Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
La Columna

De la Independencia

Ayer

— María Elena Schlesinger
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El imaginario de los sucesos y actores de nuestra Independencia se lo debemos en muy buena medida a los cromos creados por la Editorial Piedra Santa, los cuales recreaban a colores, en formatos grandes de papel bond, escenas del día de nuestra Independencia patria. Allí aparecían los próceres, 12 apóstoles de la patria de apariencia distinguida y de tez muy blanca, vestidos con levita y corbata y algún cura con semblanza seria de monseñor, sentados frente a una mesa de patas torneadas –remembranza de la última cena de Da Vinci– y sobre aquella mesa de madera lustrosa color nogal, un pergamino de puntas enrolladas y un tintero con una enorme pluma negra, la que todos imaginábamos, pluma de sope. Esta escena, decía la maestra de tercero primaria, representa el momento antes de firmarse el Acta de la Independencia con España, y todos escuchábamos desde nuestros escritorios destartalados por el uso y la llegada del fin del año, los cuetes que ordenaba quemar doña Dolores Bedoya y la marimba que decía la maestra anunciaba la fiesta de la Independencia.

En aquel cromo, recuerdo muy bien, aparte de un crucifijo que había en una pared y unos cortinajes rojos como de iglesia para dignificar la escena, aparecían dos ventanas con balcones de hierro forjado, desde donde, contaban la maestra, repitiendo como loro la historia oficial, que el pueblo apoyaba con las notas alegres de nuestra marimba y con cuetes a nuestros insignes padres de la patria.

Lo que nadie nos contó en aquellos dorados días en que nos afanábamos por sacar el título de primaria urbana, porque sino no hubiera habido chiste en las celebraciones patrias, fue que realmente no hubo tal cosa como Independencia, sino más bien una sucesión de poderes entre la corona española y los criollos locales, por causas económica y que las cosas no cambiaron mucho para las grandes mayorías. Y si no que lo diga Gabino Gainza, último capitán general designado por España y a la vez primer presidente de Guatemala y sus provincias, personaje que siempre nos pareció chistoso y memorable, no solo por el apellido de gallináceo, sino por esa suspicacia de haber sido el mismísimo 15 de septiembre de 1821 el “último”, pero también, el ”primero”

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