Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

El silencio sobre los inocentes

Fecha de publicación: 03-06-18
Por: Ana María Rodas
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El señor Jimmy Morales, presidente de Guatemala, ha guardado un silencio absoluto sobre el asesinato de Claudia Patricia Gómez por un miembro de la patrulla fronteriza de los Estados Unidos.  Esa muerte, que tuvo repercusiones en numerosos lugares del mundo, como lo muestra la cantidad de notas periodísticas y espacios en la televisión internacional que fueron dedicados a la tragedia, no pasó inadvertida en el país.

Sin duda, alguna intervención pública del mandatario sobre el hecho de que una joven migrante guatemalteca de 19 años fuera muerta de un tiro por un vigilante estadounidense, habría sido bien recibida por la familia de la joven. Un gesto, una visita a San Juan Ostuncalco, de donde era originaria Claudia Patricia habría mostrado una faceta compasiva del señor Morales. Y para él no habría sido problema porque le encanta viajar. Quizá para retraerse de los deberes de su cargo, porque gobernar es difícil.

Pocos días antes, cuando llegaba a su fin el juicio por la desaparición de Marco Antonio y el encarcelamiento de su hermana Emma Molina Theissen, quien escapó de la prisión de Quetzaltenango donde fue torturada y vejada sexualmente, privada de alimento al punto de que logró escurrir su maltratado cuerpo entre las rejas de la prisión, tampoco se escuchó una palabra del presidente.

Ni por el niño desaparecido ni por aquella joven encarcelada y torturada en medio de la violenta represión ejercida por las fuerzas estatales durante la guerra interna.

A estas alturas, no debería escandalizarme por el silencio del señor Morales sobre los niños y adolescentes guatemaltecos. A lo largo de su estancia en la presidencia, jamás ha mostrado interés por las circunstancias ni el destino final de ellos.

Ni porque sobresalgan en algún certamen nacional o internacional, ni porque mueran de desnutrición infantil, ese fatal destino de un alto porcentaje de los infantes del país.

Ha habido, recientemente, tela que cortar sobre los huéspedes de las cárceles —que en eso consisten tales centros— a donde van a parar los jóvenes desterrados de Guatemala. Así tengan los nombres más cándidos que haya podido dárseles —Las Gaviotas, Hogar Seguro de la Virgen de la Asunción— no son otra cosa que reclusorios perversos.

En el caso de las jóvenes se sabe que sus custodios las venden, las prostituyen, porque ellas mismas lo han confesado, señalando a los verdugos que tendrían que actuar como sus protectores.

Ellos, que deberían velar porque las muchachas y muchachos se reencaucen y se reintegren a la sociedad, son los esbirros que martirizan y oprimen a los adolescentes.

Esas casas infernales, están a cargo de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia.

Cuando los jóvenes internos en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción se fugaron en marzo de 2017, un oficial de la Comisaría de la zona 13 afirmó haberse comunicado con la presidencia. Si el entonces director del centro recibió instrucción alguna o no en ese momento, es algo que se desconoce.

Lo único cierto es que el presidente Morales ordenó a la Policía Nacional Civil, por la tarde del 8 de marzo, que acudiera al Hogar Seguro y lo rodeara luego de haber atrapado a los escapados.

El resto ya es sabido de todos. En marzo de este año conmemoramos la muerte de 41 niñas, quemadas en el interior de un recinto bajo llave. Quemadas. Una de las peores muertes que puede sufrir un ser humano. Me parece que algo dijo el presidente en ese tiempo. Tan escaso y tan sin interés, que no lo recuerdo.

Ni cuando las niñas salieron ya muertas en camilla; ni cuando murieron luego en hospitales, ni cuando nueve sobrevivientes fueron enviadas a una casa hogar en Quetzaltenango —algunas de ellas embarazadas— escuché alguna voz firme, compasiva o dolida del presidente.

Lo he oído retando a personas que nos ayudan a limpiar la corrupción que rezuma este país. En estos días ha afirmado que nadie se encuentra por encima de la ley, sin percatarse que ello también se aplica, sobre todo a él, por el cargo que ostenta.

Y sé que ha guardado silencio acerca de los inocentes.

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