Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
El Acordeón

Un árbol en la Amazonia

La Telenovela

Fecha de publicación: 01-09-19
Por: Ana María Rodas

“Por primera vez –dice la introducción del grueso libro que recoge algunos de los poemas de quienes en 2001 nos reunimos en Manaos a instancias de Thiago de Mello– el Brasil recibe a tan gran número de importantes poetas de América Latina”.

Tenía razón el entonces gobernador del Estado de Amazonas, Amazonino Armando Mendes, autor de la presentación del libro publicado por el festival llamado A poesía se encontra na Floresta. En el tomo están presentes poetas de primer orden como Gonzalo Rojas, Roberto Fernández Retamar, Saúl Ibargoyen, María Antonieta Flores, Arturo Corcuera, Raúl Zurita, Juan Manuel Roca, Jorge Enrique Adoum, Norma Wanless, Ernesto Cardenal, por mencionar a algunos de los 29 invitados de diversos países latinoamericanos, a quienes se sumaban 18 poetas de la Amazonia, escogidos por la calidad de su escritura.

El festival, organizado por el distinguido escritor brasileño Thiago de Mello, constituía el Primer Encuentro Amazónico de Poetas de América Latina.

A Manaos, población enclavada en la floresta, solamente se puede llegar por avión o navegando. Se encuentra en el noroeste de Brasil, muy cerca de la confluencia del Río Negro con el Solimoes, cuya unión forma, justo en ese sitio, el río Amazonas.

Nos aposentaron en un hotel cercano a Manaos, enclavado en la selva. El hotel es un cuadrilátero que por tres de sus lados está apenas a seis metros del bosque. Era una grata experiencia salir del aire acondicionado del hotel muy temprano por la mañana a la floresta y hallarse con hermosos animalillos de aquella selva que no tenían miedo de acercarse a nosotros.

Las lecturas de poesía del festival se llevaron a cabo, entre otros lugares, en el Teatro de la Ópera de Manaos, cuya construcción y existencia son increíbles. Es asombroso hallar un hermosísima construcción de la Belle Époque, en perfecto estado de conservación, en medio de la selva brasileña. 

Cierto día fuimos llevados al sitio en el que se encuentran las dos principales corrientes que forman el Amazonas: las aguas del Río Negro son azules, transparentes, mientras que las del Solimoes tienen un tinte castaño que les otorga la tierra que recoge por donde pasa. Luego de unirse, ambos corren uno al lado del otro y no se entremezclan en un recorrido de más de 200 kilómetros porque tienen diferentes temperaturas y densidades. Solo haber presenciado esa maravilla natural habría valido el viaje.

Al alejarnos del territorio donde las aguas de los ríos se acoplan mas no se mezclan, nos vimos en un pequeño claro de aquella prodigiosa selva. Había una tarima donde luego se leyeron poemas, y los poetas referimos nuestras experiencias en Manaos. 

En el punto central del lugar se había cavado un profundo agujero en la tierra, negra, suave, sedosa casi. Y al lado, en un recipiente que habría de ser absorbido por acción del agua y de la tierra, se hallaba un árbol joven, de más de un metro de alto, listo para ser colocado en la cavidad cercana.

Thiago nos señaló a la mexicana Norma Wanless, al nicaragüense Ernesto Cardenal y a mí para que sembráramos aquel árbol pequeñito comparado con los del bosque que nos rodeaban.

Nos ayudaron a sostener recto el arbolillo en el lugar que ocuparía, mientras echados en el suelo, con las manos recogíamos la tierra excavada para cubrir las raíces y una buena parte de aquel tronco joven.

Me encontré llorando. Me dio vergüenza y con el dorso de la mano traté de tapar las lágrimas, pero solo logré untarme de tierra dulce y agua salada. Al levantar la cabeza me di cuenta de que tanto las mejillas de Norma como la barba blanca de Cardenal estaban manchados de tierra y gotas que les brotaba de los ojos. 

Terminamos la tarea de sembrar el árbol y nos abrazamos llorando alegremente. La ropa blanca que usaba Cardenal estaba salpicada de la tierra amazónica. Como el rostro de Norma y mis mejillas.

Escribo esto el viernes. 

De madrugada soñé con Manaos y los poetas que allí estuvimos durante el primer festival A poesía se encontra na Floresta. Algunos de ellos zarparon ya a otros bosques, otros ríos. Pero estoy segura que como yo, como todos aquellos que leímos poemas en el Teatro de la Ópera de Manaos en 2001, esperan que la tormenta de fuego que asalta a Brasil, perdone a aquel árbol adolescente que introdujimos en la tierra para que creciera glorioso, árbol niño en el que pusimos todo nuestro afecto de habitantes de la Tierra.