Lunes 10 DE Diciembre DE 2018
La Columna

El Gordo poco inspirado

MondoSonoro

— Jorge Sierra
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El pasado miércoles 4, El Gordo, Carlos Rafael Hernández se despidió por este año de los escenarios chapines en su concierto ofrecido en la serie Aves Raras, que desde medio año organiza el Centro Cultural de España. En el mismo, revisitó el material contenido en sus cuatro discos prácticamente en forma cronológica. Los compañeros de jornada fueron el tecladista Pablo León El Mae; el guitarrista Juan Pablo Perea; el bajista Alejandro Álvarez; y el batería Leonel Franco.

El Gordo, ha allanado el camino a otros cantautores chapines desde una decena de años. Por supuesto, es un compositor muy melódico que escribe con una paleta que abarca reggae, rock, latino, bossa, blues y pop, aunque sin dispersarse tanto ni afanarse por parecer ecléctico. Entre las canciones que interpretó ese día, se encuentran: Testigo, Hoy, Suficiente, Amuleto, Al fondo del mar, Aquí espantan, Quizá solo mañana, No pasa nada, Luna León, e incluyó también Nada por guardar, nunca tocada en vivo, entre otras.

Esta vez el cantautor se mostró distante. No fue aquel cantante inspirado y expresivo de otros conciertos. Cumplió, digámoslo así, su compromiso. La formación tampoco ayudó, primero con un tecladista que no tuvo claro su sonido. Por ratos parecía que tocaba un organillo Casio y por otros evocó el sonido ochentero Yamaha. En cuanto al colchón armónico y solos fueron de poca imaginación. Tal parece que la cumbia le ha afectado a este tecladista que dice tocar jazz.

Por su parte, Perea es hábil en ingeniería de sonido, pero al oficiar misa con guitarra sus sermones no son convincentes. No, al menos en los estilos del bossa nova, del reggae y del blues. Seguro que por sus oídos nunca han pasado Joao Gilberto ni tampoco Cat Coore ni Muddy Waters. En sus correrías por las cuerdas suele tropezarse y, otras veces, con su reverb propone sonidos disparatados. De hecho, su sonido con aires de rock tampoco termina por construirse.

En cuanto a la base, quizá fue lo más consistente que tuvo. Tanto Álvarez como Franco son músicos que suelen tocar con mayor rigor. De hecho, la presencia de ambos nos remitió al último gran concierto ofrecido por el cantautor en teatro, donde todo fue acústico y donde tuvo mayor cuidado. Quizá porque se iba a filmar. Ojalá que en Sur América le soplen vientos favorables.

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