Miércoles 18 DE Septiembre DE 2019
El Acordeón

En los 85 años del Fondo (Crónica de una relación personal con sus libros)

A 85 años de su creación, el Fondo de Cultura Económica es una de las empresas editoriales más importantes en habla hispana. Generaciones de lectores y escritores se han formado en sus libros. Desde su fundación en 1934, su propósito ha sido ayudar a formar élites ilustradas en el pensamiento moderno y clásico.

Fecha de publicación: 08-09-19
Por: Mario Roberto Morales

Mi primer contacto con el Fondo de Cultura Económica ocurrió por medio de sus Breviarios, cuando empezaba mi licenciatura en Letras y Filosofía. Autores como Cassirer, Buber, Fromm y Marx, entre otros, llegaron, con los Breviarios, a soliviantar mi conciencia, ya entonces ávida de explicaciones que nunca encontraba en mis profesores. Entre mis 18 y 20 años, los Breviarios se me convirtieron en fetiches: su pasta dura, su austero diseño, sus finas páginas y sus para mí insondables contenidos, me hicieron desear tenerlos todos en la primeriza pero abundante biblioteca que llegué a formar como estudiante y que me fue saqueada en su totalidad durante los años de la guerra. Compré muchos de ellos. Y con ellos mi imaginación y mi comprensión de la historia, la filosofía, la literatura y el arte occidentales cobraron cuerpo verbal y pasaron a ser parte de mi historia como individuo de este girón colonizado del mundo.

No sabía yo entonces cuándo se había fundado el Fondo ni los porqués de su existencia, todo lo cual se encuentra minuciosamente explicado en la Historia de la casa, de Víctor Díaz Arciniega, en la Iconografía, de Jaime Soler Frost y en la Historia en cubierta, de Marina Garone Gravier. Es grato revisar esta historia ahora, cuando el Fondo cumple 85 años de existencia persistiendo con gran efectividad en sus objetivos y metas.

Para mi país, Guatemala, el Fondo ha sido fundamental en la tarea de divulgar aspectos básicos de su cultura por medio de ciertos textos torales para comprender la complejidad de este pequeño cuanto intenso país. Para sólo enumerar unos pocos títulos en este sentido, mencionemos que en 1947 –año de mi nacimiento– el Fondo publicaba la primera edición del Popol Vuh, en versión de Adrián Recinos. Y, en traducción del mismo Recinos, daba a conocer La civilización maya, de Sylvanus Morley, un libro que acicateó mi interés por comprender nuestro pasado precolombino para así comprender nuestro conflictivo presente intercultural e interdiscriminatorio. En 1948, el Fondo publicó El libro de los libros de Chilam Balam, un texto fundamental para entender la resistencia cultural de los pueblos sojuzgados por el colonialismo español en el área mesoamericana. Y en 1952, el Fondo lanzó Pedro de Alvarado, conquistador de México y Guatemala, también de Adrián Recinos. Tres años después, en 1955, el Fondo publica Guatemala las líneas de su mano, de Luis Cardoza y Aragón. Y en 1992, el mismo Cardoza saca en el Fondo su Pequeña sinfonía del Nuevo Mundo, uno entre otros libros suyos dados a conocer en esta editorial. Ya en el 2000, Adrián Recinos publica allí mismo su Muerte de Pedro de Alvarado. Pero el Fondo también editó El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias (en 1978) y La oveja negra y demás fábulas, de Augusto Monterroso (en 1991). La lista es larga e imposible de agotar aquí.

Entre los tantísimos títulos que en sus diferentes colecciones el Fondo ha publicado y que han sido fundamentales para la divulgación de la cultura latinoamericana, figuran: la Historia de la cultura en la América hispana, de Pedro Henríquez Ureña (publicado en 1947), El universo de Quetzalcóatl, de Laurette Sejourné (publicado en 1962) y, a partir de 1974, la polémica saga de don Juan Matus, que empezó con Las enseñanzas de don Juan, de Carlos Castaneda.

El catálogo del Fondo es frondoso y de ninguna manera pretendo siquiera dar una muestra de su grandeza y profundidad. Sólo me he propuesto dar a probar algo de lo que para nuestro país y para el Continente significa esta editorial mexicana, la cual se ha constituido en puente cultural entre la América Latina y el resto del mundo, así como en instrumento imprescindible para profundizar en la cultura de Nuestra América y en el pensamiento latinoamericanista. Baste mencionar, como ejemplos de lo primero, los Principios de economía política, con algunas de sus aplicaciones a la filosofía social, de John Stuart Mill (en 1943), la Teoría de la concepción del mundo, de Wilhelm Dilthey (en 1945) y Psicoanálisis y existencialismo, de Víctor Frankl (en 1950). Y, como ejemplos de lo segundo, mencionemos los tres tomos de las Obras completas, de Sor Juana Inés de la Cruz (a partir de 1951), la Invención de América, de Edmundo O’Gorman (en 1958) y Los condenados de la tierra, de nuestro lúcido caribeño y héroe cultural de la revolución argelina, Frantz Fanon (en 1963). Y paremos aquí, porque esto no es un inventario, sino una celebración.

En efecto, hoy celebramos que, del 3 de septiembre de 1934, cuando se fundó el Fondo, al 3 de septiembre de 2019, han pasado 85 años de fructífera labor. Una labor que está a la vista de todo el mundo y, para nuestros ojos, lo está en la sede guatemalteca de la institución.

La sede del Fondo en Guatemala tiene mucha menos edad que la institución original, pero no por eso ha dejado de cumplir con su objetivo de poner en circulación textos fundamentales para comprender la herencia cultural de la humanidad y estimular así la cultura letrada, hoy tan echada a un lado por el código audiovisual y la comunicación interconectada en clave de entretenimiento banal y anticrítico. El Fondo, en Guatemala, cumple hoy su tarea con efectividad, y ello constituye motivo suficiente para que los intelectuales y artistas guatemaltecos saludemos a esta sólida institución ahora que cumple sus primeras ocho décadas y media de edad. Todos sabemos que, en nuestro medio, este espacio cultural contribuye fehacientemente al desarrollo cultural guatemalteco. Así es que, bajo la advocación de Cardoza –un cultor que se constituyó en efectivo puente entre México y Guatemala–, celebremos este hecho conmemorando su aniversario. Sin duda, vendrán para el Fondo muchos años más que celebrar. Después de todo ya sólo le faltan escasos 15 para arribar a su primer centenario. Por eso mismo, y por todo lo que su producción editorial ha significado para mí a lo largo de mi formación letrada, mi sincero deseo de hoy es que prevalezca la eterna juventud y el vigor ilimitado del Fondo de Cultura Económica. Que así sea.

 

Guatemala, 26 de agosto de 2019