Domingo 22 DE Julio DE 2018
La Columna

Sed de amor

Viaje al centro de los libros.

— Méndez Vides
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El escritor japonés Yukio Mishima (1925-1970) escribió a los 25 años su segunda novela, Sed de amor, experimento narrativo donde ya se capta la atmósfera desequilibrada y radical que imperará en toda su obra. El argumento no es lo relevante, sino la exploración interior de una mujer que se siente siempre por encima de los demás. Etsuko, la protagonista, proviene de una familia poderosa venida a menos después de la guerra, que se casó con un personaje cruel e infiel, a quien cuidó en su lecho de muerte como perro leal, en el hospital, mientras gozaba observando su descomposición, limpiándolo y deseándole la muerte más sufrida posible. No permitió la visita de sus amantes, salvo en una ocasión, para perturbar al marido enfermo ante la mujer turbada. Aparentemente abnegada, Etsuko permanece al lado del moribundo hasta que deja de respirar, lo que comprueba con un espejo que no se empaña.

La joven viuda se traslada a vivir a la granja del suegro, un altivo exfuncionario del Gobierno, quien concentró todo su capital resultante del esfuerzo de vida en la compra de una granja en la provincia, y que aún no logra aceptar que luego se regaló tierra a quienes no se lo habían ganado, demeritando el honor de su servicio. De funcionario pasó a agricultor, trabajador disciplinado de manos rústicas, quien al tener en casa a la viuda de su hijo fallecido no tarda en engolosinarse con su belleza y la posee sin culpa. Ella lo acepta mientras se encapricha con un criado ingenuo.

El argumento, de apariencia baladí, no es sino una excusa para permitir que afloren los sentimientos morbosos, el odio, el deseo, el orgullo. En Etsuko se expresa Yukio Mishima con la rabia propia de la juventud, en un acto sagrado de conciencia. La guerra amenaza con destruir el pasado japonés después de la derrota. Los valores que el autor resalta.

El suicidio de Mishima ante las cámaras de televisión, cuando era muy popular, explica el espíritu perturbado del joven que al iniciar su carrera escribió una novela tan compleja, que demanda lectura pausada, disfrutando cada línea y subrayando los pensamientos, como aquel que dice: “Cuando nos traicionan las cosas por las cuales sentimos un gran deseo, las heridas no son tan profundas como cuando la traición procede de las cosas que intentamos despreciar”.