Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Inversión

Paralización macroeconómica en todo el mundo

DEBATING POLITICS, ECONOMICS AND OTHER TIMELY TOPICS WITH PAUL KRUGMAN OF THE NEW YORK TIMES

Fecha de publicación: 29-08-16
Por: Paul krugman
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Duncan Weldon, jefe de investigación del Grupo Resolución, escribió recientemente un buen artículo para pensar sobre las peculiares circunstancias que han llevado tasas negativas de interés a gran parte del mundo desarrollado.

Como lo indica Weldon, el problema no es solo la débil demanda de inversiones, con un fuerte olor a estancamiento secular. También es la decisión de las principales economías de ofrecer una respuesta que “cada vez ha dependido más de la política monetaria para acelerar (la incompleta recuperación económica), con la política fiscal actuando como freno (o en el mejor de los casos siendo neutral). Esto… aplica especialmente en Europa y en menor grado en Estados Unidos” (lea aquí la publicación de Weldon: bit.ly/2by3Pad).

Después señala lo que considera un rompecabezas: dado que tasas de interés muy bajas afectan a gente pudiente de más edad (pero no a los súper ricos) que tiende a ostentar gran influencia política, ¿por qué persiste esta mezcla de política?

Coincido en que es una pregunta muy buena, pero no creo que sea tan desconcertante.

Primero que nada, Weldon está asumiendo que los votantes de más edad entienden algo sobre políticas macroeconómicas y lo que estas hacen. Sin lugar a dudas hay gente así, pero a partir de los sondeos sabemos que el público general (de todos lados) siempre teme a los déficits presupuestarios. Lo que es más, mi impresión (luego de ver la CNBC de vez en cuando, después de ver publicidad en páginas de Internet y de escuchar accidentalmente conversaciones en las peluquerías, junto con otros métodos científicos) es que la gente de más edad que efectivamente presta atención a los debates económicos es mucho más propensa a decir “¡Ahí viene la hiperinflación! ¡Eso dice Ron Paul!” que “Me gustaría que el Gobierno incrementara la oferta de activos seguros”.

También está el papel de la “Gente muy seria”, para la que la pose del déficit es un símbolo de identidad; pose que funciona en parte porque el público siempre considera que los déficits son malos.

Pero, más allá de estas interpretaciones cínicas, sin lugar a dudas es relevante que las dos grandes economías desarrolladas del mundo (Estados Unidos y la eurozona) tengan su política fiscal paralizada por la trabazón política, dejando a los bancos centrales como los únicos que pueden actuar.

En Estados Unidos, los republicanos de la Cámara de Representantes son los que bloquean el gasto en cualquier cosa que no sea armas (ni siquiera asignan fondos para luchar contra el virus del Zika). En Europa no puede ocurrir nada fiscal sin la acción de Alemania, donde las autoridades están se complacen en su situación y viven en su propio universo intelectual.

Es cierto que Gran Bretaña tiene cierto espacio de maniobra, aunque con el gobierno del primer ministro, David Cameron, y de George Osborne, ministro de Economía y Hacienda, el país optó por completo por la austeridad, al menos retóricamente. Por otro lado, eso pudiera verse como una decisión política para desacreditar al Gobierno acusándolo de despilfarro, y pudiera cambiar bastante ahora que el desastroso dúo está afuera y que Theresa May ha entrado como primera ministra.

Japón es un caso interesante porque, sin consideración a cualquier otra cosa que su economía pudiera padecer, no ha enfrentado una parálisis similar a la de Estados Unidos y la eurozona. No es un caso tan claro como me gustaría; el premier Shinzo Abe se permitió dejarse convencer por la “Gente muy seria” para adoptar desde el principio restricción fiscal, dejando toda la carga sobre Haruhiko Kuroda, gobernador del Banco de Japón.

Pero, si analizamos la cuestión de largo plazo desde la década de 1990, Japón de hecho ha tenido una combinación de gasto deficitario y política monetaria relativamente cauta; más o menos lo que Weldon cree que la economía política debería estar produciendo en todas partes.

El problema ahora es que aunque los defensores de más estímulo fiscal parecen estar ganando la batalla intelectual, es probable que persistan los acuerdos institucionales que crean parálisis macroeconómica.

Se requerirá una enorme ola demócrata para romper la parálisis en Estados Unidos, y no tengo idea de qué destrabará a Europa.

Paul Krugman es ganador del Premio Nobel de Economía en 2008.

© 2016 The New York Times.

“Distribuido por NYT Syndicate”.

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