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Insólito

Bermeja: la “isla fantasma” que desapareció sin dejar rastro


A pesar de que nadie sabe en realidad lo que ocurrió con ella, las teorías van desde que nunca existió hasta que la hundió la CIA.

 

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Mapas antiguos de entre los siglos XVI y XIX muestran una isla cerca de Yucatán, en el Golfo de México que no existe físicamente en la actualidad. No obstante, este territorio ha sido protagonista de muchas teorías y mitos.

La Isla Bermeja, un pedazo de tierra que se ha convertido en un asunto controversial durante muchos años, aparecía en mapas antiguos y se dice que hasta se encuentra en documentos de agencias federales de Estados Unidos.

Esta isla fantasma, como muchos la llaman, tendría que estar a 100 kilómetros del noroeste de la península de Yucatán, ya que allí es donde la sitúa Google Maps según sus coordenadas: a 22 grados, 33 minutos latitud norte y 91 grados, 22 minutos longitud oeste.

El misterio, en principio, no debería tener mayor trascendencia geopolítica, debido a que se  trata de un pequeño pedazo de tierra sin aparente importancia, la cual fue descrita por el escritor Blas Moreno de Zabala en 1732 como un islote con agua limpia al sur, con piedras debajo del mar al este, y con un barranco color bermejo (rojizo) y poblado de árboles.

Sin embargo, si actualmente existiera la isla significaría una mayor extensión del patrimonio marítimo de México y por ende, el país tendría derecho sobre los yacimientos petroleros submarinos de la zona.

De acuerdo con una publicación de El País, el enigma de la Isla Bermeja se intensificó y las teorías conspiratorias comenzaron a surgir en junio del año 2000, cuando el expresidente mexicano Ernesto Zedillo y el entonces jefe del Gobierno de Estados Unidos, Bill Clinton, pactaron las fronteras marítimas de ambos países.

En 1997 México envió el “Onjuku”, un buque oceanográfico de la Armada, para encontrar la isla en el punto donde los mapas cartográficos indicaban la presencia de la misma, pero no encontraron nada, por lo que México se quedó con las ganas de dominar el Hoyo de Dona, una región con grandes reservas de petróleo, gases y minerales.

Según el Clarín, México firmó con Estados Unidos el Tratado sobre la Delimitación de la Plataforma Continental el 28 de noviembre de 2000, dejando el Hoyo de Dona en dominio de EE.UU., perdiendo así esa parte de la zona del Golfo y miles de millones de dólares en petróleo.

Las teorías

En ese momento surgieron diversas teorías, como que la isla se hundió a causa de un maremoto, que desapareció por el calentamiento global y otra que decía que fue dinamitada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), para que EE. UU. tuviera ventaja sobre el petróleo del lugar.

Las dudas de qué había ocurrido con el lugar se dieron luego que las personas constataron que la Isla Bermeja aparece señalada en los mapas de los siglos XVI hasta el XIX, e incluso está presente en un libro de las islas mexicanas de 1946 editado por su Secretaria de Educación Pública.

El misterio de la isla Bermeja se hizo tan grande que el 20 de marzo del 2009, el buque oceanográfico “Justo Sierra” a cargo de la Universidad Nacional Autónoma de México partió de Tuxpan, Veracruz en busca del lugar. 

“La Isla Bermeja, el punto de referencia para establecer el límite en que México y Estados Unidos comparten yacimientos de petróleo en aguas profundas, no existe en las coordenadas establecidas en cartas oceanográficas de los siglos XVI y XVIII, ni tampoco se encontraron vestigios de ella”, anunciaron los integrantes de la misión en una conferencia de prensa el 23 de junio de 2009.

Los profesionales no pudieron encontrar la isla y establecieron que esa zona del océano tiene una profundidad de 1 mil 472 metros. Para ellos la isla posiblemente existió en el pasado y desapareció por un “deslizamiento geológico“.

Quienes están seguros que nunca existió, apuntan a que más allá de las teorías de la conspiración, todo se debió a un error cartográfico.

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Claudia Ramirez
Reportera de Cultura y Entretenimiento. Periodista profesional con Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos. Considero que la educación es clave para formar una sociedad empática, consciente y justa.

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