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Insólito

¿Por qué la mayoría de los aviones son blancos?


El peso de la pintura en los aviones corporativos puede sumar decenas de kilos, mientras que la capa en un avión comercial promedio puede pesar más de 100 kilos.

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Basta con echar un vistazo a la pista de estacionamiento de un aeropuerto para ver que el blanco y, en general, los colores más claros, son los que predominan en la mayoría de los aviones, desde los pequeños jets ejecutivos hasta los aviones insignia.

Por supuesto, habrá muchos aviones en otros colores en esa misma pista de estacionamiento y las libreas de las aerolíneas son como un arco iris: llenas de matices y patrones. Aun así, para la mayoría de los aviones eligen el color lechoso y esta preferencia tiene una explicación lógica.

Las propiedades de la pintura y para qué pintar los aviones

La primera actividad relacionada con la elección del color para un avión de pasajeros es el trabajo de pintura. Aunque parezca sencillo, pintar un avión es un proceso complejo.

La mayoría de las piezas se cubren con capas de imprimación, pintura de color y algo de barniz protector. Además, puede haber muchas capas en cada etapa, cuyo número exacto dependerá de la librea elegida para un avión.

El número de capas también afectará al peso de la pintura, ya que a pesar de que cada una de ellas tiene solo una fracción de milímetro de grosor, hay que tener en cuenta el área que cubre, y a veces esas áreas son enormes.

El peso de la pintura en los aviones corporativos puede sumar decenas de kilos, mientras que la capa en un avión comercial promedio puede pesar más de 100 kilos, en los aviones más grandes puede llegar a superar una tonelada. Es un peso considerable.

Precisamente el peso de la pintura explica por qué al principio del siglo XX la vasta mayoría de los aviones no eran pintados y resplandecían con el metal al desnudo. De hecho, incluso hoy en día se pueden ver aviones así.

Al fin y al cabo, en lugar de la pintura, se puede añadir más asientos para los pasajeros, vender más billetes y gastar menos combustible gracias a la reducción de peso o, por el contrario, la reserva de combustible puede ser mayor y, por tanto, la autonomía aumentará.

Uno de los ejemplos más conocidos en la historia de la aviación civil ha sido el caso de American Airlines, cuyos aviones por muchos años no se pintaban, dejando a la vista el pulido metal plateado. Incluso podría decirse que así no solo ahorraban en peso, sino también obtenían una imagen destacaba entre los demás.

Sin embargo, esta solución no llegó a ganar popularidad porque en realidad tiene un coste encubierto. Este metal desnudo se enfrenta a todo tipo de vientos y está expuesto a otros elementos, por lo que se oscurece muy rápidamente y puede incluso desarrollar corrosión.

De hecho, estos aviones necesitaban mucha más atención y mantenimiento que los pintados, así como un pulido regular. Como resultado, la empresa acabó gastando más de lo que realmente se ahorraba.

Es por esta razón que con el tiempo todos sus aviones se ajustaron a un patrón de colores más convencional, pasando del plateado brillante al más práctico gris claro.

Cabe destacar que esto le ocurre a la mayoría de las construcciones metálicas que están expuestas a cualquier ambiente, desde vehículos hasta edificios. Un ejemplo de ello es la torre Eiffel, que en realidad se pinta cada cierto tiempo.

¿Pero por qué el blanco es el más elegido?

Lo primero que hay que tener en cuenta es el peso del revestimiento. No es que la pintura blanca pese menos que otros colores, como el azul o el rojo. Lo que ocurre es que el color blanco es sencillo y requiere muchas menos capas para que se vea bien y no tenga un aspecto opaco.

Así que, si se requiere un aspecto colorido para un avión hará falta más pintura, más capas y todo ello pesará más. El siguiente factor está relacionado al mismo problema. La cantidad de capas se correlaciona con la dificultad de un trabajo de pintura y, por tanto, con su coste.

Pintar un avión entero ya es una tarea difícil de por sí, pero hacerlo varias veces es aún más difícil. Teniendo en cuenta que esto puede costar cientos de miles de dólares, muchos están ansiosos por minimizar los costes.

El tercer factor es simplemente el efecto de la producción en masa. Puesto que la pintura blanca es tan popular, la hay en cantidad, lo que la hace más barata y accesible. Esto significa que comprar la pintura blanca y trabajar con ella será más fácil en comparación con otros colores más exóticos, que hay que conseguir de alguna manera y averiguar cómo ponerlos en capas correctamente.

Por último, también entra en juego la vida útil. Cualquier pintura tiende a decolorarse con el tiempo, pero los tonos más oscuros lo hacen más rápido que los claros, y cualquier defecto se nota al instante. Como consecuencia, eso obliga a las aerolíneas a enviar sus aviones a mantenimiento de superficie con más frecuencia, y eso puede llevar mucho tiempo, desde días hasta incluso un par de semanas.

Ese par de semanas son perjudiciales, ya que el avión está parado, sin vuelos y sin aportar beneficios, mientras que el coste del mantenimiento es aún mayor, ya que el trabajo de pintura es más difícil de realizar.

El blanco se vende y vuela mejor

En el mercado se prefiere el color blanco en los aviones y esto no tiene nada que ver con la relación aerolínea-consumidor, sino de la relación entre las aerolíneas. Y es que muchos aviones no vuelan bajo una sola bandera, sino que también se alquilan a otras aerolíneas, o se venden en el mercado secundario.

Lógicamente, un avión que en su mayor parte es blanco es más fácil de adaptar a la librea de una nueva aerolínea. Pero si, en cambio, está completamente cubierto con los colores de otra empresa, hace falta repintarlo por completo y esto acarrea costes adicionales.

El funcionamiento del avión también tiene sus matices. Ante todo están las propiedades de reflejo del color blanco, que a diferencia del color negro no absorbe toda la energía del sol.

Esto significa que en un aeropuerto de una ciudad soleada, un avión de color oscuro o negro absorberá la mayor parte de los rayos solares y se calentará mientras está aparcado. Esto genera incluso más gastos, puesto que el aire acondicionado tiene que operar con más intensidad.

Además, la superficie del avión puede calentarse hasta unas decenas de grados centígrados mientras está en tierra y en vuelo baja unas decenas de grados bajo cero. Eso ocurre muchas veces al día. Los materiales se expanden al calentarse y se contraen al enfriarse y esas fluctuaciones estructurales afectan a la fiabilidad y vida útil.

Como el color blanco refleja la mayor parte de la luz, es mucho más apropiado desde este punto de vista. El avión seguirá calentándose en tierra y enfriándose en vuelo, pero las fluctuaciones de temperatura no serán tan drásticas.

Blanco: el color de la seguridad

Otro aspecto importante, pero apenas perceptible, es la seguridad. No a largo plazo, sino en lo inmediato. El color blanco, puede mancharse fácilmente. Aunque en otros casos pueda parecer algo negativo, tiene un importante aspecto positivo: durante una revisión visual, cualquier defecto, daño o fuga se detecta fácilmente en un fuselaje blanco.

Además, según algunos estudios, el blanco y los colores más claros en general hacen que el avión sea más visible para los pájaros, que pueden apartarse rápidamente del camino si se cruzan en el cielo. Esto contribuye a la seguridad de los vuelos.

A pesar de todos los factores expuestos, cabe señalar que muchos de ellos tienen una importancia que es notable, pero no crítica. Por lo cual, en muchas ocasiones las aerolíneas están dispuestas a correr gastos adicionales con tal de destacar entre la competición y ser más atractivas para los viajeros.

Asimismo, la seguridad de vuelo no se ve afectada de una manera crítica como para que sea posible prohibir los vuelos de aviones que no sean blancos. Basta con mirar las aeronaves militares, que casi siempre están pintadas en colores oscuros.

De hecho, las libreas de los aviones es probablemente la única cosa que no está regulada por la mayoría de los reguladores de aviación, razón por la cual seguiremos viendo en el cielo aviones coloridos, a pesar de que sean menos beneficiosos en términos económicos.

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