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Libros

Una manera de morir


En este texto, Méndez Vides trae al frente una novela de Mario Monteforte Toledo.

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Mario Monteforte Toledo nació en esta ciudad de Guatemala el 15 de septiembre de 1911, y murió el 4 de septiembre del 2003, a pocos días de cumplir los 92 años. Su vida fue intensa, y abarcó con todo vigor las dos mitades del siglo XX como testigo, lo que su obra refleja y testimonia, porque escribió desde la experiencia personal, aunque nunca concluyó sus memorias y se perdió una buena parte cuando un accidente de tecnología le borró el disco duro de una computadora en la que estaba explorando la actualidad, lejos de la máquina de escribir que utilizó para sus obras medulares.

Obtuvo el doctorado en Sociología en la Sorbona de París, y regresó a Guatemala impulsado a sumergirse en sus profundidades, y fue a trabajar como abogado a Sololá, experiencia de la cual surgen sus novelas más conocidas, ‘Entre la piedra y la cruz’ y ‘Donde acaban los caminos’.

A su regreso a la capital, se descubre envuelto en la vorágine de la Revolución guatemalteca. Toma partido, se involucra en la acción ciudadana, juega un papel importante como presidente del Congreso y embajador ante la ONU. Pero la ilusión duró lo que dura el sueño, y tras la contrarrevolución termina preso, en aquellas celdas de entonces que él contaba con nostalgia, porque les llevaban de casa el azafate con los alimentos y organizaron en el encierro cátedras de filosofía y discusión. De tal experiencia, contradicciones e identificación con el libre albedrío nace la novela: ‘Una manera de morir’. Novela urbana, que se ramifica y desdobla, que retrata a la Guatemala del medio siglo y que plantea el gran cuestionamientos de mitad del siglo XX, entre ceder o no a las creencias dominantes.

Mario Monteforte Toledo escribió la novela ‘Una manera de morir’ luego de su primera estadía en México, inspirado en la experiencia de su buen amigo José Revueltas. El escritor mexicano nació en 1914 y vivió entrando y saliendo de la cárcel desde los 15 años. En 1928 ingresó al Partido Comunista, de donde fue expulsado en 1943 por sus ideas tildadas de revisionismo, tras expresar su oposición a Stalin.

La escritura de esta novela atrajo las mismas consecuencias al autor, quien ganó un concurso internacional, tras sacar el original del país clandestinamente en toda una peripecia que narra el traductor de la novela al inglés, Seymour Menton, quien la llevó por tierra hasta Costa Rica. La novela apareció publicada en México. Las mismas reacciones y críticas que persiguieron a Revueltas persiguieron a nuestro autor. La izquierda institucionalizada lo rechazó. Se peleó con los amigos en el exilio, hasta las trompadas, cuando ‘Tito’ Monterroso ironizó con su estilo característico que esa no era una manera de morir sino de vivir, y se aisló en el extranjero.

Una editorial conocida quiso encargarse del lanzamiento continental de la novela, pero le pidieron eliminar el capítulo donde se mofa de la Iglesia, y Monteforte rechazó la propuesta. También detuvo la película que se iba a filmar, porque percibió que se instrumentalizaría la producción en contra de Stalin, y no quería ser señalado de “revisionista”.

Fueron muy escasas las ediciones de la novela, una en México, otra en España, y las traducciones, porque el mismo Mario en vida se opuso a su difusión, como demostró al desatar toda una tormenta en París tras encontrar reimpresa sin su permiso la traducción de Gallimard para hacerle un homenaje.

La ironía lo persiguió incluso después de la Perestroika y la caída del Muro de Berlín, porque en el cuarto de forros de su última novela, Alfaguara deslizó una errata singular, al mencionar entre las obras publicadas del novelista una de título ‘Una manera de vivir’. Recuerdo a Mario mostrándome el error profundamente conmovido, pero resignado. Yo le comenté que aunque él se opusiera, su obra ya existía y tarde o temprano sería recuperada. Aceptó que tal vez sucedería después de muerto. En México ya se reverencia a Revueltas, así que tal vez por aquí sucede lo mismo con Mario Monteforte Toledo y su gran novela vuelva a circular.

Fue un gran escritor y conversador. Mis hijas lo apodaban ‘el comeniños’ y desaparecían en cuanto él llegaba a casa para no incomodarlo, aunque se mantenían escuchando a escondidas sus interminables anécdotas y recuento de aventuras. Hace falta su presencia en esta tierra nuestra, y de haber vivido hasta la fecha nos hubiera podido contar su experiencia infantil de la Gripe Española, que le tocó vivir pero de la que no dejó escrita memoria alguna.

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