Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
El Acordeón

Vivimos en la Edad Media

La Telenovela

Fecha de publicación: 17-06-18
Por: Ana María Rodas
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En estos días, en los que se visualiza un cambio de poderes en el país –ya porque bajo la presión ciudadana el actual gobierno deba abandonar su sitial, como ocurrió en 2015; ya porque las elecciones están próximas y tendrá que dejarlo sin remedio– conviene hacer un análisis de algunas de las razones por las que la sociedad guatemalteca es un descalabro.

La Revolución Francesa puso fin en 1789, al menos en Europa, al sistema feudal, monárquico. El golpe de Estado de Napoleón Bonaparte diez años más tarde, llevó a Francia a una situación tal que el país pasaba con extrema rapidez de la república al imperio y a la monarquía constitucional.

La revolución hizo surgir a la burguesía, que en determinadas ocasiones se alió con las masas populares para gobernar.

La burguesía guatemalteca actual –y deseo aclararlo porque he notado cuán fácilmente se confunde a los burgueses con los oligarcas– es la clase media acomodada, emparentada sí con el pensamiento oligarca, pero sin su poder. Son aquellos que sueñan con unirse a los que verdaderamente manejan la política y las finanzas, pero que raras veces son aceptados por quienes afirman, abiertamente o no: “ya estamos completos”.

La que está en vías de desaparición en Guatemala por el empobrecimiento general que sufrimos es la clase media, que engrosa, a marchas forzadas, ese 60 por ciento de pobres que nos indican las estadísticas.

Guatemala, excepto durante los diez años que van de 1944 a 1954, ha vivido siempre lo que el historiador Severo Martínez retrató en su libro La patria del criollo, obra que recomiendo leer para comprender cómo ha sido la vida de los guatemaltecos, pertenezcan al estrato social al que pertenezcan, desde la Conquista.

A ese libro se suman los importantes ensayos históricos de Marta Elena Casaúz Arzú. El más conocido se titula Guatemala, linaje y racismo. Es bueno empezar con él, donde se ponen al descubierto las redes que han tejido los criollos en el país, para conservar o acrecentar las riquezas obtenidas desde la época de la Conquista.

A pesar del exagerado número de teléfonos celulares que poseemos, el uso de las TICs y demás artilugios de la época presente, los guatemaltecos no hemos salido del Medioevo.

Siguen gobernando los miembros de la elite como ha salido a relucir mediante las investigaciones de la CICIG y del MP. Lo ha confirmado la confesión de un grupo de empresarios que, según la costumbre, otorgó fondos ilegales al partido que a su juicio les convenía más, el FCN, que llevó a la presidencia al señor Morales.

Políticos no pertenecientes a la delgada pero poderosa capa que forma la oligarquía han rapiñado fondos anónimos por muchísimos años. Uno de ellos, el exministro prófugo, Alejandro Sinibaldi, quien era el candidato para sustituir a Pérez Molina.

Hay que tener en cuenta que no son los más simpáticos, ni quienes más prometen, los genuinos candidatos a la presidencia y a otros puestos importantes en la conducción del país.

Alberto Fuentes Mohr, Manuel Colom Argueta, Adolfo Mijangos, fueron asesinados precisamente por su preparación política y académica, su inteligencia y su rectitud. Porque la clase militar surgida oficialmente en 1873 no quería soltar el control del país.

Estamos en la Edad Media, momento en el que los grandes señores “de horca y cuchillo” gobernaban por encima de los mortales: campesinos o artesanos, bajo una imposición violenta justificada ideológicamente como protección a cambio de trabajo y sumisión.

Si debemos pronunciarnos por un gobierno provisional para asentar las bases de leyes importantes que ahora dormitan mientras los diputados –excepto unos cuantos, honrados– tratan de asegurar ad infinitum, su estancia en el Congreso, puede que sea una buena opción. No lo sé.

Pero somos los guatemaltecos actuales quienes vamos a tomar decisiones inteligentes que nos saquen de esta horrenda Edad Media en la que los desheredados mueren de desnutrición, sin servicios médicos; sobreviven sin escuelas, descalzos y harapientos, y mueren víctimas de los desastres naturales porque no son otra cosa que siervos de la gleba.

 

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