Domingo 12 DE Julio DE 2020
Inversión

Empresas de Éxito Luisa Patán, fundadora y CEO de Chi Luisa, “Cada bolsa lleva el nombre de alguien que fue un pilar dentro de la empresa”

El proyecto se inició con cinco mujeres ancianas que enseñaron a otras diez cómo tejer.

Fecha de publicación: 27-05-20
Por: Isela Espinoza / elPeriódico

Dignificar el trabajo que hacían sus tías tejedoras, de 68 y 69 años, fue lo que motivó a Luisa Patán para iniciar con una Escuela de tejido en telar de cintura en Santa María de Jesús, Sacatepéquez. A finales de 2017, vio una oportunidad para fundar la empresa Chi Luisa, que fusiona el diseño contemporáneo y el textil tradicional de Guatemala con el cuero para elaborar bolsas y accesorios. En kaqchikel el nombre significa “De Luisa” y el logo que identifica su marca es una gallina con dos huevos en el vientre, un símbolo plasmado en el Tzute (reboso) de su abuela paterna, que ha identificado durante cien años a la familia.

El proyecto inició con cinco mujeres ancianas que enseñaron a otras diez cómo tejer. Actualmente, cuenta con una segunda escuela ubicada en San Pedro Soloma. Además, ha sumado 32 tejedoras de Guatemala, San Pedro Sacatepéquez, San Juan Sacatepéquez, Quetzaltenango, Quiché y Santa María de Jesús, Sacatepéquez. Reconoce que el trabajo que ellas hacen no es fácil, pero se considera “un vehículo para llevar el arte que ellas tienen en sus manos” a clientes locales y extranjeros.

¿Cómo ha sido el proceso para introducir Chi Luisa en el mercado?

– A finales de 2017, cuando aún estaba en la universidad mi papá me ayudó a registrar la empresa y la marca. Vimos cómo pasar el símbolo de la familia de un tejido a digital. La mayoría de mis tejedoras son ancianas, es un arte que tienen en sus manos, pero no es comparado con el de una joven que es más ajustado. Sin embargo, lo compenso con cuero italiano, herrajes bañados en oro de 24 kilates que son personalizados para cada diseño. Mi idea es darle trabajo a ancianas o personas que no tengan otra fuente de ingresos.

¿Cuál fue la oportunidad de negocio que aprovecharon?

– Estudié licenciatura en Mercadotecnia e hice una tesis en relación a esto. Estudiamos varios mercados tanto extranjeros como nacional y nos dimos cuenta que hay mucho mercado nacional, pero es muy exigente. Quiere algo cinco estrellas con un precio accesible y en el extranjero compran una bolsa bonita, pero quieren saber qué historia hay detrás del producto. Nos enfocamos en beneficiar a ambos mercados.

¿Cómo ha aceptado el cliente los productos?

– Fue muy exitoso tanto en el nacional como en el extranjero porque todo empezó a raíz de la escuelita de tejedores. Recuerdo que como a los dos meses lancé el primer producto, mi idea siempre fue dignificar y poner ese textil en algo que uno dijera: sí lo compro. La experiencia de los alumnos con los cursos gratuitos en la escuelita han retribuido en las ventas.

La primera colección fue nombrada Santa María de Jesús. ¿Qué deseaba expresar?

– Quería dignificar a las primeras tejedoras que se unieron a nuestro equipo, todas originarias de Santa María de Jesús Sacatepéquez. Cada bolsa lleva el nombre de alguien que fue un pilar dentro de la empresa como Refugio, Paula, Eustaquia o el bolso Isidro. Sacamos una colección anual cada noviembre. La segunda fue Dualidad, que se exhibió en el Fashion Mercedes Benz..

¿Cómo han sumado nuevos clientes?

– Hemos ido sumando porque hay personas que nos recomiendan con sus amistades. La escuelita de tejedores es la que ha estado moviendo la marca, ya que muchos se interesan en los cursos gratuitos y luego adquieren los productos. También hemos tenido presencia en ferias, que han sido clave en todo este proceso. Hacemos envíos a países de Europa como Alemania y próximamente empezaremos en Estados Unidos.

¿Cuál es el proceso de elaboración de los productos? 

– Cada domingo nos reunimos con una de las tejedoras para planificar lo que haremos, ver los colores e hilos. Limitamos los diseños para que no hayan repetidos entre los clientes. Además, nos  basamos en la temporada para ver cueros. Todo lo hago con las tejedoras, porque es el arte de ellas el que va en el accesorio.

Ante la pandemia el taller de bolsos se ha transformado, por el momento, en uno de mascarillas. ¿Cómo sucedió?

– Íbamos a celebrar el Día de la Mujer con las tejedoras, pero queríamos protegerlas con mascarillas. Ante la escasez, mi papá consiguió polipropileno, material especial para elaborarlas. Luego con mi familia las confeccionamos y donamos a nuestras tejedoras y sus familias. Pero mis clientes empezaron a preguntar si vendía porque las necesitaban para sus trabajadores.

¿La iniciativa generó empleos?

– Acoplamos el taller para elaborarlas y con el dinero de las primeras mascarillas que vendimos contratamos a 10 personas de escasos recursos de Santa María para que nos ayudaran a elaborarlas. Nadie sabía manejar una máquina de coser y nosotros tampoco lo pedíamos. Compré cuatro máquinas para su elaboración y hemos logramos hacer hasta el momento unas 75 mil. En bodega tenemos 35 mil.

¿Qué lecciones le ha dejado la pandemia para aplicarlas en su empresa?

– En primer lugar el ahorro, porque si pasa algo se tiene que invertir mucho. Segundo, si es necesario se vende otro producto que tu empresa no elabora para sostener los empleos que has generado previo a la crisis. En mi caso no sabía cómo hacer una mascarilla, pero aprendimos e invertimos.

¿La pandemia dejó proyectos en pausa?

– Muchos, teníamos personas a quienes prestábamos servicio de marroquinería, ahora el taller está cerrado. La colección especial del Día de la Madre no pudimos lanzarla porque además el cuero viene de Italia, un país donde la pandemia también golpeó fuerte. Todo eso limita mucho y deja proyectos en pausa. Tengo fe en que vamos a poder retomarlos, pero no ahora.

Cuando todo esto pase, ¿qué planes tienen para seguir expandiendo la marca?

– Con la maquinaria que adquirí para elaborar las mascarillas pienso hacer ropa. Nunca lo había pensado, pero nos ayudará a diferenciarnos más en cuanto a productos.

 

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