Miércoles 12 DE Diciembre DE 2018
El Acordeón

Cambiar el mundo

Cada fogonazo, cada relampagueo, cada chispazo, cada acontecimiento, por efímero que sea acaba por configurar una cartografía probable.

Fecha de publicación: 02-12-18
Por: Rogelio Salazar de León
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Marco Aurelio, el emperador de Roma, decía que el mundo es como una ciudad en donde las naciones son como residencias y los astros que se ven en el cielo del mundo son como una eterna tempestad.

Antes que el emperador filósofo, Marco Vitrubio, el arquitecto de Julio César, calcara sobre la palabra latina Mundus la griega Kosmos, y dijera que Mundus son todas las cosas de la naturaleza, incluso el cielo formado por las estrellas.

En todo caso, así como la moral provisional servía a Descartes para alimentar y reforzar su método de la duda, así, para Alain Badiou, el tránsito desde el Ser hasta la teoría de lo múltiple avanza por una ruta que despoja a la matemática de su carácter sólo operativo: la matemática ya no va a servir a otro amo, ella es el amo, todo lo que el lenguaje puede decir ha sido antes inherente a la matemática.

No es que la matemática sea lógica, es que la lógica es matemática.

Pero basta ya de esas complicaciones, en definitiva ¿qué es lo que persigue Badiou…?

De alguna forma, lo que Badiou busca es escribir otro capítulo para recuperar y no perder de vista que el mundo es algo concreto y consistente, si bien es perfectamente pensable, está fuera y es aparte de toda abstracción artificiosa, y hasta surge la tentación de agregar, ideológica.

Badiou quiere levantar algo que surgió hace tanto tiempo con los atomistas griegos, que luego sostuvieron hombres como Luciano de Samosata, Cátulo e, incluso, el mismo, Niccolo Machiavalli, y, por si alguien ya lo está pensando, desde luego que este programa siempre pendiente y marginal ha sido retomado más tarde por el judío de Treveris: Karl Marx.

La lógica sobre un mundo concreto deviene en una lógica de localización, así un mundo se diversifica en lugares, mapas, redes, recorridos, intersecciones, etcétera.

El seminario previo que impartió Alain Badiou antes que su Lógica de los Mundos se llamó Orientarse en el pensamiento, orientarse en la existencia y, primordialmente, apuntaba en dirección opuesta a Heidegger, toda vez que el filósofo alemán desarrollo una correspondencia entre Ser y Tiempo, dejando el espacio bajo el predominio de una fundamental temporalidad, de modo que, en cualquier caso, si el espacio se insinuaba en la obra de Heidegger, lo hacía domesticado por el análisis, hasta lograr reducirlo a una constitución temporal.

Mientras tanto, para Badiou, florece por el contrario la experiencia espacial o experiencia del espacio, siendo, por tanto, todo lo que hay algo dispuesto y enfrentado en el espacio; denunciando a lo que no está en ninguna parte y eso es, precisamente, el acontecimiento, la única posible figura del tiempo.

Sin embargo, esta figura del tiempo, este acontecimiento es imposible, situado siempre entre el pasado y el futuro, se sabe que el acontecimiento es, en suma, lo que se desvanece en el mismo acto de hacerse notar, en el mismo acto de su aparición; o bien es lo que ya fue o lo que aún no es, en la medida en que se resiste a quedarse quieto en la visibilidad.

De lo que se trata el pensamiento de Badiou es del espacio, pero a partir de la retirada del tiempo; de lo que se trata el pensamiento de Badiou es de un sujeto que instala un cierto presente, luego del trastorno provocado por la única posibilidad efímera del tiempo: el acontecimiento; y esa marca de un tiempo en retirada, en constante y plena fuga es lo que queda en el espacio, como los libros que escribimos, como la arquitectura de una época, como el arado sobre la tierra y, nunca mejor dicho que hoy, como los muros y fronteras entre países.

Es sujeto rasguña y araña el espacio y se abre paso tímidamente a lo eterno.

El transcurso del tiempo es innegable e irremediable, pero eso no destruye la certeza acerca de aquello que queda situado y puesto en el mundo, en la existencia localizada del mundo.

El tiempo, en el pensamiento de Badiou, siempre está dirigido hacia lo que se muestra en el espacio; cada fogonazo, cada relampagueo, cada chispazo, cada acontecimiento, por efímero que sea acaba por configurar una cartografía probable, y el mundo, según él, es la superposición de esos dibujos, planos y mapas.

Badiou se quiere alejar de Heidegger para ahuyentar del mundo ese olor del Ser para la muerte, que es el olor de la muerte y de los campos de exterminio.

Se comenzó hablando de Marco Aurelio y de Marco Vitrubio, dos romanos que participaron en ese acto que es cambiar el mundo, Badiou está interesado en acoger ese viejo acto y ese viejo deseo por cambiar las cosas porque, final y simplemente, ese es y ha sido la voluntad del pensamiento, quizá su vocación más legítima: que el mundo devenga en algo diferente.

Alain Badiou, con cada palabra, quiere algo más que nombrar, quiere palpar rutas, encrucijadas, planos, mapas, a lo mejor porque confía en que se puede hacer algo diferente a morir.

 

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