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Cine&TV

Los 25 años de “Showgirls”


El documental ‘You don’t Nomi’ celebra a la incomprendida película de Paul Verhoeven sobre el mundillo de las ‘strippers’ de Las Vegas. Un filme que con los años pasó de bodrio a obra maestra.

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Paul Verhoeven y Joe Eszterhas, entonces conocido como “el guionista mejor pagado de Hollywood” habían triunfado con ‘Instinto básico’ (1992), una película célebre por su controvertida ausencia de ropa interior. Al holandés le fallaron un par de proyectos gordos, y se avino a volver a unir fuerzas con Eszterhas para elevar la apuesta de la provocación sexual con una exploración del submundo de las bailarinas de Las Vegas, de los clubs de ‘tap dance’ como el Cheetah a los grandes espectáculos del Stardust. El guionista se entrevistó con 200 bailarinas para pergeñar su libreto, por el que cobró US$2 millones, uno menos que por ‘Instinto básico’.

En su afán por maridar el carácter irremediablemente explícito de la propuesta con las aspiraciones comerciales de la MGM, ‘Showgirls’ se convirtió en la película clasificada NC-17 (para mayores de 17 años) con mayor presupuesto –US$45 millones– y la mayor distribución –1,338 salas– de la Historia. Pero fracasó. Al cabo de un año de exhibición en Estados Unidos apenas si había recuperado la mitad del presupuesto, aunque se amortizó con las ventas internacionales y el video. El público la odió, la crítica la aborreció, la ridiculizaron en la televisión, y le cayeron una lluvia de ‘razzies’, los antipremios que señalan lo peor del año.

Verhoeven también hizo historia al ser el primero en personarse para recoger sus ‘razzies’, recordando con humor que, en su Holanda natal, tacharon sus películas de “decadentes, perversas y sórdidas. Llevo 10 años en Hollywood donde también las califican de decadentes, perversas y sórdidas”.

You Don’t Nomi’, el documental de Jeffrey McHale que puede verse en las plataformas digitales, es una genialidad ya desde el título –un juego de palabras a partir del nombre de la protagonista, Nomi Malone, interpretada por Elizabeth Berkley–, que señala la incomprensión en torno al filme.

VULGAR, BAJO Y RASTRERO

“Es imposible ser más vulgar, bajo y rastrero”, sentenció Todd McCarthy en ‘Variety’, reconociendo irónicamente como “única virtud” que la sensibilidad del filme casaba a la perfección con el mundo que describía, esa Meca del Mal Gusto que es Las Vegas. No se le perdonó a Verhoeven que, en vez de observar el objeto de su estudio desde una distancia crítica y condescendiente, optara por apretar a fondo el acelerador del exceso sublimando la vulgaridad en un espectáculo barroco y apabullante.

El mayor “elemento de extrañamiento” fue, sin embargo, la histriónica actuación de la Berkley, cuya incipiente carrera quedó hecha añicos por seguir las indicaciones de Verhoeven. Es lícito preguntarse si valió la pena, pero lo cierto es que la película no solo no ha envejecido mal, sino que ha sobrevivido a todos sus creadores.

En tiempos actuales, el culto a esas uñas largas cual garras de panteras, otro de los ‘leitmotivs’ del filme, ya no se percibe como tan excesivo. Y hoy se entiende mejor la visión de Verhoeven que, aunque adora visiblemente el cuerpo femenino, no es misógina. Lo era la época, cuando no se entendía que Nomi pudiera ser atractiva y dura al mismo tiempo, una prostituta decidida a dejar atrás su pasado para convertirse en diosa (de postín), utilizando su cuerpo y su sexo para conseguirlo. Una mujer vulgar, sin estudios, que se alimenta de hamburguesas y papas fritas. Una mujer finalmente capaz de vengarse del hombre que ha atacado a su ángel de la guarda, el único personaje “bueno” de toda la película.

Si Molly, ese ángel, acaba tan mal, quizás sea porque su sueño era acostarse con un espantoso cantante de rock para adultos contemporáneos (AOR). Un sueño equivocado, como ese Sueño Americano del que Las Vegas es quintaesencia hiperbólica. No es casual que suene el ‘I’m Afraid of Americans’, de Bowie. Verhoeven también debía estar asustado, a la vez que fascinado, por una cultura capaz de lo mejor y de lo peor, a menudo al mismo tiempo. A la América de entonces no le gustó verse reflejada en una película cuya filosofía, como resumió Jacques Rivette, se resume a “sobrevivir en un mundo poblado de cabrones”. Nomi es una superviviente, y el público de entonces consideró que no se lo merecía.

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