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Libros

Memorias de Aurora Cáceres


Méndez Vides se adentra en la vida de la escritora peruana, conocida por su obra feminista. Además, tiene conexión con Guatemala, ya que fue esposa de Gómez Carrillo.

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La escritora y feminista peruana Aurora Cáceres, hija del general Avelino Cáceres, dos veces presidente de su país a finales del siglo XIX y después desterrado, recibió en su casa la visita de Enrique Gómez Carrillo en París en 1902, y cayó rendida ante el popular cronista del amor, del dolor y del vicio, con quien continuó escribiéndose hasta que en 1906 se convirtió en su primera esposa. Era apenas una jovencita en París que residía en un hotel con todos los lujos de entonces, sufriendo porque en su patria había visto morir en sus propios brazos al novio con quien iba a casarse. Viuda antes del matrimonio, se viste de negro y tras tres años de luto es cortejada en París por el brillante guatemalteco con fama de vividor, arrogante, de pelo enredado, pose vanidosa en las fotografías que mandaba a sus admiradoras, que usaba guantes para escribir en un escritorio clásico de madera. Ella lo evade y él no se preocupa, y años más tarde es ella quien se ocupa de salir a su encuentro, porque el guatemalteco se ha hecho más popular que nunca, porque todos hablan de sus libros ampulosos, llenos de adjetivos y dedicados a destacar todo lo bello y exótico, porque la vida solo se justificaba desde el oropel en tiempos anteriores a la Primera Guerra Mundial. No tardan en cruzarse en París, y en cosa de meses ella es seducida por el autor de moda, se casan, y cuentan como testigo firmante con nada menos que Rubén Darío.

La vida de casada con Gómez Carrillo duró un soplo. Antes de terminado el año uno, él ya no la soportaba, necesita libertad para trabajar intensamente durante el día y pasearse por los bares y restaurantes de noche, en la costumbre de ‘París-Café-Boulevard’, así que la confina a la función dominadora de referirla a la espera. Aurora, que es inteligente y activista, autora de ‘Feminismo en Berlín’, nunca ha utilizado una escoba ni abierto con sus propias manos un baúl de viaje, y si su marido se va de juerga con los amigos, ella sale al teatro con la hermana, dando lugar a la mofa de los amigos artistas que se burlan de quien sabía llevar los asuntos de honor al duelo, hábil espadachín y tirador afortunado, que se preciaba de darse a respetar, ocasionando la ruptura de la pareja.

Pocos meses duró aquella relación, pero ella no se lo apartó nunca de la mente, lo persiguió, lo siguió viendo a pesar de su nuevo casamiento con Raquel Meller, y en medio de la locura que se le atribuyó a Carrillo sobre su delación de Mata Hari, hecho que el cronista aprovechó, dada su afición al escándalo, escribiendo un libro sobre la susodicha víctima de los franceses, que le cobraron el espionaje con la condena a muerte. Gómez Carrillo le consiguió un apartamento en Niza, para que llegara a pasar temporadas, a verlo ya en la edad madura, cuando se le había escapado de las manos la gloria, porque la llamarada del Modernismo fue breve, como de tusa. Ella creyó que iban a reconciliarse, hasta que un día recibió una carta suya donde la cambió nuevamente por la salvadoreña Consuelo Suncín, la famosa amante de Vasconcelos, y viuda de Antoine de Saint-Exupéry, que fue inmortalizada como la rosa en ‘El Principito’.

Las memorias de Aurora Cáceres se lee como una novela romántica, de desesperación y amor no correspondido, donde se delatan las costumbres y contradicciones de la bohemia, y sobresale empañada la imagen de un profundo enamoramiento que la hizo dedicar su vida entera a rememorar los terribles meses de su breve delirio amoroso. ¡Qué fuerza la que habrá tenido nuestro cronista para enloquecer a la peruana! ¡Qué triste historia la de Aurora, abandonada y malquerida! Tras el fallecimiento de nuestro cronista, Aurora publicó el diario de su relación amorosa, que hoy se lee como una rara delicia. La obra de Gómez Carrillo se alimentó del escándalo y la apariencia, y pasó al olvido injusto, opacado por la moda de los surrealistas. Pero la intensidad de su vivencia permanece fresca en las memorias de su primera esposa en los años incendiarios de la fama.

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