Miércoles 18 DE Septiembre DE 2019
El Acordeón

El estado del tiempo

Máquina del tiempo

Fecha de publicación: 08-09-19
Por: Arturo Monterroso

Hoy, que es jueves, se espera que la temperatura llegue a 27 grados centígrados al mediodía y que descienda a 17 por la noche; que no llueva, que el viento no pase de 23 kilómetros por hora y que la humedad no vaya más allá del 64 por ciento. Pero no hay pronóstico alguno ni señal en el horizonte de que algo vaya a cambiar en los prados de la patria, donde pasta el ganado vacuno con toda normalidad. “Susan, la vaca, se fue un día en un camión y regresó congelada y en pedazos” escribe Margaret Atwood en su libro de cuentos Moral Disorder. Por supuesto que mientras creamos que somos buenas personas, obedientes, religiosas y sencillas, alejadas de toda doctrina exótica que ponga en duda el bienestar de la organización social del país, basada en rígidos estamentos, en una preciosa iconografía establecida y en el acatamiento a la voluntad de la plutocracia, seguiremos adelante, ovejunos, soñadores, aturdidos, quejumbrosos, arribistas y aplastados por nuestra propia incapacidad para rebelarnos. Este es el clima que prevalece el día de hoy, soleado a pesar de que algunas nubes pueblan el cielo. 

Por la noche habrá una luna partida por la mitad, del mismo color anaranjado de la otra que vimos el día anterior y que nos recordará que por la ventana entrará un viento tibio que nos aliviará el dolor de las preocupaciones. Por lo demás, durante el viernes habrá la posibilidad de un 80 por ciento de precipitaciones sobre el valle de Guatemala y lugares circunvecinos. Todo bien, excepto que lo más seguro es que no haya suficientes lluvias para las cosechas. Esto, claro, no debe inquietarnos. Seguramente ya el Gobierno tomó las medidas necesarias, como las ha tomado para erradicar la desnutrición infantil, la emigración de miles de ciudadanos y el alegre dispendio de los dineros públicos.

La humedad será del 71 por ciento mientras los diputados se compran su seguro médico con los impuestos de los contribuyentes, el secretario Pompeo sonríe y las remesas siguen llegando para ocultar nuestra falta de desarrollo económico. A alguna hora de la tarde el cielo se pondrá oscuro, los narcos se pondrán pilas, los políticos balbucearán alguna tontería y el Ejército nos dará explicaciones vagas. Quizá llueva después de todo. Dice Roberto Saviano que seguir los caminos del tráfico de drogas y del lavado de dinero, da la sensación de que se puede medir la verdad de las cosas y entender el destino de una elección o de la caída de un gobierno. Y se pregunta si quienes se lanzan a la batalla en contra del mal es porque se creen los buenos. Pero dejemos a Saviano por un momento para recordar eso que tantas veces se repite en Guatemala: “Los buenos somos más”. En realidad son los menos porque, como en el reino de Donald Trump, los buenos son siempre quienes tienen el dinero y el poder. Y esto me recuerda una serie de preguntas que se hace Alberto Manguel: “¿Por qué en la mayoría de nuestras sociedades, los ciudadanos carecen de una efectiva voz política? ¿Por qué un ciudadano tiene que reaccionar frente a un acto de injusticia haciéndose de la vista gorda o recurriendo a la violencia pasiva? ¿Por qué la mayoría de nuestras sociedades son tan débiles en eso que podemos llamar ética ciudadana?” Puedo aventurar una respuesta a partir de lo que dice Saviano respecto del periodismo y la literatura como medios para medir la verdad. Es como si el escritor les dijera a los ciudadanos: voy a abrir la herida para que puedan vislumbrar la verdad. Porque los gobiernos, dice Saviano, ponen su atención en cosas banales. Hoy, que es viernes a mediodía, hay 25 grados centígrados y buenas posibilidades de lluvia por la tarde. Pero no hay pronóstico de que algo vaya a cambiar en los prados de la patria.

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