Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Inversión

Los medios hacen grandes escándalos con mentiras menores, pero restan importancia a mentiras rotundas

DEBATING POLITICS, ECONOMICS AND OTHER TIMELY TOPICS WITH PAUL KRUGMAN OF THE NEW YORK TIMES

Fecha de publicación: 03-10-16
Por: Paul krugman

Si Donald Trump se hace presidente, los medios de noticias tendrán gran parte de la culpa. Sé que algunos periodistas están ocupados negando su responsabilidad, pero eso es absurdo, y pienso que lo saben. Tal como lo señaló Nick Kristof en una columna reciente de New York Times, las encuestas de opinión que muestran que la población considera que Hillary Clinton (una mentirosa menor, como mucho) es menos digna de confianza que un mentiroso patológico es evidencia a primera vista de la masiva falla de los medios.

De hecho, es revelador que este debate normalmente se enmarque como de falsa equivalencia, y que se discuta si se trata de un problema. Cierto, es mucho mejor tener este debate y no que siga el descontrolado ataque de los medios contra Clinton; pero la cosas de hecho están peor de lo que parecen.

Los medios no han tratado las mentiras menores de Clinton como equivalentes a las mentiras rotundas de Trump; han tratado “clintonismos” más o menos inocuos como escándalos mayores, mientras que han encubierto las falsedades de Trump. En términos simples, hasta hace poco los medios se la han tomado en contra de Clinton. Solo ahora, a último momento, o posiblemente después del último momento, la enormidad del pecado ha empezado a caer.

Piense en la debacle del foro de Matt Lauer. No fue un caso de falsa equivalencia: un resumen aproximado de su desempeño sería “correos electrónicos, correos electrónicos, correos electrónicos; sí señor Trump, lo que usted diga señor Trump”. Una candidata fue repetidas veces acosada por algo trivial mientras que al otro se le permitió deslizar grotescas falsedades.

O tal como lo escribió recientemente Jonathan Chait, de la revista New York, el problema no solo ha sido la normalización de Trump, sino la “anormalización” de Clinton (lea el artículo aquí: nym.ag/2cOXWpY).

Considere el caso de un informe reciente de la Associated Press sobre la Fundación Clinton. Un informe honesto habría dicho: “La Fundación discutiblemente crea la posibilidad de negociaciones e influencia indebida, pero hemos analizado detenidamente y no hemos encontrado gran cosa”. En cambio, el informe hizo pasar reuniones con un ganador de un Premio Nobel como si de alguna forma hubieran sido escandalosas.

Y sigue pasando, aunque no tan implacablemente. Seguimos viendo informes sobre la forma en que algo que hizo Clinton “genera dudas”, “ensombrece”, etcétera.; tergiversaciones que permiten que los reporteros escriban artículos negativos independientemente de los hechos.

Lo he comparado con lo que pasó en la campaña presidencial del 2000. Kristof lo compara con lo que pasó en los preparativos para la guerra de Irak. Escoja la analogía que le guste. Pero usemos el ejemplo de Kristof: de hecho, los medios no fueron culpables de falsa equivalencia en 2002. Lo que hicieron los medios de comunicación (incluyendo, lamentablemente, al New York Times) fue publicitar exageradamente el caso a favor de la guerra, informando como primicia todo lo que les pasaba el ex vicepresidente Dick Cheney, al tiempo que congelaban a los críticos y escépticos. El otro lado ahí estaba (McClatchy encontró muchísimos conocedores que estaban dispuestos a decir que nos estaban vendiendo una falsa imagen). Pero los escépticos no pudieron expresar su opinión. Efectivamente, los medios estaban a favor de la guerra.

Y esta vez han sido efectivamente pro Trump; anti Clinton, de hecho, pero se reduce a lo mismo. Dudo que los reporteros o editores hayan pensado que estaban ayudando a elegir a Trump; muchos de ellos estarían horrorizados si gana. Pero entraron de lleno a las Reglas Clinton, bajo las cuales hacer comentarios sarcásticos y burlarse de un Clinton es visto como algo bueno para su carrera. Realmente se parece más a la preparatoria que al periodismo, pero podría tener consecuencias horrendas.

Mucho depende de si el mismo comportamiento persiste durante el último tramo de la campaña. Si los medios presentan los debates restantes como lo hicieron en el año 2000 (si la sustancia es reemplazada por descripciones de las expresiones faciales de Clinton o con “qué imagen dio”, mientras que se resta importancia a las crudas mentiras de Trump), pueden dar la bienvenida a la Casa Blanca Trump. Y la historia no olvidará a la gente que haga eso posible.

Paul Krugman es ganador del Premio Nobel de Economía en 2008.

© 2016 The New York Times.

“Distribuido por NYT Syndicate”.

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