Martes 25 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

Contra el autoritarismo

Máquina del tiempo

Fecha de publicación: 29-04-18
Por: Arturo Monterroso
Más noticias que te pueden interesar

Los acontecimientos de Nicaragua en estos días y la ausencia total de ética del segundo gobierno del Frente Sandinista, según afirma Sergio Ramírez, me han hecho recordar a Henri Christophe, el primer rey negro del Nuevo Mundo, y a Napoleón, el cerdo líder de la Granja animal de George Orwell. Las protestas, que sin duda tienen razones más sólidas que el simple rechazo a las reformas al sistema de pensiones y del seguro social, y que ya dejan unos 30 muertos, tomaron un nuevo impulso a partir de las declaraciones de Rosario Murillo, la vicepresidenta y esposa de Daniel Ortega, quien llamó a los manifestantes “grupos minúsculos y tóxicos” y “vampiros que reclaman sangre”. También que justificara, en nombre de una legítima defensa, los actos de grupos cercanos al FSLN, acusados de atacar a los manifestantes y saquear tiendas con el objetivo de crear confusión. “Antes la gente soportaba en silencio la violencia, se iba a esconder a sus casas, se callaba, pero creo que si algo ha pasado en Nicaragua es que el miedo se rompió”, dice Sergio Ramírez, quien acaba de recibir el Premio Cervantes, invisibilizado en Nicaragua porque el régimen lo considera un traidor: “…todo criterio contrario es traición, sobre todo viniendo de mi parte (…), –dice el escritor– yo estoy comprometido con mis ideales de siempre, pero no con el autoritarismo ni con el abuso ni con la corrupción”.

En el prólogo de Rebelión en la granja, George Orwell, quien siempre fue socialista, denuncia la “cobardía intelectual” de los editores ingleses de la época, que no querían publicar su libro. Y es que, aunque ahora sea difícil de creer, en la Gran Bretaña de posguerra había “una admiración acrítica de la Rusia soviética”, Stalin incluido. Era un aliado en la lucha contra Hitler y muy pocas personas estaban dispuestas a denunciar su autoritarismo; ni siquiera a mencionar las interminables ejecuciones en las purgas ni las hambrunas de Ucrania. No era convencimiento ideológico, excepto quizá el de las izquierdas, sino más bien servilismo. “Había una enorme producción de literatura antirrusa –escribe Orwell–, pero casi toda procedía del bando conservador y era claramente deshonesta, caduca y estaba inspirada por motivos sórdidos”. Algo así sucedía en la Guatemala de los años 70 y 80 del siglo pasado. La derecha atacaba con tozuda ceguera todo lo que percibía como socialismo, pero la izquierda pecaba de falta de criterio propio. Muchos revolucionarios afirmaban que toda crítica a la dictadura de Stalin era infundada, una invención del enemigo de clase o de los gringos. Y justificaban las purgas, las deportaciones de los kulaks a la Siberia, las persecuciones a las minorías étnicas, los gulags. O afirmaban que todo eso había sido denunciado después de la llegada de Nikita Kruschov al poder y había quedado en el pasado. Algo parecido sucede todavía ahora cuando hablamos de Cuba, de Venezuela o de Nicaragua. Hay gente que dice amar la revolución, pero que carece de pensamiento crítico, que cree en verdades inconclusas.

Henri Christophe fue presidente y luego rey de Haití entre 1806 y 1820. Supe de su existencia gracias a El reino de este mundo, una de las mejores novelas de Alejo Carpentier. Y viene al caso porque la novela se basa en la revolución independentista de la antigua Saint-Domingue y de cómo el rey negro impone un nuevo régimen autocrático, como si fuera imposible escapar del círculo cerrado de la opresión y del abuso del poder; una circunstancia que nos remite, salvadas las distancias, al actual régimen de Nicaragua. Del cerdo Napoleón y su granja de animales escribiré quizá en el próximo artículo. Por ahora terminaré con estas palabras de Orwell: “Si algo significa la libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”.

>arturo.monterroso@gmail.com

Etiquetas: