Sábado 15 DE Agosto DE 2020
El Acordeón

“Qui va piano va lontano”, como se diría en italiano

De cualquier modo, quien apuesta siempre se la juega, pero también es cierto que ha habido veces (muchas veces) en que esta apuesta ha parecido ser más complicada y más arriesgada…

Fecha de publicación: 02-08-20
Por: Rogelio Salazar de León

En las carreras de fondo, por lo regular, no hay obstáculos porque el obstáculo principal es la distancia, ya se sabe, lo que se requiere es aire, lo que se dice, condición aeróbica.

Nuestro actual presidente es, justamente, eso lo que ha demostrado: ser un corredor de fondo, ha tenido que sudar su propia maratón para llegar, por fin, a la meta; la ha luchado, ha velado sus armas, cual caballero andante, se ha lamido sus heridas, y así han pasado, de cuatro años en cuatro años, períodos en los que ha quedado probada su paciencia, su templanza, su constancia, su tenacidad (todos valores positivos).

Lo que no termina de estar claro es, si las cosas son lo que parecen o, más bien, para intentar decirlo mejor, si las cosas son solo lo que parecen, porque, de hecho, la apariencia es únicamente una forma de ser, pero a lo mejor hay más…, para usar una metáfora pueril: las cosas, acaso son como el iceberg, que tiene una gran parte de sí (la mayor) sumergida.

En todo caso, no se puede llegar a alcanzar la meta que ha alcanzado el presidente Alejandro Giammattei sin adquirir, como poco, algunos compromisos, sin pactar algunas cosas; y, digamos, que eso, siendo como una mancha, está bien, porque a estas alturas no podemos hacer como si viviéramos en un mundo perfecto, idílico y limpio, a estas alturas del partido debemos intentar, al menos, ser realistas.

Esa es una suerte de conformidad a la que, necesariamente, hay que llegar, porque al ver, de entrada, su equipo de trabajo o de gobierno algunos de esos compromisos saltan a la vista: restos y retazos de partidos desmantelados, desprestigiados, destripados y desaparecidos (para qué mencionar iniciales y cosas de cuyo nombre no quiero acordarme), además de algunos lacayos, de esos que antes se han conformado con acarrear equipajes de un punto A. a un punto B.

Sin embargo todo aquello lo sabemos bien y, digamos, que está asumido; por eso vamos a lo que importa, a lo nuevo, a la prueba de fuego: a la pandemia de la que todos sabemos, más o menos, algo; hay que decir que su primera consecuencia fue cortar de tajo la luna de miel de los primeros días del nuevo gobierno, porque de forma inevitable obligó, en el plano interno y en el externo a enfrentar algunas cosas, situaciones coyunturales, algunas viejas y otras no tanto.

Quizá, lo primero que haya que decir es que durante los primeros ‘rounds’ contra el virus, el presidente la supo llevar, salió con la cara limpia, sin mayores golpes; su campechanía, su gracia y su sencillez le valieron algunos puntos en estos primeros asaltos.

El problema es que cuando de gobernar se trata (sobre todo un país tan disparejo como el nuestro) un púgil no solo debe tener la capacidad de guardar y conservar la distancia, también debe tener pegada y, sobre todo, cintura, ante muchos de los distintos pelajes y colmillos de la fauna ciudadana.

…Y la verdad de las cosas sea dicha: no es tan fácil aguantar el tipo y seguir siendo encantador con una élite que lo ha visto sobre el hombro, con menosprecio y como poquita cosa; ante lo cual, de pronto, comienzan a aparecer signos claros de alianzas inesperadas, de sótanos podridos, de forcejeos dificultosos y pulsos tensos…, de todo lo cual, tal vez, solo alcanzamos a ver poco: ayunos, plegarias y bendiciones repetidas sin cesar una y otra vez; además de que la dudosa reputación de la que hablan sus iniciales alianzas, muy rápido va dejando de ser solo dudosa.

Sin saber mucho más y con tanto tiempo por delante, no importa si se ha crecido entre primera comunión, confesión semanal y procesiones por pascua, siempre que algún claro en el bosque se abra por donde merodean lobos mañosos y, también, por donde pastan los rebaños de otros pastores, o bien, al brillo de plata a golpe de mordida o de cash ¿por qué no…?

Entre controles dificultosos, chantajes tan expresos como tácitos, reuniones encubiertas y consentimientos dados para que la pita se vaya rompiendo por lo más delgado, Guatemala y su nuevo presidente se van alineando a los niveles de siempre, a los consabidos de toda la vida, porque como lo dijera, con sabia, retórica un cantante famoso: “…la vida sigue igual…”; de manera que la gran nación del norte sigue sugiriendo, marcando y dictando la agenda.

Una agenda que ahora está por verse, porque noviembre está cada vez más cerca; y para el actual Mr. President, ya se sabe lo que somos: poco menos que una reposadera que le pesa tener tan cerca, aunque, nuestras quejas, de que no se nos trata como aliados, sean airadas; sin embargo, la ventaja mínima, leve y casi intangible es que para el otro candidato (que de seguro nos conoce mejor), también ya se sabe lo que somos: la misma cloaca, pero a la que hay que procurar un poco de aire, un poco de repello, algo de maquillaje, para que sea un vecino menos indecoroso.

De alguna manera, es probable que los ayunos, las plegarias a dioses propios y ajenos, las reiteradas y necias bendiciones, los encuentros en los claros del bosque con otros pastores o con lobos especialistas en asaltos a niñas, señoritas y abuelitas, pero sobre todo, los puntos por donde la pita va resultado más frágil y, consecuentemente, reventándose, sean un cúmulo de señales, si no del todo claras, al menos indicativas del rumbo de la apuesta de nuestro corredor de fondo, para noviembre.

De cualquier modo, quien apuesta siempre se la juega, pero también es cierto que ha habido veces (muchas veces) en que esta apuesta ha parecido ser más complicada y más arriesgada… Trump o Biden, cara o cruz, entre tantas bendiciones parece ser la cruz, total la carta del Joker ya está fuera de juego, aunque, bien entendidas las cosas, ¿quién sabe…?