Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
La Columna

The Hunger Games

AT-Field

— Juan D. Oquendo
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Katniss Everdeen sigue en el Distrito 13 recuperándose de las heridas que dejara en su cuello Peeta, luego de que fuera rescatado del Capitolio y quien aún sufre los efectos de la lavada de cerebro que le hicieran para matarla. Y las fuerzas rebeldes se alistan para la batalla contra el presidente Snow por el poder. La semana pasada se estrenó la segunda parte de Mockingjay, que pone fin a la tetralogía de The Hunger Games. A diferencia de su precuela, está cargada de toda la acción que faltó en la primera parte mientras se van atando los cabos sueltos en torno al personaje de Jennifer Lawrence.

Pero la acción de esta última cinta no se compara con la de las primeras dos. Hace falta ese toque de la competencia a muerte en una arena al estilo de los gladiadores que es sustituido por un Capitolio desolado repleto de minas que intentan recrear esos escenarios de trampas mortales en una guerra. El resultado es emocionante, pero carece de ese instinto de supervivencia de matar para poder vivir. Aunque sí se agradece la presencia de los mutts, una especie de zombies que persiguen a los héroes por las alcantarillas de la ciudad.

Lo que sí se agradece es que desde un principio se deja intuir el tema de la corrupción del poder que trabajó Suzanne Collins en sus novelas a través de Alma Coin, la presidenta de la rebelión a quien da vida Julianne Moore. Los intereses de Coin van creando un abismo insalvable entre ella y la heroína hasta llegar a la conclusión del filme con un giro que deja de ser inesperado. Todo el peso recae en los hombros de Lawrence, cuyo personaje es el centro gravitacional del filme y en el que personajes como Finnick, Johanna e incluso Haymitch y Effie se vuelven totalmente accesorios y dejan de tener un papel preponderante. En cuanto a la muerte de Seymour Hoffman, quien interpretaba a Plutarch Heavensbee, la cinta logra llenar los vacíos dejados por el camaleónico actor con soluciones simples pero eficaces.

A pesar de que la cinta tiene una paleta de colores y sentimientos oscuros, el guion desaprovecha un par de muertes de personajes centrales que debieron causar mucho más impacto en la protagonista y la escena final termina por borrar ese tono por uno empalagoso. The Hunger Games logró llenar el espacio para el público joven que venía de saga como las de Harry Potter y Twilight con temas más relacionados a la vida actual como el ejercicio del poder, la represión y el terror que en conjunto hacen una amena serie de cintas.

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