Miércoles 24 DE Abril DE 2019
El Acordeón

Jaguares dormidos

(Un encuentro entre Humberto Ak’abal y Roberto González Goyri)

Fecha de publicación: 02-02-19

Y es aquí donde me pregunto, en qué momento don Roberto comenzó su diálogo con mis palabras. Qué difícil para mí verme en el pincel del Maestro, cada cuadro es un espejo que refleja un pensamiento como solo el pincel de un artista pudo verlo. La mirada profunda de un pintor que atraviesa las palabras para encontrar el alma del poeta y volverlo color, es algo que solo el misterio del arte puede hacer, solo en el mundo onírico del artista puede darse esta transformación o esa metamorfosis, lo que nunca hubiera imaginado es que un poema mío fuera su punto de partida. Una mezcla de dolor y orgullo se funden en mí cuando quiero comprender el por qué escogió mis poemas para dejarnos su último legado, es como un testamento que rubrica con el alma en otra dimensión. Él trabajaba en silencio, en ese silencio que deja mudas las palabras, porque donde está el color, las palabras ya no son necesarias. El diálogo que se entabla frente a uno de estos cuadros nos lleva a escuchar los pálpitos del corazón del artista que quedaron allí detrás de cada pincelada.

Mientras camino en ese tímido camino muy mío, el Maestro encontraba una razón para abrir otras auroras y quizá una de las razones de la poesía es esa, la que don Roberto encontró en mis poemas: una razón más para prolongarse. El Maestro encontró en mi poesía una ventana por donde él pudo ver sus propios sueños y hoy, nos encontramos frente a esos sueños.

(Fragmento de las palabras de Humberto Ak’abal con motivo da la exposición inédita de pinturas de González Goyri basadas en sus poemas, en la Galería Carlos Woods, el 17 de julio del 2008)

JAGUAR

Otras veces soy jaguar,
corro por barrancos,
salto sobre peñascos,
trepo montañas.

Miro más allá del cielo,
más allá del agua,
más allá de la tierra.

Platico con el sol,
juego con la luna,
arranco estrellas
y las pego a mi cuerpo.

Mientras muevo la cola
me echo sobre el pasto
con la lengua de fuera.

AULLIDO

El viento
arrastra el llanto de la tarde
sobre las aguas del río

Un coyote bebe,
su aullido es triste:
es el agua,
el agua,
agua.

NUEVE PIEDRECITAS

En tus manos
junto al río, al atardecer;
nueve piedrecitas verdes.

Mientras una por una
las tirás al aire, gritás:
¡aquí está tu chachal!
¡aquí está tu chachal!
¡aquí está tu chachal!

El guardabarranca
las hilvanará con el viento
y antes de que caigan al agua
los labios de la mujer que deseás
se destilarán en tu boca.

LOS SANTOS

Los santos
de la iglesia de mi pueblo:

de madera,
de barro,
de plata o de hojalata,

son meros santos.

Sin pecado.

VUELO

Soy pájaro:

mis vuelos son
dentro de mí.

NUBES DE MIEDO

Cuando las nubes
agarran fuerza de miedo
se empujan entre sí
con tantas ganas
que echan fuego.

Seña que el invierno se acaba.

EN EL SUELO

La luna
busca algún agujero
en las casas de adobes entra
y se sienta en el suelo.

SAZONA

Cuando la luna está sazona
comienzan a florear
los árboles frutales

EL NIDO

El nido se llenó de sueño
y el pájaro quedó ausente.

Las estrellas brillaban
sin hacer ruido.

ÁRBOL SOLITARIO

El sol se derrite
sobre el árbol solitario
atalaya de la loma.

Pájaros queman sus alas
entre las ramas
y se vuelven viento.

La noche hace verdes
las hojas del árbol de fuego.

VENADO

El día se acabó.
Un venado de cola blanca
masticó su último manojito de zacate,
recogió su sombra
y se perdió entre los barrancos.

LA COSTUMBRE

La costumbre es
levantarse al canto del gallo.

Hoy comenzamos las tareas
sin esperar el sol.

Cuando va a llover
los gallos cantan más temprano.

OVEJERA

Me vi oveja en tus ojos;

bella pastora, ovejera;
en tu mirada se detuvo
la frescura de las montañas.

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