Viernes 18 DE Septiembre DE 2020
Insólito

Zhu Fang, el casamentero de Pekín que lleva medio siglo uniendo corazones solitarios

Cobra una tasa única de 200 yuanes (US$29 ) a sus clientes, la mayoría de los cuales son ancianos que esperan encontrar esposa para sus hijos, ya adultos.

Fecha de publicación: 14-02-20
Esta foto tomada el 17 de diciembre de 2019 muestra al casamentero Zhu Fang (C) hablando con una mujer que busca su consejo (R) en su casa en Beijing. Crédito: NOEL CELIS / AFP
Por: Jing Xuan Teng y Chloe Feng / AFP

Las paredes del salón de Zhu Fang están repletas de cientos de retratos de solteros esperanzados, algunos de ellos un tanto desteñido o con el pelo cardado y ropa pasada de moda.

Desde hace casi 50 años, Zhu Fang es uno de los celestinos más populares de Pekín, e incluso ahora -a sus 75 años- está más demandado que nunca.

En el tiempo en el que se ha dedicado a unir corazones solitarios, China ha vivido unos cambios sociales espectaculares.

El matrimonio, que ha sido tradicionalmente una clave en la sociedad patriarcal, está en declive y el índice de nacimientos del país cayó el año pasado a su nivel más bajo en las últimas siete décadas.

Pero Zhu insiste en que la gente sigue buscando el amor y su teléfono sigue sonando a menudo.

“Es algo significativo, y es por eso que he continuado”, afirma, aunque admite que no se trata de un negocio lucrativo y que él vive gracias a la ayuda de sus hijos.

Zhu afirma que se inspira en el lema político del exlíder, ya fallecido, Mao Zedong, “Sirve al pueblo”, y se refiere al pasado como “La era Mao”.

“Cuando ayudo a otros a encontrar la felicidad, yo también gano algo de felicidad”, explica Zhu.

Cobra una tasa única de 200 yuanes (US$29 dólares) a sus clientes, la mayoría de los cuales son ancianos que esperan encontrar esposa para sus hijos, ya adultos.

En una fría mañana de diciembre, su “oficina”, en casa, está llena de padres de mediana edad que estudian los perfiles impresos de distintos candidatos, en busca del yerno o de la nuera perfecta.

Huang Guiyun, una jubilada, asegura que está preocupada por su hija, viuda.

“Tenemos nuestra propia casa en Pekín y ella tiene dinero”, afirma Huang. “Todo va bien, excepto la soledad”.

Durante su carrera como cupido, Zhu ha formado más de 1 mil 700 parejas, pero admite que le es imposible encontrar una pareja para todo el mundo y que “algunas fotos llevan ahí desde hace mucho tiempo”.

This photo taken on December 17, 2019 shows matchmaker Zhu Fang smiling at his house with walls covered with images of single women who have come to him over the years in Beijing. – For almost 50 years Zhu Fang has been one of Beijing’s most popular matchmakers, and even now — aged 75 — he remains in as much demand as ever. (Photo by NOEL CELIS / AFP) / TO GO WITH China-marriage,PROFILE by Jing Xuan Teng and Chloe Feng

Amor a primera vista 

La carrera de Zhu como celestino abarca décadas de un crecimiento económico vertiginoso y grandes cambios sociales en China.

Cuando empezó, China todavía no se había abierto económicamente al resto del mundo y la mayoría de sus clientes eran obreros varones.

Unos cuantos compañeros de su empresa se acercaron a él para preguntarle si podía presentarles a potenciales novias. Tras unas cuantas parejas exitosas, Zhu se enganchó a lo de ser un cupido.

“Pensé que era divertido, así que seguí con ello, y ahora ya han pasado 50 años”, comenta. Solía organizar las citas “en parques o en carreteras o estaciones”.

Zhu conoció a su esposa por un vecino, y se casaron en 1969.

“En el pasado, la gente se enamoraba a primera vista”, asegura. “Yo no pensaba tanto en eso. Pensaba que bastaba con encontrar a alguien con quien pasar mis días”.

Pero China fue cambiando, y Zhu también notó grandes cambios en su clientela.

Según cuenta, en los últimos años a sus clientes les preocupa mucho más mantener su estatus social y a menudo se sienten avergonzados por recurrir a un celestino.

“Algunos trabajan en oficinas de venta o de industria, o en las oficinas de los impuestos, y temen que otros digan cosas como ‘con un trabajo tan bueno, ¿porqué necesitas un celestino para ayudarte a encontrar un novio o una novia?'”, explica Zhu.

– Un mundo de mujeres –

En los catálogos actuales de Zhu hay muchas más mujeres que hombres, pero según él, todas tienen las expectativas muy altas.

“Tienen una elevada educación, sueldos elevados y son altas”, señala el celestino, que asegura que sus clientas nunca se emparejarían con nadie que consideraran que no merece la pena.

“Las mujeres solteras dicen: ‘prefiero no tener novio a tener a alguien que no es lo bastante bueno'”, comenta Zhu.

“Pero nadie es perfecto”, matiza. “Si no tienes la actitud correcta, nunca encontrarás a nadie”.

También hay una fuerte tendencia a proteger la propia intimidad y la independencia, y hay personas que prefieren tener novios o novias virtuales, para poder tener compañía sin las presiones ni los compromisos que implican las citas en la vida real.

China no permite que las mujeres solteras accedan al esperma de donantes, por lo que cada vez más mujeres -en general, mayores- buscan donantes de esperma extranjeros para poder tener hijos y regir sus hogares según sus reglas.

Sandy To, socióloga en la Universidad de Hong Kong, afirma que la política de hijo único de China -en vigur de 1979 a 2016 para limitar el tamaño de la mayoría de las familias- creó “una generación de mujeres seguras de sí mismas y resolutivas”.

Las aplicaciones de contactos y agencias en línea como Momo y Baihe también han despegado en China, pero el club de Zhu sigue atrayendo clientes deseosos de conocer gente cara a cara, de todas las edades.

“No importa si internet es cada vez mejor, sigo sin confiar en él”, sostiene Zhu, que cree que los celulares son malos para la salud.

Joyce Gao, profesional de finanzas, de unos 30 años, clienta de Zhu, afirma que espera encontrar a un hombre “enérgico” con “una firme ética laboral”.

En un acto que organizó Zhu hace poco, ella era la única soltera que acudió sola, sin sus padres. Asegura que prefiere los encuentros que prepara Zhu, a la vieja usanza, a conocer gente por internet.

En el mundo real, “las cosas son más reales, y puedes sentir cómo es alguien”, defiende Gao.