Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
El Acordeón

Mi memoria es ante todo visual

Presentamos el discurso de la artista plástica Isabel Ruiz, al recibir el Premio Carlos Mérida 2017, otorgado por el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala.

Fecha de publicación: 14-01-18
Por: Isabel Ruiz
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Desde temprana edad tuve un sentido estético de las cosas. Particularmente de los juguetes populares como los trompos, por la forma en que giran y se desplazan, así como las líneas que se dibujaban en las corrientes de agua, al lado de las banquetas de la ciudad, durante los inviernos. Mi memoria es ante todo visual. Poco recuerdo de mi vida a menos que lo consiga trasladar a una imagen.

Mi propuesta artística es algo que ha estado en continuo proceso de construcción. Lo que hago en arte nunca lo considero como algo terminado. Lo veo más en relación a cómo uno puede llevar anotaciones personales en un diario, como en los diarios de Frida Kahlo.

Así mismo, desde pequeña presté mucha atención a lo que sucedía en mi entorno, a lo político, lo social… Había algo muy particular en aquella realidad, que yo siempre interpreté desde mi particular condición. Por ejemplo, me desarrollé como mujer justo en el momento en que se acababa la Revolución de 1944 con el derrocamiento de Jacobo Árbenz Guzmán, el soldado de la primavera, en 1954. Tomé la pubertad como una premonición de lo peor y poco me equivocaba sobre los años que sobrevinieron: me refiero a las dictaduras, el dolor de las víctimas de la guerra, los desplazados, el papel de la mujer en la sociedad guatemalteca, entre otros males.

Hoy quiero evocar a algunos de mis maestros como Roberto Cabrera, Rodolfo Galeotti Torres y Enrique Anleu Díaz. Así mismo a mis compañeros del Grupo Imaginaria: Pablo Swezey, Moisés Barrios, César Barrios y Luis González Palma, cada uno de ellos con propuestas muy personales y muy elocuentes.

No es de mi interés hacer arte por hacerlo, de manera que no produzco mucha obra, pues mi proceso de trabajo va de la mano con un análisis de meses, incluso años. Nunca procedo a realizar una obra si no la he pensado bien.

Y es que para mí el arte no es solo una propuesta estética y de entretenimiento, sino mi espacio de investigación de la vida real que luego traduzco a metáforas visuales.

Creo que he transmitido mis ideas a través de la ruptura de géneros, algo que va desde mis acuarelas que llevan luz por detrás, porque mi intención al hacerlas así era lograr una radiografía del país, para lo cual también he aplicado mi experiencia en el grabado en metal mediante el uso de cuchillas, así como las rasgaduras, de manera que el papel herido y levantado con cuchillas es como una metáfora de los años de pesadilla en que se ha visto sumida Guatemala.

He trasmitido mis ideas a través del ensamble o ruptura de géneros entre las artes, remontándome a la instalación de sillas quemadas hasta la otra titulada Geometría ambulante, en la que logré la participación de un gran número de personas que día a día la modificaban. Y en medio de estas dos experiencias, mi incursión en el cine, mediante la curaduría visual de películas como Del azul al cielo de la cineasta guatemalteca Ana Carlos; así mismo, la película pintada para la coreografía Epitafio ladino, del bailarín guatemalteco Don Carlos,  y la curaduría visual para el montaje multimedia de Labuga, proyecto de música electroacústica de David de Gandarias.

Un hecho muy especial fue la coincidencia, que en realidad no lo fue, de la creación de mi serie de acuarelas Río negro, con el poema de igual nombre del poeta José Luis Villatoro, y Sacratávica (in memoriam por la víctimas de Río Negro de 1982) de Joaquín Orellana, cuya música estudié antes de realizar mi propuesta.

Hay tres performances de mucha importancia para mí: una es Lo Negro del Sueño, que consistió en caminar a la vez que pintaba una línea amarilla, yendo y viniendo, en un espacio de 80 metros en el Museo de Arte Moderno de Costa Rica. En ese momento ya había comenzado a involucrarme en el tema de las migraciones, algo en lo que aún sigo trabajando. Quise marcar el paso del migrante como la marcha de un autista, de un ser inconsciente que no sabe cómo va a llegar a su destino, ni cuál será este. La acción de caminar y caminar, es para mí lo que identifica al migrante de nuestra región, al mojado.

El segundo fue Crescendo, donde remarqué fechas que marcaron cambios frustrantes para el desarrollo del país:

1954: Invasión estadounidense que terminó con el segundo gobierno de la revolución de octubre de 1944.

1980: Año en que el abuso de poder de los gobiernos militares llegó a uno de sus puntos más altos, manifestándose en el genocidio cometido en contra de los pueblos indígenas.

2008: Año en que la violencia común recrudece y afecta a todos los estratos sociales de Guatemala, generando un nuevo “alien”: con maras, narcotráfico, generaciones sin sueños, producto del comercio voraz, globalizado, desigual.

El tercer performance fue Matemática sustractiva, que consistió en un conteo realizado en los muros perimetrales del Centro de Formación de la Cooperación Española en La Antigua Guatemala. La acción duró dos días para alcanzar la suma de 45,000 desaparecidos por el conflicto armado interno en este país, donde los militares siguen negando que hubo genocidio.

Por último quiero destacar la instalación Test-imonio, consistente en una serie de pañuelos cuyo objeto era sacudirme el miedo y la impotencia, enfrentándome a palabras sumamente dolorosas e impactantes como las que recogí en ellos y que son la expresión descarnada de sobrevivientes de una guerra absurda. El pañuelo responde a la mano distante, es solidario del sudor y el llanto; responde por la voz ahogada, detiene la sangre y amengua la herida. En fin, el pañuelo es tanto como una bandera. La fuerza de las palabras que aquí se recogen deja de lado la metáfora para describir con la misma crudeza lo que se le hizo a una población indefensa.

Pero qué sería todo esto sin el trabajo que durante años desarrollé con niños tanto en áreas marginales como en la Fundación Contexto, un espacio abierto por iniciativa de Belia de Vico, una mujer generosa y desprendida para el apoyo a la niñez, particularmente para niños en riesgo. En ese lugar pasaron muchos niños y niñas que hoy son jóvenes, algunos de ellos integrados a labores dignas. Con los niños nunca he pretendido formar artistas sino impulsarlos a ver otra realidad menos dura que la de su entorno.

Este es pues, mi aporte a la memoria de todos nosotros los guatemaltecos, es por esta obra por la que hoy el Ministerio de Cultura y Deportes me otorga el Premio Carlos Mérida, nombre del artista insigne que, aunque México tomó por suyo y le agradezco su gesto, siempre puso de relieve sus raíces mayas. Por lo que Mérida representa para nuestro arte y por su lucha constante en este campo, lo recibo con agrado y alegría. Muchas gracias.

Guatemala, 1 de diciembre de 2017.

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