Lunes 1 DE Junio DE 2020
El Acordeón

Buscando a mi padre encontré al escritor

El 15 de mayo de 1984, hace 36 años, Luis de Lión fue secuestrado por miembros del ejército de Guatemala en la 2ª. Avenida y 11 calle de la zona 1 de Ciudad de Guatemala. 20 días después era asesinado, de acuerdo a la ficha 135 del denominado Diario Militar. Sus crímenes, ser maestro de escuela, militante de izquierda y uno de los más grandes escritores nacionales del siglo XX. Coincidiendo con la fecha de su desaparición forzada, las Ediciones del Pensativo publican El papel de la belleza, un volumen que reúne la poesía completa del autor de obras emblemáticas como El tiempo principia en Xibalbá. El libro contiene un importante prólogo escrito por su hija Mayarí de León, del cual publicamos una versión editada por ella misma.

Fecha de publicación: 17-05-20
Por: Mayarí De León González

Ha sido un reto emocional y de aprendizajes, ordenar objetos, ropa, algún mueble y pequeñas montañas de papeles y libros de mi padre, de su historia familiar e ir sumando aportes comunitarios y de diversas personas, amigas o conocidas, que facilitan entrar en el surrealismo de una historia que no ha terminado, una historia de la que Luis de Lión se empoderó y que a través de sus escritos, juega –visual y fonéticamente– , dejándonos pistas para que no nos perdamos en la oscuridad del olvido.

El tañir de las campanas, los árboles llenos de nidos y parásitas, y el canto de los guardabarrancos son parte intrínseca de la memoria y existencia del niño interno de Luis de Lión, quien alimentó la creatividad del artista comprometido con su país y, ambos, como parte de un hermoso juego de imaginación y rebeldía, cobran vida en su poesía.

José Luis de Lión Díaz, Luis de Lión, nació en San Juan del Obispo, Antigua Guatemala, el 19 de agosto de 1939. Es el menor de cinco criaturas procreadas por María Venancia Díaz Sicán y Ángel María De León. Tuvo una niñez con limitaciones materiales, llena del amor y sabiduría de sus abuelos maternos, campesinos que nutrieron su imaginación.

Becas permitieron que terminara sus estudios primarios, secundarios y se graduara de Maestro de Educación Primaria en el Instituto para Varones Antonio Larrazábal (INVAL), en 1960, siendo entonces ya, un militante revolucionario.

Intenta estudiar en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) pero su condición económica se lo impide y se promete que una parte de su salario será para comprar libros que le enriquezcan no sólo a él, sino también a otras personas. Esa práctica lo lleva a establecer nexos con escritores e intelectuales de la época, quienes abogaron para que obtuviera una plaza del Estado, en la ciudad, trasladándose con su familia en 1973. Ya para entonces, había publicado los libros de cuentos Los zopilotes (1966) y Su segunda muerte (1969); obtenido el segundo lugar en los Juegos Florales de Quezaltenango, por su novela El tiempo principia en Xibalbá (1972), había sido dirigente estudiantil y acuerpado luchas magisteriales.

En junio de 1973, después de la manifestación del Día del Maestro, es detenido y brutalmente golpeado. De acuerdo con la carpeta de delincuentes y criminales del Archivo de la Policía Nacional, fue acusado de desorden público. Es liberado gracias a la Asociación de Estudiantes Universitarios de la USAC. Esta detención templó en acero su cualidad de ser transparente como un niño y seguro como un comunista de cepa, en su postura ideológica y política.

Se sometió a exámenes de oposición para dar clases en el área de Ciencias Filosófico-Literarias en la Escuela de Psicología de la USAC, en 1976, en donde trabajó hasta 1983. Y, comprometido con las luchas sociales, publica de manera dispersa su poesía en periódicos estudiantiles, magisteriales y sindicales, firmando con los pseudónimos de Pedro Sicay y Juan del Día.

En octubre de 1978 le diagnostican diabetes y en septiembre de 1983, en medio de un país convulsionado por la violencia política y una represión desenfrenada, es despedido de la USAC por no contar con créditos académicos universitarios pero sigue trabajando ad honorem pues para él, ser educador era un placer.

“El maestro no es un apóstol, es un trabajador”

Después de graduarse como Maestro de Primaria, alfabetiza y fomenta la lectura en su aldea natal, promoviendo eventos artísticos y educativos diversos. A finales de los años sesenta, planteó la necesidad de una educación bilingüe, derivado de su experiencia como maestro de grado en la aldea Xequistel, municipio de San Antonio Palopó, Sololá.

Fue dirigente del Frente Nacional Magisterial (FNM) y fundador del Comité de Emergencia de Trabajadores del Estado (CETE), además de militante en el clandestino Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). Amaba la vida, la alegría y el conocimiento, leía, investigaba, escribía y creía con todo su ser que la utopía era posible. Cuando la oscuridad cubrió el país y leer se constituyó en delito, hizo una bóveda subterránea donde escondió parte de su tesoro más preciado, un pedazo de él mismo, sus libros. Dos veces fue cateada la casa de su aldea natal.

Al no tener responsabilidad como docente universitario, desde diciembre de 1983, tuvo más tiempo para escribir y por ello, libros como La puerta del cielo y otras puertas, una parte de sus poemarios y los talleres de literatura infantil, datan de los primeros meses del 1984. Así, el poema Y Dios creó a la mujer fue concluido el 14 de mayo y, en su máquina de escribir, quedó inserta una página con un cuento infantil, que él pidió a su hijo Luis Ixbalanqué, no fuera removida, cuando salió de su casa ubicada en San José Las Rosas, zona 8 de Mixco, el 15 de mayo de 1984.

Mi hogar fue una historia de amor

José Luis de León Díaz contrajo matrimonio en 1965 con una joven de su comunidad, María Tula González García, con quien procreó tres hijos: Dina Mayarí (1966), Luis Ixbalanqué (1969) y Hunahpú (1977), quien falleció al nacer.

Aunque tuvieron diferencias por la militancia política del escritor, era una relación estable, en donde prevaleció su amor de pareja. Ella fue, en muchos casos, un filtro de lo que escribía, pues deseaba que sus ideas fueran comprensibles para un público amplio.

Como muchos hombres de su tiempo, se emborrachó muchas veces, pero, después de su detención en 1973, su compromiso social se ahondó y, en uno de sus cuadernos de apuntes indica que el licor es uno de sus enemigos a vencer y que, si aspira a ser comunista, debe erradicarlo de sus fines de semana. Lo logra, pero los cigarros Plaza carcomen sus bolsillos hasta que aparece la diabetes.

Luis priorizaba la educación, la salud y la alimentación, que era casi vegetariana. Los libritos de Rius y Mafalda nos acompañaron, escuchando música clásica y de marimba. Siempre tuvo tiempo como papá, inventándonos un cuento de cada cosa, hablándonos bella y rudamente de la vida. Él nos enseñó a leer y escribir a mi hermano y a mí, además de apoyar y respetar nuestra individualidad. Nuestra familia vivía en la hoja de un libro: en una casa de dos aguas de madera reciclada con cuatro ventanas, rodeada de milpa, una mata de clavel, una de rosa reina y una enredadera de maracuyá, a la orilla de un barranco en cuyo fondo serpenteaba un río, junto a una alameda de donde volaban pájaros que entraban a nuestra mesa y picoteaban nuestro canasto de frutas, con animalitos y personas que se convirtieron en personajes de sus cuentos y poemas.

El arroz con leche que lo espera

El último fin de semana de abril de 1984, Luis llegó a su San Juan del Obispo a presentar una función de títeres para menores; a enterrar un paquete de documentos (que recién encontramos en el jardín de su casa) y, a despedirse, sin que él lo supiera, de la aldea.

Enfermó. Durante dos semanas no llegó a dar clases en la escuela José Clemente Chavarría, zona 8 de la ciudad capital. El 14 de mayo se presentó ante sus alumnos, visiblemente delgado y con mayor dificultad visual.

El 15 de mayo de 1984 le pidió a su esposa cocinarle un arroz con leche, motivado por el vaso que uno de los niños le llevó por la mañana. A las cuatro de la tarde salió a recoger unos cassettes con música clásica a la Radio Centroamericana. Nunca regresó.

Después de su desaparición forzada, en la 2ª. Avenida y 11 calle de la zona 1 de Ciudad de Guatemala, el acervo de la Biblioteca de San Juan del Obispo sobrevivió en la clandestinidad, mientras que parte de sus manuscritos fueron resguardados, tal y como él lo pidiera, por Francisco Morales Santos.

En 1992, dirigentes comunales retornan la Biblioteca comunal a su lugar de siempre y le ponen a una calle y a la Biblioteca, José Luis de León Díaz, como un reconocimiento a su labor educativa y cultural en su aldea natal.

Su desaparición forzada arrasó con violencia la estabilidad emocional de su familia, marcándola para siempre, no así la solidaridad de amistades y compañeros del escritor, quienes, en medio de limitaciones reales, les dieron apoyo para sobrevivir.

Su esposa y su hijo de 14 años lo buscaron por donde todas las familias buscaron a sus seres queridos, sin resultado alguno. De acuerdo a la ficha 135 del denominado Diario Militar, fue asesinado el 5 de junio de 1984 junto a otras trece personas.

Trenzando una búsqueda

Ordenar las muchas hojas manuscritas, ha sido como conversar con mi padre y caminar en una línea de información e historia de mi familia, de mi comunidad, de Guatemala.

La construcción de esta antología [El papel de la belleza, Ediciones del Pensativo, 2020] fue parte de un proceso en el que varios gatos aparecieron de la nada para acompañarme, luego recordé que el gato montés es su nahual. Ahora sé que ya no soy una hija, sino una ciudadana con una gran responsabilidad “a cuestas”, pues buscando a mi padre, encontré al escritor Luis de Lión.

*Las fotos que ilustran este texto pertenecen a una serie realizada por la fotógrafa colombiana Juanita Escobar en la Casa Museo Luis de Lión en San Juan del Obispo.