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Insólito

Esta es la historia detrás del primer museo del mundo


Las reliquias de más de 2 mil 500 años de historia pertenecieron a una princesa de Babilonia.

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Muchas personas pensarán que el origen del primer museo de la historia es relativamente reciente, sin embargo, existe evidencia de que la apreciación y cuidado de bellos objetos u obras de arte tiene más de 2 mil 500 años.

No obstante, el descubrimiento de esta evidencia sí es más reciente, ya que fue entre 1922 y 1934 que el arqueólogo británico Leonard Woolley lo encontró. El arqueólogo fue conocido en la época por hallazgos como las excavaciones de Carquemis, la estatua-biografía del rey Idrimi y las evidencias geológicas del diluvio relatado en el poema de Gilgamesh.

Pero con el que ganó mayor popularidad, fue con las excavaciones de la antigua ciudad sumeria de Ur. Los hallazgos realizados allí son uno de los acontecimientos arqueológicos más importantes del siglo XX: las tumbas reales (2700 a.C.), el estandarte real de Ur o el Toro de Cobre, entre otros.

De acuerdo con una publicación de La Brújula Verde, Woolley, su esposa Katharine y su ayudante Max Mallowan, hicieron grandes descubrimientos mientras excavaban el complejo palacial y el templo de Ur. En el lugar, comenzaron a aparecer decenas de objetos y artefactos que enseguida llamaron su atención.

El Cementerio Real de Ur es lugar arqueológico en la actual provincia de Dhi Qar, en el sur de Irak.

Sin embargo, lo que causó inquietud en los arqueólogos fue que todos estos objetos pertenecían a épocas y países diferentes, algunos con diferencias de varios siglos. El objeto más reciente era siete siglos más antiguo que el pavimento del edificio, y el más viejo dos milenios anterior, según escribió el propio Woolley en su obra Ur de los Caldeos

Según lo relatado en la publicación, todos los artefactos tenían al lado un pequeño tambor cilíndrico de arcilla con inscripciones en cuatro columnas: la primera en sumerio antiguo y las otras en tres lenguas diferentes, con explicaciones sobre cada uno de los objetos, así como se ve en los museos actuales.

El museo de una princesa

Después de haber encontrado varias piezas en el lugar, con su respectiva descripción, Woolley llegó a la conclusión de que la habitación era un museo de antigüedades locales mantenido por la princesa Bel-Shalti-Nannar, también conocida como Ennigaldi-Nanna.

Este museo, ubicado en la región de Dhi Qar, actual Irak, que anteriormente perteneció al estado de Ur, muy cerca del zigurat de Ur, recibió el nombre de Ennigaldi-nanna, quien era la hija de Nabonido, último rey de lo que se llamó el Imperio de Neo-Babilonia.

Según el portal Historias de la Historia, Nabonido no solo reinó dicho imperio entre 556 y 539 a.C., sino que está considerado como el primer arqueólogo de la historia. Fue él quien dirigió las primeras excavaciones en busca de los templos de Samas, el dios sol, la diosa guerrera Anunitu (ambos situados en Sippar), así como el santuario que Naram-Sin construyó al dios de la luna, situado en Harran. 

El entonces rey, restauró dichas reliquias luego de encontrarlas. Además, fue también el primero en intentar la datación de un objeto arqueológico, aunque la falta de tecnología le hizo desviarse unos 1 mil 500 años.

Todos los artefactos que Nabonido encontró en sus investigaciones procedían de yacimientos del sur de Mesopotamia, datados entre 2050 y 1400 a.C., incluso se cree que algunos pudieron haber sido recolectados previamente por Nabucodonosor II. 

De acuerdo con los escritos de Woolley, hacia el año 550–530 a.C. la princesa reunió toda la colección en una habitación anexa a su palacio (el edificio llamado E-Gig-Par), creando lo que muchos historiadores consideran el primer museo de la historia.

Fue así como el Museo de Ennigaldi-Nanna demostró que, a pesar de que el imperio se encontraba inmerso en su propio colapso en aquellos tiempos,  los antiguos babilonios mantuvieron viva su pasión por conocer y estudiar otras épocas de los hombres.

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Claudia Ramirez
Reportera de Cultura y Entretenimiento. Periodista profesional con Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos. Considero que la educación es clave para formar una sociedad empática, consciente y justa.

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