Domingo 5 DE Abril DE 2020
El Acordeón

¿Sobrevivirán?

La Telenovela

Fecha de publicación: 22-03-20
Por: Ana María Rodas

El título de esta columna se relaciona con una película del cineasta norteamericano John Carpenter, rodada en 1988, que tiene mucho que ver con el miedo cerval de los estadounidenses prósperos de aquellos años a una depresión económica.

Ya entonces se vivía una sociedad consumista. Y la recesión sacaba sus garras, una caída de esas que se da cada cierto tiempo en el sistema capitalista que se perfeccionó en Inglaterra a principios del XIX.

En la década de los 80 del siglo pasado ni los dueños de la plata querían perder, ni los de a pie, motivados por los cielos de placer que les prometían los empresarios, querían dejar de consumir.

En la actualidad el consumismo, azuzado por las promesas cada vez más grandilocuentes y fuera de este mundo de los productores, se ha multiplicado a una velocidad exponencial. Y se han multiplicado, también exponencialmente, las aguas contaminadas, las columnas de humo de las fábricas, los cielos perennemente cubiertos por la polución y las tristes consecuencias que conocemos.

Los millenials —nacidos en el consumo, esa doctrina imperfecta que no tiene nada que ver con los relatos bíblicos— han perdido la capacidad crítica que nos volvió humanos, cambiándola por el gozo de poseer. Sobre todo, artefactos que les permiten hacerse una selfie. Lo que jamás habría podido suceder según ellos, antes del siglo XXI. Hasta en eso se equivocan porque se sabe que la primera selfie la tomó Robert Cornelius en 1839. Aunque se haya tardado 15 minutos en lograrla.

Regresando a la película del director Carpenter, producida en aquellos años en que Wall Street se tambaleaba, la historia es muy sencilla: un trabajador halla en la banca de una iglesia unas gafas extrañas que le permiten ver lo que se esconde tras la aparente realidad.

Así, se da cuenta de que los políticos y los empresarios son alienígenas que conspiran para hacer de la humanidad sus esclavos. ¿Y cómo llevan a cabo el maligno plan? Escondiendo mensajes subliminales bajo letreros corrientes, de los que recuerdo claramente dos: “compra” y “cásate y reprodúcete”. Imaginen el resto de la cinta, llamada Sobreviven.

Si uno deja diariamente bolsas de basura en una esquina del patio o jardín, al poco tiempo la basura, putrefacta, atrae moscas, mosquitos, cucarachas. Sobre todo cucarachas, que son las primeras en llegar.

Lo anterior no es más que una metáfora muy personal sobre lo que los seres humanos con poder —económico y político— han hecho de nuestro planeta. No hay más que pensar en las imágenes desoladas de osos polares flotando en abandono sobre un trozo de hielo que se derrite más y más en su camino mortuorio producido por la contaminación mundial.

No habría ballenas muertas por bolsas de plástico en el interior de sus cuerpos. Ni correría el plástico por arroyos y ríos para desembocar en el mar y formar las inmensas “islas” en los océanos si no hubiese grandes industrias dedicadas a producir ese plástico por el que ahora nos echan la culpa. Por descuidados, nos señalan. No saben reciclar.

Y ahora que un virus ha arrebatado la calma al planeta; cuando casi todo ser viviente sufre más o menos miedo según las capacidades de su cerebro, de acuerdo con la alimentación que ese ser recibió desde su infancia.

Ahora que el virus no surgió en las profundas selvas amazónicas, ni en los requemados terrenos africanos, ni en aisladas y virginales zonas de La Tierra. Que ha sacado a relucir su inocente rostro de corona en un país que se distingue por su avance industrial. Capaz de levantar un hospital con mil camas en diez días. Nación que no le teme a la catástrofe económica de estos tiempos porque guarda ingentes cantidades de oro.

Ahora que el contagio en Wuhan pareciera haberse detenido. Cuando los países como el nuestro, donde solo hubo interés por el avance ciudadano durante la década prodigiosa de la Revolución de Octubre, es más notorio y doloroso el desinterés de los alienígenas nacionales por la vida, la salud, la educación de todo el mundo. Porque la mano de obra barata es mejor para el negocio.

Retorciéndole el nombre a la película a que me he referido parcamente. Sin atisbos de una vacuna, un tratamiento eficaz en todo el globo, me pregunto acerca de los alienígenas criollos: ¿sobrevivirán?