Jueves 1 DE Octubre DE 2020
Insólito

Descubren evidencias de un murciélago vampiro gigante y geoglifos similares a las líneas de Nazca en Venezuela

Fecha de publicación: 14-09-20
Por: sputnik

Septiembre quedará en la memoria de la comunidad científica de Venezuela como un mes muy especial. En la región oriental, investigadores descubrieron un fósil de una especie de vampiro gigante, mientras que al occidente, hallaron geoglifos que podrían dar pistas sobre conexiones no muy estudiadas entre los pueblos de Sudamérica de hace siglos.

“El más antiguo del planeta”

El 7 de septiembre, un tuit publicado por el Ministerio de Ciencias y Tecnología de Venezuela, ponía los ojos del mundo en Monagas, un estado del oriente del país.

Se informaba del descubrimiento de un fósil de un murciélago vampiro, quizá el más antiguo del mundo.

El encargado de las investigaciones, Ascanio Rincón, jefe del laboratorio de paleontología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), accedió a dar detalles a Sputnik sobre este inusual descubrimiento.

El proyecto denominado El Breal de Orocual inició en el año 2006, como una excavación a un depósito de asfalto localizado en las cercanías de la ciudad de Maturín.

Obreros de la estatal petrolera PDVSA, fueron quienes informaron haber dado con un yacimiento de fósiles de gran magnitud. Las investigaciones iniciales a cargo de Ascanio pronto revelaron su importancia.

“Empezamos a conseguir un conjunto de pequeños huesos que parecían pertenecer a huesos de aves, puesto que eran huecos; es decir eran vertebrados que tenían una adaptación al vuelo, sin embargo, uno de los huesos saltó a la vista porque realmente era muy pequeño, era hueco y tenía unas características que no lo hacían un ave, sino más bien un murciélago. Las características morfológicas del extremo más distal de este hueso, nos dieron pistas de que se trataba de un murciélago vampiro gigante que habitó en las sábanas de Maturín hace 2,5 millones de años”, refiere el científico.

 

Ascanio contextualiza que el sitio El Breal de Orocual, tiene aproximadamente unos 2,5 millones de años y posee una riqueza incalculable en cuanto a registro fósil de fauna prehistórica.

“Hay tigres dientes de sable y roedores gigantes que se extinguieron después de 2,5 millones de años, que desaparecieron del registro en eras geológicas más recientes”, puntualiza.

En cuanto a la evidencia, Ascanio señala que el hueso encontrado “se trata del extremo más distal del húmero. (…) Hay una estructura que es como un gancho que está en la parte medial, distal, de ese húmero que es típico de los murciélagos vampiros, pero no es como los murciélagos vampiros modernos como el Desmodus rotundus, sino que es 25% más grande. Esto lo hace un murciélago vampiro gigante”.

El investigador refiere que en Venezuela se han conseguido otros fósiles de murciélagos vampiros. El primero de ellos, un Desmodus draculae en la Cueva del Guácharo. Un espécimen que vivió durante el Pleistoceno Tardío en la última edad del hielo hace 14.000 años. También se hallaron fósiles en Kiyú en Uruguay e Inglis en el estado de la Florida de Estados Unidos, pero con una edad de aproximadamente dos millones de años. Lo cual deja el hallazgo de Venezuela, como el más antiguo del planeta.

“Esto tiene una trascendencia sumamente importante para la ciencia, para el entendimiento de la evolución de los murciélagos vampiros en el mundo. (…)  Podría tratarse de un género nuevo para la ciencia”, añade el investigador.

Ahora, el reto para el paleontólogo Ascanio Rincón y su equipo es continuar la excavación del Breal de Orocual. Un lugar privilegiado para el estudio de la paleontología.

“En este sitio hemos encontrado Tigres Dientes de Cimitarra que resultó ser una nueva especie para la ciencia llamado Homotherium venezuelensis, hemos conseguido Tigres Dientes de Sable como el Smilodon gracilis que tiene una edad de 2,5 millones de años, hemos conseguido armadillos gigantes, caballos, camellos, cocodrilos, toxodontes que son algo parecido a rinocerontes, pero sin tener nada que ver con rinocerontes, macrauquenias, que parecen camellos gigantes pero que no tiene nada que ver con los camellos”, finaliza.

“Solo pueden ser vistos desde el cielo”

El 5 de septiembre, las redes sociales comenzaron a divulgar que un equipo de investigación arqueológica en el estado Falcón, en el occidente de Venezuela, tenía en sus manos evidencia de un importante hallazgo: una red de geoglifos que nos hablarían de una sociedad de gran avance técnico y cultural que habría habitado dicho territorio.

La investigación fue dirigida por el explorador Felipe Torrealba, quien fue asistente de campo, por más de 25 años, del reconocido arqueólogo José María Cruxent, quien aportó al mundo un descubrimiento paleontológico sin precedentes en Venezuela: la evidencia de presencia humana hace 16.000 años en Taima-Taima, ubicado también en territorio falconiano.

Gracias a la herramienta de la fotografía satelital, se encontraron evidencias que ahora deben ser verificadas con exploración in situ de un equipo multidisciplinario, así como con sobrevuelos en una zona de difícil acceso, que abarca tres municipios de la región más septentrional de la nación bolivariana.

Felipe Torrealba, cuenta en exclusiva a Sputnik, que dicho descubrimiento da cuenta de antiguos pobladores precolombinos que guardan rasgos con las principales culturas de América del Sur. Además, aguarda por el apoyo necesario para que los geoglifos, que por ahora “solo son visibles desde el espacio”, cuenten con un estudio minucioso por parte de un equipo multidisciplinario y multiinstitucional.

Torrealba describe el hallazgo como “una red de geoglifos, con características geométricas, a base de surcos y camellones realizados para la agricultura en épocas precolombinas, por un grupo cultural con un gran nivel técnico y artístico. Están representados por figuras geométricas lineales, pero también tienen una representación de figuras geométricas como aves, mamíferos, reptiles y peces, y hasta presentan una figura fitomorfa que corresponde a árboles”.

Uno de estos geoglifos, reporta Torrealba, es una figura en base a líneas geométricas que está ubicado en una meseta aproximadamente a 700 metros de altura. Dicha silueta, se encuentra cercana a la población de Pedregal. El área ocupa una superficie de cinco a 18 hectáreas. El glifo tiene una longitud de 353 metros de largo y 175 metros de ancho.

Existen algunos datos que le dan relevancia a este descubrimiento. En primer lugar, el hecho de que en el país hasta la fecha, los únicos geoglifos reportados se encuentran ubicados en el estado Carabobo, en la comunidad de Chirgua, municipio Bejuma y en Valles Altos del Occidente en las inmediaciones del centro poblado de Montalbán, municipio que lleva el mismo nombre.

El segundo aspecto relevante, es que los 17 geoglifos “tienen en común mucho con los que están ubicados en los alrededores del lago Titicaca, que comparten Bolivia y Perú. La diferencia es que los geoglifos que se encuentran ahora en Falcón, viéndolos estéticamente, tienen una gran calidad artística, a diferencia de los geoglifos que hay en Perú (Nazca) que son más abstractos y muy lineales”, refiere Torrealba.

Para el investigador, otro hecho notable es que dichos geoglifos, al mostrar surcos y camellones usados en las técnicas agrícolas, contradicen en parte los estudios arqueológicos en Venezuela y obligaría a nuevas interpretaciones.

“Para la historia de los estudios de poblamiento humano en América hay una teoría que se llama la teoría de la H. Según esa teoría, en Venezuela, se consideraba que los grupos precolombinos no tuvieron un desarrollo agrícola, sino que fueron cazadores o recolectores o simplemente tuvieron una agricultura incipiente”, explica.

Miriam Diaz, bióloga e investigadora del centro de investigaciones de ecología y zonas áridas de Falcón, conocedora del trabajo que realiza Torrealba, apunta que la importancia del descubrimiento es que permite volver a poner a Venezuela en el mapa como una gran fuente de datos para los estudios arqueológicos y antropológicos del continente americano.

A juicio de Díaz, este territorio que sigue sin ser lo suficientemente explorado, ha dado cuenta de hallazgos que han revolucionado la concepción de la historia tal y como la conocemos.

“En Taima-Taima (Falcón) se descubrió un mastodonte con una flecha incrustada en uno de sus huesos. ¿Qué quiere decir esto? ¿Cómo se interpretó? Eso fue el descubrimiento del doctor José María Cruxent, el hombre y el mastodonte estuvieron en el mismo momento en Taima-Taima, lo cual implicó que el hombre no tenía 4.000 años como se decía, si no más de 16.000 años en América y eso sí fue realmente impactante”, señala.

Este dato arqueológico, refiere la investigadora, se conecta con una investigación hecha por los doctores Tulio Arends y Miguel Layrisse, conocida como el Factor Diego. El cuál determinó que había un factor sanguíneo muy similar a lo que se describía en poblaciones asiáticas.

“Eso demostró que muchísimo, muchísimo más atrás, hubo un poblamiento de América por el estrecho de Bering. Hoy en día se sabe que hubo dos o tres poblamientos más que vinieron del sur, por el oeste, por la Polinesia, entonces creo que vale la pena ahondar un poco más en lo que significa estar en esta tierra privilegiada que cuando hubo la deriva continental, la fracturación de la Pangea donde África se movió hacia el norte, y Venezuela y Sudamérica se quedaron más o menos estáticas y se crearon nuevos desiertos en el mundo, en África, y acá nos quedamos con una zona semiárida que ha sido capaz de preservar una cantidad de fósiles impresionantes”, apunta la bióloga.

Tanto para Felipe Torrealba, así como para Miriam Díaz, solo resta esperar que el Instituto de Patrimonio Cultural del país comience el proceso de pesquisa para oficializar el descubrimiento y con ello dar cuenta al mundo entero del valor que tiene Venezuela en la comprensión de la historia ancestral del continente americano.