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Libros

La eternidad de Frankenstein


Viaje al centro de los libros.

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Uno de los desafíos más complejos en la literatura es inventar personajes que cobren vida propia, salgan de las páginas de la ficción y pasen a ser parte de la realidad, como lo logró Mary Shelley con el caso del humanoide construido por el doctor Frankenstein a partir de retazos de fallecidos. Mary Shelley (1797-1851) nació en Londres en un hogar de librepensadores. Hija de la feminista Mary Wollstonecraft y del filósofo anarquista William Godwin, partidarios de una visión del mundo que contradecía las costumbres de la época, por ejemplo vivieron en casas separadas en actitud de rebeldía al matrimonio. Su relación se afirmó y terminó con el advenimiento de la hija y la inmediata muerte de la madre víctima de fiebre puerperal. Mary vivió una época de grandes cambios y revoluciones, siendo audaz, provocativa y emprendedora. Su atractivo físico fascinó a personalidades de la época, al punto que enloqueció al poeta Percy Shelley, quien frecuentaba dicha casa en compañía de su esposa Harriet. Mary tenía 16 años cuando escapó con el poeta, provocando el suicidio de Harriet, que estaba embarazada.

En febrero de 1815 nace el primer hijo de Mary, quien muere casi de inmediato. Una etapa depresiva sigue a este incidente, y serán muchas de sus cavilaciones y sueños de entonces los que impregnarán su obra literaria. 

En unas vacaciones de verano los Shelley visitaron Suiza y fueron a residir a Villa Diodati, muy cerca del lago de Ginebra. Sus vecinos eran Lord Byron y su doctor, Polidori, en la época que el primero escribía el tercer canto de su ‘Childe Harold’. La continua lluvia los mantuvo confinados días enteros en casa, circunstancia que los motivó a leer historias de terror, que comentaban entre vecinos, hasta que surgió la idea de Byron de proponerse escribir cada quien una historia de terror, para compartir y por entretención. Accedieron al juego. Mary deslumbró a la concurrencia con Frankenstein. Esa noche lluviosa no pudo dormir, pasó pensando en Darwin, en el satán del ‘Paraíso perdido’ de Milton, en Prometeo, en la violación del contrato entre Dios y el hombre, y en medio de una pesadilla de duermevela vislumbró al personaje que la haría inmortal.

La composición de Frankenstein se extendió a lo largo de varios meses, interrumpida por una serie de incidentes: un viaje por los Alpes, su casamiento con Shelley, la custodia de los hijos de Harriet, un tercer embarazo al que teme, porque la inquietan presentimientos de pérdida. A esta última circunstancia se debe el tema principal de la novela, el temor de dar la vida a un ser. Durante las tardes y las veladas, Mary continuó leyendo y discutiendo acerca de la resurrección de los cuerpos. 

A los diecinueve años, Mary ve morir a una hija, y en la primavera posterior, a un hijo, así como experimentó la tragedia de un aborto. Percy Shelley murió ahogado en 1822, cuando vivían en Pisa. La escritora tenía entonces 25 años y hasta su muerte a los 54, las tragedias le impidieron ser feliz.

Mary completó la novela en mayo de 1817, fue revisada y corregida por Percy Shelley, y publicada después de varios rechazos, en el anonimato, por el editor de Lord Byron. 

Las opiniones fueron contradictorias, hubo quienes deploraron la nueva obra y quienes la ensalzaron, como es el caso de Walter Scott, pero la obra se convirtió con el tiempo en un éxito universal. La novela cuenta con traducciones en casi todos los idiomas y se reconoce como un clásico de la literatura inglesa. Hay adaptaciones para teatro y cine, y desde su aparición ha cobrado vida lejos del texto original, que sin embargo se mantiene vivo y próximo a los lectores que buscan la fuente original. La novela es una pieza gótica magistral, muy apropiada para estos tiempos de encierro y contención por la pandemia. ¿Hubiera resistido Frankenstein el contagio del coronavirus?

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