Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

“Cartas escogidas” (2)

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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Las Cartas escogidas de William Faulkner reúnen en 600 páginas de gran formato, la intimidad que el escritor negó en vida a sus lectores. La obra es lo importante, pensaba, y no autorizaba fotos en la portada en Life, Times o revistas que le ofrecían pagarle por una entrevista donde compartiera detalles de su vida personal. No quería que se entrometieran en su vida. Pero en su correspondencias quedó plasmada la bitácora de su vida llena de gozo y tormento.

 

Faulkner pasó a ser irrelevante luego de un lustro de escritura febril, y de un par de años en moda como promesa. El público quería historias fáciles, sin complicaciones, y no querían saber del Sur, de problemas étnicos, ni del Mississippi. El interés por autores como James Joyce dejó de ser tan atractivo, y el escritor norteamericano se refugió en su ciudad natal, en su propio terreno, rodeado de animales, algodón, dedicando sus días a la escritura y la caza. Casi 15 años pasó sobreviviendo con la venta de cuentos a revistas, siempre endeudado. Era un genio alejado del mundo literario, pero las traducciones llegaron a Latinoamérica y Europa, alrededor del globo hasta retornar con furor a su patria, donde sus libros ya no existían. El autor escribía y luchaba para no morir ahogado, defendiendo con ahinco su casa de los impuestos y de los agentes intermediarios.

 

La venta de derechos de una novela al cine por una cantidad substancial le permitió respirar. Tras dos décadas en el infierno, los lectores comprendieron que Faulkner no era un autor costumbrista, sino que sus historias singulares planteaban el drama de la dimensión humana con gran profundidad.

 

Le conceden el Premio Nobel en 1950, y sufre para acudir a Estocolmo, así como rechaza los doctorados honoris causa que universidades como Tulane o Purdue le ofrecen, porque considera que su lugar es el de la ficción y no el académico, que implica mucho esfuerzo para quienes se empeñan. Pero poco a poco acepta salir de su refugio para viajar como celebridad por el mundo. Los turistas deambulan alrededor de su casa. Se mueve por temporadas a la Universidad de Virginia y a Nueva York. Ya no escribió mucho, y lo más relevante fueron sus primeras novelas, pero la última década pudo constatar que había impactado al mundo. Un escritor fascinante, en cuyas cartas dejó la huella de su leyenda.

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