Lunes 24 DE Junio DE 2019
La Columna

Cambios

Lado b

Fecha de publicación: 07-07-15
Por: Luis Aceituno

¿Será que Guatemala está cambiando?, me pregunto, mientras leo una serie de mensajes, repletos de optimismo y ardor patrio, que me asaltan desde el Facebook, desde los carteles proselitistas o desde las páginas de los periódicos. La palabra cambio, por supuesto, está en el aire, como el amor en las canciones cursis de los años 70. Y sí, había tanto amor flotando por todas partes que, por alguna razón, todos terminamos odiándonos, durmiendo en la misma cama con el enemigo, como Julia Roberts y Patrick Bergin en aquel filme emblemático de los 90.

 

Y, bueno, lo mismo, hay tanta avidez de cambio en boca de tantos, que también podemos correr el peligro de terminar estancados, paralizados por ese miedo, tan nuestro, de que un día las cosas ya no sean como antes. Como en los tiempos de Ubico. Qué fue si no el gobierno del Partido Patriota, sino esa nostalgia malsana por los autoritarismos y las dictaduras, que nos llevó a pensar que una pandilla de cuatreros podía guiarnos hacia el cambio, hacia el futuro.

 

Últimamente me ha dado por observar a los políticos (candidatos a todo) por la tele nacional, con la misma curiosidad con que miro documentales sobre tribus primitivas por el canal de la National Geographic. El pensamiento agotado y caduco en su máxima expresión. Sin embargo, la transformación del país pasa por ellos, dicen. Todos poseen la fórmula mágica para que todo cambie y, a la vez, toda siga igual.

 

Cambian de camisa, de peinado, de financista, de carro, de patrón y algunos, apremiados por las circunstancias, se han visto obligados a cambiar de sastre y de boutique. Todo sea por un país diferente, siempre el mismo, siempre igual.

 

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