Jueves 25 DE Abril DE 2019
Inversión

Los republicanos reformistas no tienen base electoral

DEBATING POLITICS, ECONOMICS AND OTHER TIMELY TOPICS WITH PAUL KRUGMAN OF THE NEW YORK TIMES

Fecha de publicación: 11-04-16
Por: Paul krugman

Ross Douthat, mi colega de The New York Times, publicó recientemente una crítica sincera y maravillosamente escrita sobre la página editorial de The Wall Street Journal, la cual –¡sorpresa!– se opone decisivamente a cualquier desviación de la agenda de recortar los impuestos a los ricos. (Definitivamente vale la pena leer la publicación en su blog: nyti.ms/22LERfO.)

Pero mi pregunta es: ¿Los republicanos reformistas como Douthat realmente creyeron que había alguna posibilidad de que sus ideas pudieran avanzar dentro del partido? De ser así, fueron notablemente ingenuos.

Después de todo, ¿qué es el Partido Republicano moderno? Un modelo simple que tome en cuenta casi todo lo que vemos actualmente describiría al partido como una máquina diseñada para aprovechar el resentimiento de los blancos a favor de ingresos más altos para la clase donadora.

Lo que llamamos institución republicana es realmente una red de organizaciones que representan los intereses de los donantes porque son financiadas con dinero de los donantes. Estas organizaciones imponen la pureza ideológica con una combinación de premios y castigos: apoyo garantizado para los políticos y eruditos que se comporten como es debido; sanciones contra cualquiera que se aleje de la ortodoxia; excomunión a los expertos con pensamiento independiente, y desafíos importantes para los políticos imperfectamente confiables.

Para un observador casual, pudiera parecer que el partido participa en una verdadera discusión y análisis político; pero eso solo es un espectáculo para los medios. ¿Puede imaginarse siquiera no estar seguro de cómo resultará un estudio de la Fundación Heritage sobre cualquier tema importante? La verdad es que las ideas de política de la derecha no han cambiado en décadas.

Entonces, ¿por qué está quebrándose este sistema ahora? No es porque los acontecimientos hayan cuestionado la ortodoxia. Al contrario, las predicciones fallidas nunca han causado la más mínima modificación en las afirmaciones: la misma gente que pronosticó que el aumento a los impuestos de 1993 del presidente Clinton aniquilarían empleos y que la Ley de Servicio Médico Accesible del presidente Obama sería un desastre económico actualmente está haciendo predicciones confiadas sobre los efectos saludables de recortar los impuestos.

El problema, más bien, parece ser la demografía del país: una población cada vez más diversa significa que el partido tiene que ir más allá del resentimiento de los blancos, pero los estadounidenses blancos resentidos no quieren saber nada de eso. Ah, y a la base nunca le importó la ideología del Partido Republicano.

Solo para ser claro, los demócratas no son unos angelitos. Pero el Partido Demócrata tiene un tipo de disposición muy diferente: es una coalición de grupos de interés. Ninguno de ellos es desinteresado, pero el partido efectivamente intenta servir a los intereses de estos grupos, más o menos; no es el tipo de inmenso ejercicio de engaño en que se ha convertido el Partido Republicano. Y los demócratas pueden responder a un país en evolución modificando al partido, adaptándose al equilibrio de poder cambiante entre sus grupos electorales.

El propio pluralismo del sistema demócrata, aunque puede hacer que el partido se vuelva difuso e ineficaz, significa que no hay nada dentro del partido como la incontestable ortodoxia de la derecha, lo que a su vez significa que a veces el análisis y la evidencia pueden importar.

La esperanza de los republicanos reformistas era, supongo, que la propia clase donadora comprendiera la necesidad de suavizar la ideología del partido de cara a una sociedad cambiante. Pero los ricos del ala derechista son distintos a usted y a mí: pueden rodearse (y de hecho lo hacen) de gente que les aconseje que basta con que digan más fuerte las cosas de siempre –que basta con sacar otro anuncio acusando a Donald Trump de no ser un verdadero conservador– para restablecer el viejo orden. Recuerden, fueron necesarias cinco derrotas presidenciales –1932, 1936, 1940, 1944 y el horror de 1948– para que el Partido Republicano aceptara la legitimidad del Nuevo Trato. Si ese es el estándar, los aspirantes a reformistas republicanos tendrían que esperar dos mandatos de la presidenta Hillary Clinton y uno de su sucesor antes de lograr ser escuchados.

Al menos por ahora, los reformistas no tienen base electoral.

Paul Krugman es ganador del Premio Nobel de Economía en 2008.

© 2016 The New York Times.

“Distribuido por NYT Syndicate”.

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