un memorial que a mí personalmente me tocó el alma. Bajo un suelo de cristal pueden verse libreras blancas completamente vacías que representan esos libros que ya no están. También se lee una frase del poeta Heinrich Heine que dice: “Eso sólo fue un preludio, ahí donde se queman libros se terminan quemando también seres humanos”.

Amo los libros porque para mí representan lo mejor de la naturaleza humana. En sus hojas se concentran las ideas y los pensamientos, la libertad y la individualidad. Tienen tanto poder en el corazón y la mente humana que pueden ser considerados peligrosos, capaces de cambiar el mundo. Los libros son la mejor y la menos dañina arma del mundo. Sin ellos mi mente se sentiría como una caja vacía.

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