Lunes 1 DE Junio DE 2020
Inversión

360° a vuelo de pájaro

Jose Rubén Zamora

Fecha de publicación: 03-05-20

Mientras el presidente Trump proyecta el rápido retorno a la normalidad, las medidas sanitarias para entrar a la Casa Blanca van en aumento: el propio presidente Trump, el vicepresidente Pence y sus asesores y consejeros son examinados varias veces al día y todos los que entran por alguna razón al campus de la Casa Blanca, deben someterse a rigurosos “tests”.

La Casa Blanca bloqueó el testimonio del doctor Fauci en el Congreso, mismo que fue programado para la semana entrante. La administración dijo que sería “contraproducente” para Fauci presentar su testimonio mientras está a cargo de las respuestas estratégicas del Gobierno para combatir la pandemia.

Estados Unidos quiere que México mantenga las fábricas que proveen insumos para Defensa y Salud abiertas; pero los trabajadores mexicanos se están contagiando con celeridad. El cierre de las fábricas ha sacudido a los contratistas del Gobierno norteamericano, pues para cumplir con sus compromisos al lado norte de la frontera, son esenciales los suministros de México, donde el caso no tiene mayor prioridad.

 El presidente Trump amenaza con aumentar las tarifas a las importaciones de China, mientras los chinos dicen que Trump está tratando de desviar la atención de sus fallas catastróficas para proteger a sus ciudadanos de la pandemia, que ya tuvieron un costo de 64 mil muertos.

Los negocios que realizan importaciones de China han apelado a Trump por semanas, para que suspenda las tarifas, que más bien representan un impuesto a los consumidores, sobre todo de clase media de EE. UU. Pero Trump no solo no quiere escuchar, sino que, peor aún, está contemplando poner en peligro el frágil acuerdo que logró con los chinos para balancear el déficit comercial entre los dos países, que representó billones dólares de compras adicionales de la China de bienes agrícolas estadounidenses.

En 1930, Thomas Lamont, socio de J.P. Morgan, suplicó al presidente Hoover, que vetara incrementos sustanciales de tarifas para las importaciones, argumentando que solo intensificarían los nacionalismos alrededor del mundo. Hoy, los nacionalismos van en aumento como consecuencia directa de la pandemia. Francia y Alemania han impuesto prohibiciones a exportaciones de equipos médicos de emergencia y medicinas. Vietnam puso un alto a las exportaciones de arroz y Rusia y Ucrania, están en camino a prohibir las exportaciones de trigo.

En todas las naciones* existen presiones para proteger la industria y el empleo local. Nouriel Roubini, profesor de economía de la Universidad de Nueva York, listó diez tendencias que según él, llevarán a una depresión en forma de “L”: una perfecta tormenta que arrastrará la economía global a una inevitable década perdida y “balcanizada”: 

La primera tendencia son los déficits generalizados y sus riesgos corolarios: deudas e incumplimientos de pagos. La principal respuesta al COVID-19, fue el incremento masivo de déficits fiscales, en un orden de alrededor de diez por ciento del PIB o incluso más, al mismo tiempo que los niveles de deuda pública, en muchos países son muy altos e insostenibles. 

Aún peor, la pérdida de ingresos de las firmas, compañías y tenedores de bienes raíces, significan que los niveles de deudas del sector privado llegarán a ser insostenibles y potencialmente conducirán a incumplimiento de pagos y bancarrotas.

La segunda tendencia es la bomba demográfica en las economías avanzadas. La crisis del COVID-19, mostró que más gasto público debe alojarse en los sistemas de salud y que el cuidado de la salud y otros bienes públicos son una necesidad y no un lujo. Las inversiones en estos campos claves serán de gran escala, pues las poblaciones de los países desarrollados, en general, en su mayoría son de adultos y gentes de la tercera edad.

La tercer tendencia clave es el creciente riesgo de una deflación mundial. En adición a una profunda recesión, la crisis está también causando una disminución masiva de demanda de bienes -enorme capacidad ociosa, máquinas paralizadas sin utilizar y desempleo sin precedentes- acompañados de un colapso de precios en “commodities” como el petróleo y los metales, aumentando los riesgos de una insolvencia generalizada.

La cuarta premisa será una “degradación” monetaria. Los Bancos Centrales tratarán de combatir la depresión, la deflación de precios y los déficits fiscales sin precedentes, con políticas monetarias no convencionales, en un contexto acelerado de desglobalización y renovado proteccionismo, que harán inevitable una “estanflación” como la que ha experimentado Japón por décadas.

La quinta tendencia es la amplia perturbación en la economía de los avances digitales. Con millones de personas perdiendo sus trabajos o trabajando y ganando menos, las brechas de los ingresos y la salud serán aún mayores. Para proteger las cadenas de suministros de “shocks” inesperados, las firmas y compañías multinacionales, retornarán sus operaciones de manufactura de las regiones de bajo costo de mano de obra, a sus mercados domésticos con obvios costos más elevados. Sin embargo, lejos de abrir oportunidades de empleo en casa, esta tendencia va a acelerar la automatización, poniendo presión en los salarios e inflamando el populismo, el nacionalismo y la xenofobia.

La sexta tendencia y quizá las más importante será la desglobalización. La pandemia ha alimentado la “balcanización” y fragmentación, en la que de hecho, ya vamos en camino con gran inercia. EE. UU. y China se van a desacoplar muy rápido, y la mayoría de países, van a adoptar políticas proteccionistas, para blindar a sus propias firmas, compañías e industrias y a sus trabajadores del sector formal, de la perturbaciones económicas internacionales. El mundo pospandémico estará caracterizado por estrechas restricciones para el movimiento de bienes, servicios, capitales, personas, trabajadores, migrantes, tecnología, datos e información. Esto está teniendo lugar en la industria farmacéutica, en los equipos médicos, y sectores alimenticios, pues los gobiernos están implantando restricciones y otras medidas proteccionistas, en respuesta a la crisis.

Las reacciones violentas y repentinas en contra de la democracia reforzará esta tendencia. Líderes populistas a menudo se benefician de la debilidad de las economías, el desempleo masivo, la inseguridad y el aumento de la desigualdad. Hasta las clases medias acomodadas, serán más susceptibles a la retórica populista, sobre todo a las propuestas de restricciones a la migración y al comercio.

La octava tendencia se refiere a un factor que se precipitará, debido a todos los esfuerzos que seguirá haciendo la administración Trump para culpar a China por la pandemia. Esto terminará por desacoplar a China y Estados Unidos en comercio, tecnología, inversiones, datos, etc.

El mundo experimentará una nueva versión de guerra fría entre EE. UU. y sus rivales: China, Rusia, Irán, y Corea del Norte. Como la tecnología  es un arma clave en la lucha por controlar las industrias del futuro y las pandemias que se registrarán en el futuro, el sector privado tecnológico, progresivamente, se integrará dentro del complejo nacional, militar e industrial de Estados Unidos.

El riesgo final que no puede soslayarse, es un disturbio ambiental, que como el COVID-19, ha dejado en claro, puede infligir más daño económico y estragos que una crisis financiera. Cambio climático, desastres provocados por el hombre, el mantenimiento de pobres estándares de salud, abusos de sistemas naturales y el crecimiento de la interconectividad de un mundo globalizado. Pandemias, y muchos síntomas mórbidos del cambio climático serán más frecuentes, severos y costosos en los años por venir.  

Estos diez riesgos, ahora amenazan con alimentar con combustible sofisticado una tormenta perfecta que podría “barrer” la economía global por entero. En 2030, la tecnología, liderazgos políticos más competentes, podrían estar en capacidad de reducir, resolver o minimizar muchos de estos problemas, dando lugar a un orden internacional más inclusivo, cooperativo y estable. Pero todo final feliz, parte de la premisa que encontramos una estrategia, un camino para sobrevivir la Gran Depresión que viene.

*Nouriel Roubini es profesor de economía de la Universidad de Nueva York, en la Escuela de Negocios Stern. Ha trabajado en el Fondo Monetario Internacional, en la Reserva Federal (FED), en el Banco Mundial y fue quizá el único que anticipó y pronosticó la recesión de 2008. Es columnista frecuente de elPeriódico.

(Leído para usted estimado lector en New York Times, Economist, Washington Post, New York Post, Bloomberg y Newsweek).