Miércoles 12 DE Diciembre DE 2018
El Acordeón

¿La Luna?

La Telenovela

Fecha de publicación: 02-12-18
Por: Ana Maria Rodas
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En días pasados apareció en la BBC la noticia de que, por el momento, aquellos que estén pensando en trasladarse a Marte para escapar de los desastres del cambio climático –que ya no tiene vuelta atrás– o de las armas que inventan rusos, estadounidenses, coreanos (y los israelitas en secreto, pero que es un secreto a voces) y que cada vez son más letales, los alebrestados con la idea de irse a poblar Marte, digo, tendrán que abandonar sus planes de irse al planeta que se ve hermoso y rojizo en las noches despejadas.

Cuestión de que los huesos humanos, en Marte, pierden inmediatamente sus componentes, se deshacen, se tornan quebradizos y no recuerdo qué cosas terribles les sucede a los cerebros. Pero estar descerebrado y tener que arrastrarse por el suelo mientras llega una muerte más rápida que en La Tierra, no le llama la atención a quienes pensaban sacudirse los problemas que nos agobian en el azul planeta, yéndose al rojo, aunque los señalaran de comunistas. Sus detractores estarían muy lejos.

No éramos usted y yo, mortales comunes y corrientes sin acceso a las altas esferas gringas los que íbamos a viajar a Marte. Eran solo los dueños de la finca, pero cuando digo finca, digo la grande, me refiero a una que diz que es redonda, –siguen peleando los que la creen redonda, y los más avanzados, que aseguran que es un esferoide oblato– La Tierra.

La verdad, vivir en este esferoide o elipsoide oblato, se ha vuelto cada vez más difícil.

Aunque fuera solo el hecho de que cada día nos reproducimos con gran entusiasmo, sin pensar que al nada más nacer, cada niño que trae la cigüeña le debe miles de dólares a los organismos financieros internacionales; ni meditar en cuánta mierda echamos a los ríos; cuánta agua desaparece de la capa freática por la construcción de esos edificios altos y maravillosos (y sus respectivos pozos) tengo la impresión de que nuestra madre común, La Tierra, ya se cansó de las burradas de sus hijos.

Un fenómeno muy extraño sucedió el pasado 11 de noviembre, durante lo que habría sido la mañana en nuestra parte del mundo, sin que ni usted ni yo nos diéramos cuenta: misteriosas ondas sísmicas recorrieron el mundo por lo menos durante 20 minutos causando resonancia. Y además de que no hubo ser humano que sintiera semejante movimiento generalizado, nadie supo por qué sucedió.

Los aparatos sísmicos sí se enteraron: lo ocurrido dio inicio a 24 kilómetros de Mayotte, una pequeña isla francesa ubicada frente a las costas de África en la zona sudeste. Las ondas comenzaron a atravesar el continente africano y después el océano, según ha informado la corporación National Geographic.

El recorrido del raro evento continuó hasta llegar a Chile, Nueva Zelanda, Hawai y Canadá. A pesar de lo impactante que esto resulta para la humanidad y la comunidad científica, ningún humano pudo sentirlo. Lo más extraño del caso es que ningún experto ha podido explicar el fenómeno; nadie sabe hasta ahora qué y por qué ocurrió esta onda expansiva sísmica. Por su parte,  Goran Ekstrom, sismólogo de la Universidad de Columbia dijo que nunca antes se había visto algo igual ni parecido.

Dentro del malogrado programa del viaje a Marte, existía el proyecto de hacer una parada, más o menos larga en la Luna.

La idea del viaje a un cuerpo planetario distinto a La Tierra tiene ahora más de un siglo: en 1902 Georges Méliès estrenó su película Le voyage dans la Lune, inaugurando así uno de los temas centrales de la ciencia ficción.

Sin embargo, con el avance de la tecnología, la idea de que la colonización del espacio es factible ha tomado cuerpo. Hasta ahora, no en mi cerebro, justamente porque paso noches enteras viendo al cielo y sus maravillas. Y además, soy poeta.

La Luna ha sido un motivo de expresiones maravillosas en todas partes del mundo, a lo largo de los siglos.

No deseo que sucedan terremotos brutales en La Tierra. No. Pero tampoco tengo deseos de esperar una Luna llena, dirigir a ella el telescopio y encontrar que en vez de su actual y natural apariencia, nos topemos con edificios, supermercados, carreteras y todas esas cosas que hemos dado en llamar civilización y que tal vez sean la razón por la cual ocurrió la onda expansiva sísmica aquí en La Tierra.

 

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