Jueves 1 DE Octubre DE 2020
El Acordeón

Los ángeles guardianes

La Telenovela

Fecha de publicación: 06-09-20
Por: Ana María Rodas

En algún momento tienes que reconocer a la persona que, como enviado por el universo, incide en explicarte en qué punto te encuentras en el recorrido de alguna de las empresas en tu vida y, además, lo da a conocer públicamente. Incluso sin conocerte. Mejor si no te conoce y, solo ha leído cinco o seis poemas aparecidos en algún suplemento literario.

Así entró en mi vida el escritor Erich Hackl, el celebrado -y con razón- novelista austríaco cuyos conocimientos del español, unidos a la generosidad que lo singulariza, lo han llevado a traducir al alemán a diversos autores latinoamericanos: entre ellos, Idea Vilariño,  Rodolfo Walsh,  Juan José Saer, Eduardo Galeano, etcétera. Y entre los guatemaltecos, Rodrigo Rey Rosa, Humberto Ak’Abal y quien esto escribe.

Erich estudió en las universidades de Salzburgo, Salamanca y Málaga. A finales de los años 70 fue lector de Lengua alemana y Literatura en la Universidad Complutense de Madrid, y por supuesto, ha sido catedrático en el departamento de Románicas de la Universidad de Viena.

Sus funciones académicas jamás le impidieron escribir una veintena de novelas y ensayos que han sido traducidos a muy diversos idiomas: desde el español hasta el japonés. No sé a ciencia cierta si han traducido un libro de poesía que fue publicado en Madrid hace un par de años, llamado Este libro es de mi madre.

Erich leyó los poemas de una tal Ana María Rodas en el suplemento literario de un periódico nicaragüense por allá a finales de los años ochenta. No sé cómo me siguió la pista, pero estando yo trabajando en la singular revista Crónica -que el señor Arzú tuvo a bien matar- me llegó una carta de la Municipalidad de Viena, invitándome a participar en la Semana Literaria Latinoamericana, que se iba a efectuar en Viena, en octubre de 1989.

En ese tiempo apenas había sido invitada al simposio “La mujer como escritora y protagonista”, en la San Diego State University de California en el año 1984. Al Programa de Poesía de la Ciudad de Nueva York, en septiembre de 1986, y a la III Feria latinoamericana del Libro, Nueva York, en 1989.

Al llegar a Viena supe que Erick había producido un libro titulado Das Herz des Himmels, una antología de escritores guatemaltecos publicada en alemán por la editorial Herder de Viena en el año 1986. Verme traducida al lado de mis mayores: Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Pepe Batres Montúfar me produjo esa conmoción que hace que una se dé cuenta de la responsabilidad que tiene como escritora.

Posteriormente, Erich tradujo al alemán los Poemas de la izquierda erótica y así fue como entré al mundo literario de América Latina que encuentra eco en diversos países de Europa.

Por aquella traducción al alemán que llevó a cabo Erich Hackl, y que fue difundida por la editorial mencionada, he sido invitada desde aquel año de 1989 en Viena, a diversos festivales y ferias literarias en países latinoamericanos y de Medio Oriente.

Por supuesto, es difícil olvidar aquella Semana Literaria Latinoamericana en Viena. Con el argentino Eduardo Galeano quien fue uno de los primeros autores que reconoció los problemas de Guatemala, el escritor cubano y cineasta Jesús Díaz, el brasileño Rubem Fonseca y, por supuesto Nicanor Parra.

Viena es una ciudad que se te prende en el pecho, con la arquitectura que le caracteriza: los palacios de la época de la monarquía, las maravillosas casas del Jugendstil o Art Nouveau, la Sala de la Ópera. La oportunidad de escuchar a los Niños Cantores de Viena en la misa de las 8 de la mañana en La Catedral. El fabuloso mercado al aire libre en la Kettenbrückengasse, la estación del metro más concurrida por los turistas que visitan Europa.

Todo eso me cayó del cielo en aquel mes de octubre de 1989. Nos cayó del cielo a los escritores que Erich Hackl reunió en Viena en octubre de 1989, dejándonos las mañanas libres para ir a los cafés, a los parques, para asomarnos a los puentes y ver correr las aguas del Danubio.

Erich, el novelista austriaco, el amigo querido, mi traductor al alemán. El enviado del universo para que confiara en lo que había escrito y siguiera mi camino con mayor certeza y voluntad.