Domingo 21 DE Julio DE 2019
Investigación

El sindicato del narco

Max Alberto Estrada Linares, exsecretario de Conflictos del Sindicato de Trabajadores de la Empresa Portuaria Quetzal, fue condenado en octubre a 282 meses de cárcel en EE. UU. por liderar una organización que movió 3.7 toneladas de cocaína para el Cartel de Sinaloa.

Fecha de publicación: 28-01-19
Max Estrada cumplirá su condena en la cárcel de máxima seguridad USP Canaan en Pensilvania, donde permancen otros capos famosos como Benjamín Arellano Félix, líder del cartel de Tijuana, o el hondureño Juan Ramón Mata Ballesteros.
Por: Investigación investigacion@elperiodico.com.gt

La carrera criminal de Max Alberto Estrada Linares llegó a su fin el 31 de octubre pasado.

El juez Henry E. Hudson, de la Corte del Distrito Este de Virginia, lo condenó a 282 meses de prisión (23 años y medio) por haber liderado –desde la Empresa Portuaria Quetzal (EPQ)– una organización centroamericana que traficó más de tres toneladas y media de cocaína. Pudo ser peor, sus crímenes cumplían los requisitos para una cadena perpetua.

Junto con Estrada Linares fueron condenados sus cómplices guatemaltecos Paulo César Montenegro Arévalo y Brayan Alexander Gramajo Jolomna, ambos a 210 meses de prisión; y el mexicano Edgar Antonio Quiñónez Salazar a 300 meses de cárcel.

SINDICALISTAS Y NARCOS

Estrada Linares ingresó a la Empresa Portuaria Quetzal (EPQ) en 2003. En aquel entonces tenía 22 años, su primer puesto fue en el área de carga. Dos años después, en 2005 fue nombrado Secretario de Trabajo y Conflictos del poderoso Sindicato de Trabajadores de la EPQ.

La Portuaria Quetzal es uno de los principales puertos de Centroamérica, por su posición es un punto estratégico para los carteles de la droga que lo utilizan como puerta de entrada para sus cargamentos de Colombia hacia México y Estados Unidos.

Los informes de la agencia antidrogas de los EE. UU. (DEA, por sus siglas en inglés) sitúan el inicio de Estrada en el mundo de la droga en 2012.

Vida de capo: A Max Estrada le gustaba pescar y viajar. Estuvo en Panamá y en Roatán negociando un cargamento de cocaína.

Ese mismo año, un compañero cercano llamado Yuni Fernando Enríquez Monzón, dirigente del sindicato y jefe de Seguridad de Puerto Quetzal, fue capturado por ser parte de una red de narcotráfico dirigida por el mexicano Ramón Antonio Yáñez Ochoa. Pudo ser Enríquez la pieza que indujo a Estrada Linares a entrar al narcotráfico, nadie lo sabe.

Pero ¿Cómo fue que este esposo y padre de cuatro hijas, líder sindical y trabajador a tiempo completo del puerto estatal, tenía el tiempo para desempeñarse en el mundo del narcotráfico? La interrogante se resuelve por su función sindical como secretario de Conflictos gozaba de permisos para ausentarse de sus labores sin dar explicaciones.

OPERACIONES SIN SECRETOS

Estas actividades ilegales no eran desconocidas para los compañeros del sindicato: Eulogio Obispo Monzón Mérida, secretario de Finanzas del STEPQ, ayudó a Enríquez a lavar el dinero que recibió del narcotráfico mediante la simulación de pequeños préstamos a otros empleados de la Portuaria. En apenas seis meses, entre 2011 y 2012, Enríquez –un carnicero que entró a laborar a la Portuaria como jalador de barcos– recibió Q230 mil en sus cuentas bancarias que no supo documentar y la Intendencia de Verificación Especial (IVE) lo denunció ante el Ministerio Público.

El 14 de diciembre de 2017, un tribunal condenó a Enríquez y Monzón por el delito de lavado de dinero sentenciándolos a seis años de prisión.

ASCENSO EN LA ORGANIZACIÓN

Estrada Linares era conocido dentro de la organización con los alias de Juan de Arco, Licenciada Bicford Castillo, Bicford, Ernesto Che, Guevara, Guevao Juan Ernesto, en alusión al guerrillero argentino-cubano a quien admiraba el joven líder sindical.

Estrada y Quiñónez, a quien apodaban Silverio, eran los encargados de negociar la compra de la cocaína a proveedores en Colombia, transportarla hasta la frontera mexicana donde el jefe mexicano se encargaba de vender la droga a carteles como el de su natal Sinaloa.

Entre junio de 2015 y junio de 2016, Estrada y Quiñónez negociaron la compra y el transporte de 3 mil 739 kilos de cocaína para su posterior distribución en EE. UU.

EL OÍDO DE LA DEA

Estrada comenzó a ser investigado por la DEA a inicios del 2015, cuando se enteraron de la existencia de una organización de narcotraficantes centroamericanos que estaban exportando cantidades considerables de cocaína hacia México y los Estados Unidos.

La DEA empezó a recibir información de las autoridades guatemaltecas y empezaron a interceptar las comunicaciones telefónicas entre los miembros de la organización en las cuales Estrada se comunicaba constantemente con Quiñónez para discutir los lugares dónde recolectar la cocaína, las marcas que traía y los métodos para transportarla.

Estrada llegó a dirigir la negociación con los proveedores de cocaína en Colombia, reunirse con ellos para negociar la cantidad que sería comprada y transportada desde Colombia.

En febrero de 2016, las autoridades interceptaron una comunicación donde Estrada se ponía de acuerdo con Quiñónez para transportar 500 kilos de cocaína hacia México y ordenó que la recogieran en las costas del sureste de Guatemala.

Siguiendo las instrucciones de Estrada, Montenegro y Gramajo transportaron con éxito los 500 kilos de cocaína escondidos en un picop hasta la frontera entre México y Guatemala.

EMPIEZAN LOS DECOMISOS

El 8 de marzo de 2016, un barco de la Guardia Costera estadounidense observó una lancha rápida a aproximadamente 60 millas náuticas de la costa de Matapalo, Costa Rica.

El buque patrulla empezó su persecución dando como resultado la captura de la lancha con sus tres tripulantes, dos ecuatorianos y un colombiano, así como 530 kilos de cocaína.

Las autoridades interceptaron una comunicación telefónica entre Estrada y Quiñónez donde discutían sobre dicha incautación y la cantidad de dinero que habían perdido.

En mayo de 2016, Estrada y Quiñónez acordaron por teléfono que transportarían 500 kilos de cocaína que recibirían de su proveedor colombiano para un cliente mexicano.

 

Al estilo del Chapo Guzmán: Max Estrada financió y supervisó la construcción de un semisumergible capaz de transportar hasta 5 toneladas de cocaína pero este fue incautado antes de entrar en operación.

El 19 de mayo de 2016, un buque patrulla de la Guardia Costera de los Estados Unidos observó a una lancha rápida en el océano Pacífico, aproximadamente a unas 50 millas de la costa guatemalteca. El barco rápido se dirigía hacia un área cercana a Puerto Quetzal.

Al detectar la presencia de la Guardia Costera los tripulantes del barco lanzaron los paquetes por la borda y escaparon. Al recuperarlos, las marinos estadounidenses descubrieron que contenían cocaína. Entre el 21 y el 24 de mayo, la fuerza naval guatemalteca recuperó 233 kilos de cocaína a lo largo de la costa frente a Puerto Quetzal.

Días después, las autoridades interceptaron una llamada telefónica en la cual Estrada discutía con sus socios cómo hacer para recuperar al menos una parte de los 500 kilos de cocaína lanzados al mar. Estrada organizó un equipo de búsqueda para hacer la tarea.

Como varios de sus colaboradores tenían miedo, Estrada los amenazó con hacer uso de la violencia. La intimidación surtió efecto, Estrada logró recuperar poco menos de 200 kilos.

EL SEMISUMERGIBLE QUE NUNCA NAVEGÓ

En una comunicación interceptada, Estrada y Quiñónez se pusieron de acuerdo para construir una embarcación semisumergible autopropulsada para transportar la cocaína.

Entre de febrero y mayo de 2016, Estrada coordino y financió su construcción.

Sin embargo, el 23 de septiembre de 2016, la Policía guatemalteca allanó el taller donde se construía el semisumergible que aún no estaba completamente terminado pero que tendría una capacidad para transportar hasta cinco toneladas de cocaína.

LA CAPTURA DE LA RED

Con todas las pruebas recabadas, el 17 de mayo de 2016, la Fiscalía de los Estados Unidos acusó a Max Alberto Linares Estrada, Paulo César Montenegro Arévalo, Brayan Alexander Gramajo Jolomna, así como a los colombianos Elkin Pérez Amézquita y Marco Andreo Lombana Moreno, así como al mexicano Edgar Antonio Quiñónez Salazar de haber conspirado para enviar más de mil kilos de cocaína a Estados Unidos.

El 21 de junio de 2016 la Corte del Distrito Este de Virginia emitió las órdenes de arresto.

El primero en ser detenido fue el jefe mexicano, Edgar Quiñónez, quien fue capturado en Medellín, Colombia, el 30 de agosto de 2016, derivado de una alerta roja emitida por la Interpol. Originario de Sinaloa, Quiñónez fue extraditado a EE. UU. el 5 de abril de 2017.

Estrada Linares fue capturado el 24 de septiembre de 2016 durante un operativo realizado en la Calzada Roosevelt. Agentes del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Policía Nacional Civil le hicieron el alto a un picop blindado en el que se transportaba Estrada, quien al percatarse del operativo intentó escapar y embistió a uno de los policías con su vehículo.

Los agentes desenfundaron sus armas y dispararon contra las llantas del vehículo, logrando detener a Estrada, a quien le decomisaron un arma 9 milímetros que portaba.

El 31 de octubre fue capturado Paulo Montenegro en un sector de la zona 10; y el 5 de diciembre fue capturado Brayan Gramajo, en una residencia en Colonia Lourdes, zona 16.

Marco Andreo Lombana Moreno, el colombiano que conseguía la cocaína para Estrada, fue asesinado el 22 de marzo de 2018 en San José, Costa Rica, donde residía. Se desconoce la suerte del colombiano Elkin Pérez Amézquita que no ha sido condenado aún.

JUICIO EXPRESS

El 6 de diciembre de 2017, Estrada fue subido a un avión privado alquilado por la DEA rumbo a Virginia, para enfrentar a la justicia estadounidense.

El 22 de febrero de 2018, Estrada aceptó declararse culpable de narcotráfico a fin de evitar una cadena perpetua. El acuerdo de culpabilidad fue firmado el 2 de junio.

El resto de miembros de la organización tomó la misma decisión.

Estrada y Quiñónez, quien era el enlace con el cartel de Sinaloa, aceptaron que habían liderado una organización de narcotráfico con operaciones en Costa Rica, Guatemala y México, que en un periodo de apenas un año movió 3 mil 739 kilos de cocaína.

A pesar de que Estrada Linares ya fue extraditado y condenado en Estados Unidos donde pasará los próximos 23 años de su vida en una prisión federal de alta seguridad en Pensilvania, los registros de la Empresa Portuaria Quetzal (EPQ) dan cuenta de que aún continúa laborando para la compañía estatal y que se encuentra con licencia ya que por ser dirigente sindical goza de inmovilidad laboral durante todo el tiempo que dure su mandato y hasta 12 meses después de haber cesado en el cargo. Una situación en la que se encuentran otros dirigentes sindicales como Eulogio Monzón, secretario de Finanzas condenado por lavado de dinero en 2017, y Lázaro Noé Reyes Matta, quien permanece en prisión acusado de enriquecimiento ilícito por hacer aceptado sobornos a cambio de no oponerse a la concesión de un usufructo de terreno a la nueva terminal portuaria de TCQ.