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Libros

Sobre Bernal Díaz del Castillo y su obra cumbre


Viaje al centro de los libros.

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La ‘Historia verdadera de la conquista de la Nueva España’ de Bernal Díaz del Castillo es una pieza literaria deslumbrante, nuestra novela de aventuras por excelencia, narrada de manera fresca y natural, donde no importa si es “verdad” o no lo relatado, si la intención fue una excusa de criollos para reclamar honores y riqueza, porque lo que sí es sin duda es la crónica imaginaria o memoriosa de un viaje espléndido por el Nuevo Mundo, como llamaron los españoles a las tierras que los atrajeron con la promesa exuberante de oro y haciendas inmensas con esclavos, en clima prodigioso, con tormentas que los zarandeaban y batallas por enfrentar con ventaja o sin ella, donde la estrategia era la traición universal y el triunfo correspondía a los sobrevivientes. Leyendo las páginas de esta obra única se siente el calor en el cuerpo, la sangre correr, porque la tragedia es alimentada por las llamas de la codicia y el bamboleo que marea de las canoas en un mar Caribe estrepitoso. 

Bernal Díaz del Castillo nació en 1492 en Valladolid, el año del llamado descubrimiento de América, en los tiempos de la expulsión de los moros y de judíos sefarditas, cuando el lenguaje que hablamos estaba a punto de afirmarse en la Península Ibérica y extenderse por América. 

El idioma español floreció en la obra más conocida, el ‘Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’ de Cervantes, aparecida en 1605, pero para entonces Bernal ya había escrito en Guatemala nuestra gran obra, que terminó antes de 1570, pero no se publicó sino hasta 1632, con añadiduras y alteraciones que afortunadamente no afectan el gran sentido, porque la ‘Historia verdadera de la conquista de la Nueva España’ es una gran novela de aventuras escrita con un lenguaje fresco y cautivador, con gran poder narrativo para expresar la condición humana, la crueldad y la ambición de quienes luchaban por el oro. La lectura desde el punto de vista literario es fascinante, porque muestra un cuadro vivo de la acción humana despiadada y soñadora.

En los primeros capítulos cuenta la historia de su llegada a Cuba, y su espera para emprender el descubrimiento de nuevas tierras, en ese grupo de 110 soldados que pagaron una fortuna para participar en la aventura o negocio. Partieron con tres naves y llegaron a lo que es hoy Campeche en sus naves, y aceptaron la invitación de los nativos que habitaban la región, y cuando estaban en medio de sus viviendas advirtieron la emboscada y reaccionaron ante el ataque de guerreros con flechas y lanzas, y perdieron a la mitad de su gente, a pesar de las ballestas y escopetas. A duras penas lograron regresar a sus barcos los sobrevivientes, y por falta de marinos abandonaron una de las naves y con las dos restantes regresaron a La Habana, sin agua dulce para beber, a paso ligero por la Florida, donde también fueron expulsados. Pocos se salvaron del primer intento, pero difundieron en la isla el supuesto de oro en la zona, y así se organizó el retorno, con el doble de hombres y cuatro naves, capitaneadas por Pedro de Alvarado, Francisco de Montejo, Juan de Grijalva y Alonso de Ávila, y emprendieron la violenta conquista de nuestra tierra. Lo que sigue es un festín sin pérdida. 

La obra es apasionante, y en ella abreviaron nuestros autores esenciales. Miguel Ángel Asturias dejó los rastros en ‘Maladrón’, por el paralelismo con el trayecto de los 2 años y meses de Cortés acompañado de Marina, un grupo de soldados y miles de indígenas que iban muriendo como moscas (algunos marcados con la G de guerra), dando vueltas en círculos, abriendo brecha con las espadas entre la selva, atravesando esteros y ciénagas, construyendo puentes en los ríos para el paso de los caballos, marcando el signo de la cruz en las inmensas ceibas para indicar que la tierra era buena para el cultivo, y dejando cartas donde se decía “Por aquí pasó Cortés”, para quienes fueran a seguirles, y siguiendo las indicaciones en un paño de la dirección del Golfo Dulce. Bernal relata las dificultades, el hambre, el castigo a quienes se comieron a cinco prisioneros: “los mataron y los asaron en hornos que para ello hicieron debajo de la tierra y con piedras”. Asturias escribió su propia epopeya del mundo verde, en la búsqueda del túnel que unía los dos océanos.

Luis Cardoza y Aragón confiesa en sus memorias ‘El río, novelas de caballería’, su devoción por Bernal: ‘Este castellano antigüeño nacido en Medina del Campo a quien expropio, rehén de reconquista, es el máximo escritor guatemalteco’. Y también escribió la ‘Pequeña sinfonía del Nuevo Mundo’, donde a su manera evocó la gran epopeya previo a hacer con su propia vida el gran relato, porque ‘El río’ es la verdadera historia de su experiencia de conquista de México. 

La gran obra de Bernal es inagotable, y merece una lectura sin prejuicios.

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