Jueves 16 DE Julio DE 2020
Inversión

La mitología del impuesto a la propiedad

DEBATING POLITICS, ECONOMICS AND OTHER TIMELY TOPICS WITH PAUL KRUGMAN OF THE NEW YORK TIMES

Fecha de publicación: 22-08-16
Por: Paul krugman

Aunque ha sido llevado a segundo plano por pequeñeces, como amenazas de muerte contra Hillary Clinton, sigo estando fascinado con la forma en que el “populista” Donald Trump se pronunció recientemente a favor de eliminar el impuesto a la propiedad, que solo afecta a un número muy reducido de propiedades enormes. Por supuesto, Trump probablemente no lo sabe. De todas formas, claramente fue un soborno para la cúpula republicana, que considera que las sucesiones sin impuestos son el “eje del movimiento conservador”, según Brian Ballard, exdonador del republicano Jeb Bush.

Eso dice mucho sobre el movimiento conservador. Sobre el impuesto a la propiedad es muy difícil argumentar que todo se reduce a incentivos y beneficios por goteo. Y los conservadores ni siquiera realmente lo intentan. En cambio, han convertido al rechazo al impuesto a la propiedad en una cuestión de “justicia”, diciendo que la gente no debería volver a pagar impuestos cuando muere; y hay que pensar en todas las granjas y negocios familiares que resultan afectados. Este argumento es profundamente engañoso y casi siempre deshonesto. Para empezar, mucha gente es gravada dos veces (una vez cuando percibe ingresos y otra vez cuando paga impuesto a la venta y otros). Gran parte de la riqueza que pasa a los herederos representa un ingreso (ganancias de capital no realizadas) que nunca ha sido gravado. Y los muy ricos, la gente que actualmente paga la gran mayoría del impuesto a la propiedad, a menudo paga tasas impositivas generales más bajas que la gente que está más abajo en la escala (vea: Romney, Mitt).

Hay más: supuestamente nos debemos sentir mal por esas granjas familiares despedazadas, pero en 2001, cuando los periodistas pedían ejemplos a la Fundación Buró Agrícola Estadounidense, ni siquiera pudo dar uno. También era difícil encontrar (si no es que imposible) casos de negocios chicos, y eso fue cuando el umbral mínimo para el impuesto a la propiedad era mucho más bajo que ahora. Básicamente, se supone que deberíamos sentirnos mal por los unicornios.

Entonces, ¿cómo es que este cuento sigue en el ejercicio de poder? Por el dinero en la política, sin dudas; también por décadas de propaganda abundantemente financiada. Pero lo que Michael Graetz e Ian Shapiro enfatizan en su libro Death by a Thousand Cuts: The Fight Over Taxing Inherited Wealth es que parte de la culpa también yace en los centristas y en los liberales moderados: nunca presentaron el argumento moral a favor del impuesto a la propiedad. Incluso ahora, se dificulta pensar en muchos políticos que estén dispuestos a ser igual de directos que el presidente Theodore Roosevelt con respecto a los peligros para la democracia planteados por vasta riqueza heredada.

La pregunta es si el fenómeno Trump reabrirá esa puerta. Entiendo y simpatizo con la decisión de la campaña de Clinton de enfatizar lo singularmente malo que es Trump. Su tarea consiste, primero que nada, en impedir que sus cortos dedos lleguen al botón. Pero una gran victoria en noviembre quizá haga espacio para una afirmación más robusta de los valores progresistas, sobre este y muchos otros temas.

Paul Krugman es ganador del Premio Nobel de Economía en 2008.

© 2016 The New York Times.

“Distribuido por NYT Syndicate”.