Domingo 26 DE Mayo DE 2019
El Acordeón

Del aire, los pájaros y los insectos

Máquina del tiempo

Fecha de publicación: 24-03-19
Por: Arturo Monterroso

Salir a caminar es un ejercicio de músculos y árboles mecidos por la marea del viento; el acto banal de no pensar, de ausentarse, de avanzar inhalando todo el aire fresco del mundo para olvidar el peso muerto de la vida; para redescubrir la luz que sabe a hojas verdes y a graznidos lejanos; un vuelo sin despegar de la tierra para perder la vista en los linderos del monte, en la tropopausa que detiene a las nubes y en la casi ausencia de ruido, un silencio de rumores sepultados bajo el canto de los pájaros. Un moscardón pasa veloz, como un disparo, posiblemente tras el rastro de una abeja. Pero no hay muchos más insectos en la atmósfera húmeda y tibia del incipiente verano. Han ido desapareciendo a una velocidad vertiginosa y es posible que en unas cuántas décadas no queden sino muy pocos; no solo aquí, en Guatemala, sino en el mundo entero.

Quien ha alcanzado la edad de la incertidumbre, como este hombre que escribe y camina por las mañanas, seguramente extraña los escarabajos esmeralda, los zompopos de mayo, las mariposas traslúcidas. Suena cursi, pero no lo es. Basta pensar en la desaparición de las abejas, las avispas y los abejorros, entre otros polinizadores, para saber que estamos ante un grave problema causado por los pesticidas, los grandes monocultivos, las infestaciones de ácaros y el calentamiento global. Sin duda, la producción de alimentos se verá afectada de forma dramática en el futuro cercano. Los productores de almendras en California, por ejemplo, dependen en gran medida de contratos de polinización. Unos dos millones de colonias de abejas melíferas van de una plantación a otra para polinizar las flores de los almendros. Pero los corredores de abejas ya han empezado a quejarse de la creciente desaparición de esos maravillosos insectos, un factor que podría incidir negativamente en la exitosa historia de California como el más grande productor de almendras del mundo.

Claro que también algunos pájaros contribuyen a la polinización y sin duda habrá drones polinizadores en el futuro o robots que harán la tarea sin verse afectados por los pesticidas, la sequía y las altas temperaturas del aire enrarecido. Y no hay que olvidar a los inmigrantes ilegales, quienes seguirán trabajando en los campos aunque caigan como moscas rociadas por la nostalgia del Flit, a pesar de sus mascarillas para evitar el hidrógeno fosforado y los gases ácidos. Es posible, sin embargo, que en ese mundo árido, polvoriento y silencioso del porvenir, tampoco necesitaremos almendras porque no habrá a quien vendérselas. Pero mientras llegan esos tiempos aciagos, quedémonos con los pájaros de este día luminoso, agitado por el alboroto de los zanates que graznan con esplendorosa alegría, volando de un árbol a otro. Hay mañanas de aliento fresco que nos recuerdan que en el hemisferio norte aún hay borrascas y nieve. El clima está atado al movimiento de las alas de una mariposa y nuestra subsistencia depende de la razón, pero también de las emociones y de lo que percibimos en la naturaleza que todavía nos sostiene. No sé cómo sería la vida si no consumiéramos otra cosa que alimentos sintéticos. O si dejáramos de tener la energía necesaria para levantarnos de la silla desde donde miramos a la pantalla, ese universo virtual creado por algoritmos en el que sucede nuestra existencia y que nos succiona el cerebro, el corazón y la voluntad. El clima está atado a un enorme iceberg que va a desprenderse de la Antártida. Quizá debiéramos recuperar nuestra esencia animal de seres humanos, la habilidad para leer los signos del viento, la lluvia, el bosque, el vuelo de los pájaros y la ausencia de los zompopos de mayo.

>arturo.monterroso@gmail.com