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Internacionales

El Reino Unido hace historia con el Brexit


Un reloj proyectado en la famosa fachada de ladrillo negro de Downing Street, residencia oficial de Boris Johnson, marcará la cuenta atrás junto a un espectáculo de luces.

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El Reino Unido se convertirá, una hora antes de medianoche, en el primer país que abandona la Unión Europea. Un momento histórico durante mucho tiempo incierto y que, con júbilo para unos y tristeza para otros, abre un futuro en solitario.

Como si fuera una metáfora de lo que para algunos han sido casi 47 años de preponderancia europea, el Brexit tendrá lugar en el último segundo de este viernes… en la Europa continental, que para los británicos serán las 23H00 (también GMT).

Un reloj proyectado en la famosa fachada de ladrillo negro de Downing Street, residencia oficial de Boris Johnson, marcará la cuenta atrás junto a un espectáculo de luces.

«Esto no es un final sino un comienzo», debe afirmar el primer ministro en un mensaje a la nación televisado por la noche. Con un Brexit que durante mucho tiempo pareció imposible, Johnson se apunta una enorme victoria personal.

«Se levanta el telón para un nuevo acto. Es un momento de verdadera renovación y cambio nacional», dirá, según un extracto, tras presidir un consejo de ministros especial en la localidad obrera de Sunderland, en el norte mayoritariamente probrexit de Inglaterra.

A falta de las campanadas del Big Ben, en silencio por una larga restauración, algunos harán sonar sus propias campanas en una gran fiesta organizada frente al Parlamento de Westminster, que durante tres años fue escenario de los acalorados debates sobre la cuestión más importante y divisiva en la historia reciente del país.

No faltarán sin embargo las lágrimas de los detractores del Brexit, entre ellos muchos jóvenes que no votaron en el referéndum de 2016 y que ahora ven su futuro truncado fuera de la UE.

«Sé que están preocupados, como muchos británicos partidarios de la UE», afirmaba la centrista Luisa Porritt, una de los 72 eurodiputados británicos que ahora pierden su escaño, en emotivos panfletos distribuidos puerta a puerta a sus votantes en el barrio londinense de Camden.

«Es la fecha más importante desde que Enrique VIII nos sacó de la iglesia de Roma», dijo por su parte triunfante el líder eurófobo Nigel Farage, uno de los artífices, junto a Johnson, de la victoria del Brexit en la consulta de 2016, cuando 52 por ciento de los británicos votó por abandonar la UE.

Desde entonces, ha llovido mucho. Sin embargo, según una encuesta publicada esta semana, solo un 30 por ciento de los proeuropeos ha completado el «duelo» psicológico de esta ruptura.

Para los euroescépticos, sin embargo, es un retorno a la plena soberanía.

– 47 años de complicada relación –
El Reino Unido entró en la Comunidad Económica Europea –antecesora de la UE– en 1973, tras sufrir dos vetos de Francia, en 1963 y 1967, preocupada porque fuese un «caballo de Troya» de Estados Unidos.

Pero la relación entre Londres y Bruselas fue siempre complicada: los británicos no adoptaron la moneda única ni la libre circulación de personas, pidieron una importante reducción de su participación al presupuesto europeo y siempre se opusieron a una mayor integración política.

Pese a todo, el resultado del referéndum sorprendió a todo el mundo y muchos lo explicaron como una reacción desesperada de los olvidados por la globalización, que querían así hacer oír su voz.

El Brexit estaba previsto para el 29 de marzo de 2019. Pero la pugna en el Parlamento entre sus partidarios y sus detractores llevó a más de tres años de ásperos debates y bloqueo político.

La anterior primera ministra Theresa May se dejó en vano la piel buscando la adopción por sus diputados del acuerdo negociado con Bruselas. Su sucesor, el carismático Johnson, lo consiguió gracias a la aplastante mayoría que obtuvo en las legislativas anticipadas de diciembre.

– «Espléndido aislamiento» –
A partir del sábado, aunque poco cambie en realidad durante el periodo de transición previsto hasta finales de diciembre, el Reino Unido cabalgará en solitario.

La titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, le advirtió este viernes de los riesgos de este «espléndido aislamiento», refiriéndose al término usado para definir la política exterior del Reino Unido en el siglo XIX, cuando se mantenía al margen del continente europeo. Von der Leyen insistió en que la fuerza radica, justamente, en la «unión».

A partir de ahora, Johnson tendrá por delante la difícil misión de negociar un acuerdo comercial con la UE, pero también con Estados Unidos, su gran baza para reemplazar a su principal socio comercial.

«Soy optimista porque había cosas que el Reino Unido tenía que hacer como miembro de la UE» y «ahora podrán hacerlas de forma diferente», afirmó el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, el jueves en Londres, apuntando a los «enormes beneficios» para ambas naciones.

Pero las negociaciones no serán fáciles: Washington presionará para que Londres sea más laxo en materia de salud o medioambiental, mientras que Bruselas –temerosa de una competencia desleal– pedirá que se respeten estándares laborales y ecológicos.

«Vamos a pedir a los británicos evitar el ‘dumping’ fiscal, social, las ayudas de Estado», enumeró el negociador europeo Michel Barnier en una entrevista con la televisión pública española TVE, en la que también aseguró que ahora los 27 «cultivan la unidad» y ningún otro país habla de abandonar el bloque.

En la misma línea, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, dijo el viernes que Europa será «muy firme» en estas negociaciones y que «no aceptará» posibles políticas desleales.

«Cuando se deja de pertenecer al club de la Unión Europea, hay consecuencias», dijo.

El Brexit es «un fracaso y una lección para todos», consideró el presidente francés, Emmanuel Macron, uno de los líderes europeos a menudo más crítico con los británicos. Por su parte, la canciller alemana Angela Merkel aseguró que el 31 de enero de 2020 marcaba una verdadera «ruptura» para Europa.

Una especial tristeza mostraron muchos escoceses, nación semiautónoma británica que votó muy mayoritariamente contra el Brexit y donde, por decisión de su Parlamento, seguirá ondeando la bandera europea.

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