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Internacionales

La adictiva y peligrosa festividad de San Fermín


La tradición de los encierros atrae a miles de turistas al año. Muchas regresan heridas.

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Bill Hillman casi pierde la arteria femoral hace un año cuando un toro de 600 kilos lo corneó dos veces en la pierna pero, lejos de desanimarse, se encuentra de nuevo en Pamplona para correr de nuevo en San Fermín.

 

“Nunca en la vida he tenido una experiencia más bonita y pacífica con un animal que cuando he sido capaz de guiar a un toro por las calles. Es una paz absoluta”, asegura este periodista y escritor estadounidense de 33 años, originario de Chicago y adicto a esta popular fiesta taurina española.

 

Lleva corriendo en estos encierros desde hace diez años y hasta el año pasado nunca había sido corneado por una asta de toro. Pero sí sufrió otras heridas: una conmoción en 2013 cuando un animal le pisoteó la cabeza o una infección en una rodilla magullada en 2006.

 

Sin embargo las lesiones no le disuadieron de volver a esta ciudad del norte de España para desafiar de nuevo al peligro corriendo delante de seis toros de más de media tonelada.

 

“Una persona que empieza a correr habitualmente tiene ese veneno, en el buen sentido, que le hace decir ‘voy a seguir corriendo, me gusta’”, dice Koldo Larrea, un periodista de Pamplona que ha escrito varios libros sobre estas
fiestas.

 

Para la mayoría de corredores, arriesgar sus vidas en San Fermín una vez es suficiente. Pero hay un pequeño grupo de veteranos, como Hillman, que asiste cada año a pesar de sus numerosas heridas.

 

Durante los siete días de fiestas, cada mañana a las 8:00 horas liberan a los seis enormes toros de lidia del corral para que se abalancen hacia los cientos de corredores en una carrera de 846.6 metros hasta la plaza de toros, donde morirán por la tarde.

 

El año pasado esta fiesta congregó a 17 mil personas, de las que dos tercios acudían por primera vez, según el ayuntamiento de Pamplona.

 

“Primero corres por la tradición, luego pasa a ser una afición hasta que ya tienes una adicción y no haces más que pensar en el encierro”, dice Juan Pedro Lecuona, un nativo de Pamplona de 42 años, quien ha participado en unos 200 encierros desde que empezó en 1989.

 

Pero desde 1911, quince personas murieron en estas fiestas. El último, un español de 27 años que fue corneado en 2009.

 

Los corredores veteranos dicen prepararse durante todo el año observando los toros en las ganaderías para saber sus instintos, corriendo sobre adoquines o haciendo deportes de contacto.

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