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El Acordeón

Náufragos


MÁQUINA DEL TIEMPO

Francisco Goldman desarrolla el argumento de Marinero ras  –la novela sobre la que empecé a escribir hace dos semanas– a partir de la aglomeración de historias, una manera de narrar que quizá proviene de El Decamerón o de relatos más antiguos, como los atribuidos a Homero o los que conforman las leyendas persas que fueron la base de Las mil y una noches o, si uno quiere parecer exquisito, El libro de las mil noches y una noche, como lo denominó el doctor Mardrus en su traducción al francés, según Borges una versión de una “infidelidad creadora y feliz”. En fin, debe haber muchas más referencias, pero El Decamerón me parece un punto de partida consistente porque Boccaccio encuentra el modo de envasar cien relatos (cuentos o novelas cortas, depende cómo se miren), utilizando el subterfugio de dar voz a distintos narradores, siete mujeres y tres hombres que, a mediados del siglo XIV, huyen de la peste negra y se refugian en una villa en las afueras de Florencia. El libro del famoso escritor florentino del medievo es también importante porque es precursor del género de la novela y, sobre todo, porque da un salto a ese territorio todavía desconocido en ese tiempo, el Renacimiento, en el que el ser humano vuelve a cobrar importancia.

En Marinero raso, Goldman parte de un personaje y de su historia para conducirnos a otros personajes cuyas historias van sumándose al relato. Comienza con Esteban, el protagonista, que es a la vez narratario y narrador. El narratario es el personaje al que el narrador destina su relato y que sirve de vínculo con el lector. Y, aunque el autor cuenta sus historias desde la perspectiva de distintas voces, predomina la tercera persona, que narra desde fuera y que aporta un punto de vista omnisciente. De esta manera, vemos a los marineros en ciernes subir al barco, conocer al capitán Elias y a Mark, el primer oficial, y empezar su vida a bordo del Urus, amarrado en el muelle de Brooklyn quizá para siempre. Esta es la historia marco y quizá el Urus el leitmotiv. Y, a las historias de Esteban, de Bernardo y de Caratumba, se suman la del capitán Yoyo, la del Tibio, la del barco que aplastó un sampán en Hong Kong y la de la capitana Yoriko. Utilizando como herramienta un dominio envidiable del uso de los tiempos verbales, Goldman se mueve entre el presente de la novela y el pasado y el futuro de acontecimientos que sucedieron o van a suceder en las vidas de los personajes. Es un ejercicio lúdico que rompe la secuencia cronológica de los hechos y que tiene la utilidad de interrumpir la monotonía que supone contar la historia de 15 marineros atrapados en un barco, sin sueldo, prestaciones, comodidades ni demasiadas esperanzas.

En esas circunstancias de explotación, que parecen la metáfora del destino de muchos inmigrantes centroamericanos, pero que no es tal cosa, sino el reflejo de una verdad que nos escupe a la cara, aparece el visitador de barcos. La relación de su visita al barco está toda contada como algo que sucederá en el futuro, pero que después uno cae en la cuenta de que se trata de hechos que ya pasaron y que, además, páginas adelante, nos apartará de la anécdota principal que sirve de soporte a todas las historias. La del visitador es una especie de novela breve, medio ajena y enquistada de manera ingeniosa en el libro y que, casi sin darnos cuenta, nos aleja de los marineros del Urus para contarnos la historia de Johnny (así se llama el visitador), de su novia, Ariadne, y de otros personajes, hasta volver al barco abandonado, donde languidecen unos cuantos hombres que no hablan inglés. Arropados por el desamparo, parece que hubieran encallado su embarcación en una remota isla después de atravesar una tormenta en lejanos y desconocidos mares. Sin duda, Marinero raso es una novela de náufragos, como sugiere el propio Goldman. (Continuará).

Guatemala, 17 de agosto de 2018

>arturo.monterroso@gmail.com

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