Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Sara

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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La educación laica contemporánea privó a las nuevas generaciones del gusto literario presente en los relatos de la Biblia. ¿A quién no le emociona escuchar la historia de una ballena que se tragó a un hombre y luego de tres días lo vomitó? O la emoción que dispensa entender que David le ganó la guerra con una honda al gigante Goliath. Las historias del Viejo Testamento son Literatura, que se suma a la fascinación de Las mil y una noches, el Ramayana, o el Popol Vuh. En la actualidad ya no se lee la Biblia con tanta libertad, sino más puntillosamente como fuente de religiosidad y moral, lo que motiva la actual discusión en el Congreso sobre si debe o no ser obligatoria su lectura. Nada obligado es bueno, pero qué sabroso es sumergirse en las historias de la tradición enraizada en los orígenes de la civilización. Los escritores contemporáneos más importantes han caído bajo su influjo, escribiendo y fabulando alrededor de los personajes bíblicos.

 

Pienso en Caín de Saramago, una novela deliciosa donde arremete con furia contra la predestinación, discutiendo sobre la voluntad y la culpa. Ya antes el autor portugués se había hecho famoso en Roma con su El Evangelio según Jesucristo, que mientras más se prohibía más se vendía. En Guatemala también está el último libro de cuentos de Mario Monteforte Toledo, titulado Cuentos de la Biblia. A estos se sumó el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, quien haciendo alarde de la maestría de narrador cuenta a su manera la historia de la maternidad de Sara, predestinada para darle una larga descendencia a Abraham siendo infértil.

 

La Sara de Ramírez es una novela entretenida, un ejemplo de dominio narrativo, como el futbolista que da una lección de técnicas sin dejar caer el balón. Con autoridad nos traslada al desierto de Canaán, cerca de Sodoma y Gomorra, y elabora sobre acontecimientos bíblicos intercalando fragmentos de tangos o versos de Rubén Darío, armonizando el relato como quien cuenta en una noche de tertulia una historia escuchada antes, pero matizada por la imaginación prodigiosa, tal y como se derivaban en el pasado las historias más interesantes, alrededor de las familias reunidas con vecinos ante el fuego de leña, en tiempo frío, o afuera, en los corredores y las hamacas durante el verano en Managuardiente. Un ejercicio narrativo centroamericano de otro nivel.

 

mendezvides@itelgua.com

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