Domingo 17 DE Febrero DE 2019
Insólito

La abuela que se hizo pasar por prostituta

Fecha de publicación: 17-06-16
Policiales Ana Sabo , abuela de Jonathan Rodriguez , asesinado en un robo en Quilmes. (Foto: Guillermo Adami)
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La mujer se disfrazó para atrapar a los que asesinaron a su nieto, sin embargo aún no los detienen. El día en que lo asesinaron estaba por empezar una etapa nueva en su vida. Jonathan Hernán Rodríguez Moreira, de Argentina tenía apenas 17 años, había pasado los últimos exámenes para terminar la escuela secundaria y había conseguido un buen trabajo. “Joni”, como le llamaban, nunca había conocido a su padre, y su madre había muerto un par de años antes luego de padecer una larga y tortuosa enfermedad terminal. Fue entonces que el adolescente quedó al cuidado de su abuela, una mujer que aún hoy está en busca de testigos del crimen. En esa lucha, incluso llegó a disfrazarse de prostituta para meterse en una poblado e intentar acercarse a uno de los que serían asesinos de su nieto.

“El tendría que estar estudiando, trabajando, disfrutando. Y sin embargo, nos cagaron la vida”, le dice Ana María Sabo (63) al diario argentino Clarín en su casa de Quilmes (una ciudad argentina). A Jonathan lo mataron en un asalto en la madrugada del 26 de febrero de 2015, alrededor de la 1:30.

“Uno nunca está del todo preparado para la muerte de una pareja. Menos, la de un hijo, y mucho menos la de un nieto”, cuenta Ana María, que lleva tatuado en su brazo derecho un dibujo con la cara de Jonathan.

“Cuando mi hija se separó, ‘Joni’ todavía no había nacido y su hermana Jésica tenía apenas tres años. Del padre nunca más se supo nada y ellos se vinieron a vivir a casa. Los chicos se criaron prácticamente conmigo, porque mi hija trabajaba todo el día, con lo cual suelo decir que fueron un poco hijos y un poco nietos. En 2010, mi hija enfermó de cáncer y en 2012 murió. Fue un proceso muy penoso para Jonathan”, recuerda la mujer.

Ese mismo año también había muerto de cáncer el marido de Ana y abuelo de “Joni”. “Mi esposo se fue el 3 de marzo de 2012 y mi hija, el 15 de agosto. Fue una tras otra”, enumera. El drama se acentuaría tres años después, con el homicidio de su nieto. Jonathan había estado un par de días en la playa con su novia y había regresado para rendir las últimas materias. Aprobó y lo asesinaron.

Todo sucedió mientras ella terminaba de caer dormida. Aquella madrugada escuchó murmullos que llegaban de la calle y enseguida, un grito desgarrador. “Salí corriendo y, cuando llegué al comedor, escuché el disparo. Vi correr a tres personas. Una incluso se dio vuelta y me apuntó como para dispararme. Saltó la alarma del carro y ‘Joni’ quedó tirado al lado del auto. Lo levanté, pero en ese momento no vi sangre”, explica.

Ana y su hijo intentaron envolver a Jonathan con una frazada para llevarlo al hospital. Pero ya era tarde, no pudieron hacer nada. Y a partir de ese momento, la mujer empezó una búsqueda que aún hoy no termina. Hubo dos testigos del crimen, pero cuando se presentaron ante la fiscalía, denunciaron a la Policía por “apremios ilegales”. El fiscal abrió una causa paralela para investigar ambas denuncias, pero no pudo incluir esos dos testimonios en el expediente judicial.

Ana tenía los nombres de tres sospechosos. Entonces decidió arriesgarse ella misma y salir a buscar pruebas. “A los cuatro meses del homicidio, me enteré dónde vivía uno de los asesinos. Y decidí disfrazarme de prostituta. Me puse una peluca, un pantalón de mi nieta y entré diciendo que venía de la villa de ‘Los Eucaliptus’ y que quería comprarle ‘falopa’(droga). Y además dije que había una ‘loca’ que quería conocerlo”, detalla la mujer.

Fue así como Ana logró fotografiar a uno de los presuntos homicidas. “Es este, le dicen ‘El perro’. Las fotos las saqué yo”, señala la mujer, mostrando varios retratos. “Después me amenazó un par de veces, pasó por mi casa en moto diciendo que iba a ‘hacerme mierda’. Le llevé las fotos al fiscal, pero yo no puedo identificarlo, apenas lo vi. No quiero venganza, lo que quiero es justicia. Mi nieto tuvo una vida muy difícil, era sencillo, de buenos sentimientos”, afirma Ana, aguantándose para no llorar.

La causa judicial está estancada por la falta de testigos y otras pruebas que sitúen a los sospechosos en el lugar del crimen. Y a pesar de que hay una recompensa vigente del Ministerio de Seguridad de Buenos Aires –de entre 50 y 150 mil pesos argentinos para quienes aporten información–, pasados los primeros días nunca nadie volvió a presentarse ante el fiscal.

* Tomado de el diario El Clarín

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