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Insólito

Islas Diómedes: dos lugares completamente diferentes a solo cuatro kilómetros de distancia


Entre las dos islas pasa la Línea Internacional de Cambio de Fecha, es decir que hay casi un día de diferencia horaria entre las dos.

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El origen de las Islas Diómedes es otro claro ejemplo de la cantidad de fronteras extrañas y desconocidas que se encuentran dibujadas a lo largo y ancho de la Tierra. Estas islas se ubican en el estrecho de Bering, separando Estados Unidos de Rusia por menos de cuatro kilómetros, siendo una frontera poco conocida entre los continentes de Asia y América.

Una de las particularidades de estas islas es que entre ambas pasa la Línea Internacional de Cambio de Fecha, por lo que cuentan con una diferencia de 21 horas entre ellas, aunque la hora solar sea la misma.

Esta línea imaginaria que se extiende de polo a polo sobre el océano Pacífico es la responsable de que Diómedes Mayor pertenezca a Rusia y Diómedes Menor a Alaska, Estados Unidos.

De acuerdo con una publicación del Clarín, en invierno, con las aguas que fluyen desde el mar de Chukchi convertidas en un bloque sólido de hielo, se puede caminar de la una a la otra o hacer el recorrido en esquís, aunque teóricamente sea ilegal. 

Islas Diómedes entre Rusia y Alaska, Estados Unidos.

Esto dejó de ser habitual después de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Asimismo, en 1948, los rusos trasladaron por decreto a todos los habitantes de Diómedes Mayor a Siberia, con el fin de que “no se contaminaran de las costumbres decadentes de Occidente”.

En la isla de Diómedes Mayor, únicamente dejaron una estación naval con satélites de observación, con el objetivo de vigilar al enemigo y evitar que las personas de la otra isla cruzaran a sus tierras.

Por lo contrario, en Diómedes Menor, con una superficie de poco más de 7.36 kilómetros cuadrados, viven 150 personas, pertenecientes a la etnia Inuit, nombre que se les da a los grupos de esquimales. El frío extremo que provoca condiciones difíciles para la vida humana provoca que la gran parte del tiempo el agua del Océano esté congelada, conectando así el archipiélago.

El escaso centenar de habitantes de la Pequeña Diomedes viven de la pesca del salmón y los cangrejos rey (una delicatessen muy cotizada, sometida a estrictas cuotas anuales), y de la caza de osos, focas y morsas (que le está permitida a los indígenas). 

En la población hay escuela, tienda de comestibles, oficina de correos y un centro comunitario donde se celebran las danzas tradicionales, con acceso a internet durante unas horas a la salida del colegio, para que los niños se conecten y se diviertan con sus videojuegos.

Conflictos

Los habitantes de esta región entre el mar de Chukchi y el mar de Bering se consideran un solo pueblo y la frontera es para ellos un estorbo. Esta se marcó por primera vez en 1876, cuando Estados Unidos compró Alaska a una Rusia zarista con falta de liquidez. Pero en aquél entonces nadie le hizo mucho caso.

Después de 1948, cuando Rusia obligó a los habitantes de la Diómedes Mayor a trasladarse a Siberia, separando a decenas de familias que nunca se volvieron a ver. Esto provocó que con el tiempo las tradiciones de dicha cultura se vayan perdiendo.

Al final de la guerra fría, en 1987, una mujer llamada Lynne Cox nadó los 3.8 kilómetros que separan las Diomedes, en medio de una niebla espesa y fuertes corrientes, con el agua a solo tres grados de temperatura y grave peligro de hipotermia.

Lynne Cox en 1987.

A su llegada, los soviéticos se resistieron a dejarla pisar la isla Grande, pero finalmente el gobierno accedió, e incluso envió una delegación de deportistas, dignatarios y agentes de la fuerza de seguridad fronteriza, para que le dieran la bienvenida. 

Poco después, el presidente ruso, Mijaíl Gorbachov, viajó a Washington para firmar con Ronald Reagan un tratado de reducción de armas nucleares.

En 1991 con el fin de la Guerra Fría, el conflicto que dividió el mundo en dos bloques, estos habitantes esperaban poder reanudar el contacto de forma regular con sus parientes del lado ruso, pero no fue así.

La geografía de la Isla de Ayer y la Isla de Mañana, como también son llamadas, han permitido pensar en una autopista intercontinental, pues por medio de unos túneles o una serie de puentes interconectados sería posible conectar Asia con América, lo que hasta el momento solo se ha mantenido en la teoría.

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