Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

Celebrar a los amigos

La telenovela

 

 

Fecha de publicación: 19-11-17
Por: Ana Maria Rodas
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En 1971 estaba yo en San José de Costa Rica cuando se celebró la Primera Bienal Centroamericana de pintura, que prácticamente organizó Sergio Ramírez. En ella el guatemalteco Luis Díaz ganó el primer premio otorgado por un jurado notable: Marta Traba, la crítica de arte argentino-colombiana, el dibujante mexicano José Luis Cuevas y el pintor peruano Fernando de Szyslo.

Sergio vivía su exilio en aquel país desde 1964, y su casa era centro de reunión de todos los creadores centroamericanos que visitaban Costa Rica. Allí nos recibían con gran cariño Sergio y su esposa Tulita. Sergio formaba parte del Consejo Superior Universitario Centro Americano —el CSUCA— del que fue Secretario; allí promovió la mítica revista ‘Repertorio’.

En 1971, la Bienal fue el pretexto para que nos reuniéramos escritores, dramaturgos y actores en San José. Imposible olvidar ese acontecimiento creado por Sergio. La sede de los escritores prácticamente fue la casa de Ítalo Vallecillos, poeta salvadoreño de la generación de Manlio Argueta, Álvaro Menén Desleal y Roque Dalton.

Allí conocí a Carlos Martínez Rivas, a Cardenal. Llegaban muy temprano, a eso de las nueve de la mañana, los chapines Otto Raúl González y Tito Monterroso, el dúo inseparable del exilio en México.

Esas reuniones fueron el principio de mi clara amistad con Carlos Martínez Rivas que fluyó por correo muchos años. Sigo admirándolo como uno de los más valiosos poetas que ha parido este mundo.

Cuando Carlos había fallecido, Sergio quiso prologar una antología de la obra de Martínez Rivas que publicaría el diario español El País en 2009, en una colección de los grandes poetas en lengua española del Siglo XX.

A pesar de las protestas de muchos escritores de la talla de  García Márquez y Carlos Fuentes, la obra de Martínez Rivas no se publicó porque Sergio Ramírez sufre un veto del eterno presidente Daniel Ortega. Quizá ahora el Premio Cervantes pese más que un dictamen político.

Sergio ha sido pródigo con sus colegas, poetas o narradores, y a la larga y magnífica lista de sus obras hay que añadir el número de antologías que ha publicado, donde hemos cabido muchos.

Conocí a la encantadora Claribel Alegría en Nicaragua. Había leído muchos de los libros de la maravillosa poeta nicaragüense-salvadoreña cuya obra he admirado siempre.

Nacida en Estelí, Nicaragua, pasó su niñez en San Salvador. Fue marcada por el sangriento fin de la rebelión liderada por Agustín Farabundo Martí porque a los ocho años atestiguó la masacre de alrededor de 30,000 campesinos salvadoreños, que protestaban por su pobreza. La Gran Depresión de EEUU en 1929 repercutió como catástrofe en El Salvador.

Más tarde Claribel fue enviada por sus padres a estudiar a la Universidad George Washington. En Estados Unidos conoció al escritor español Juan Ramón Jiménez con quien sostuvo una relación literaria de varios años. Juan Ramón fue, en ese lapso, su mentor.

Más tarde conoció al escritor y diplomático estadounidense Darwin J. Flakoll con quien se casó. La profesión del esposo la llevó a vivir en muy diversos países.

Francia le dio la oportunidad de conocer a infinidad de personajes latinoamericanos. Sería imposible mencionarlos a todos. En realidad, una lista interminable de escritores, pintores, músicos, que desfilaron por su casa en aquella época.

Siempre que habla de ese tiempo en París, sus ojos relucen e inmediatamente se refiere a su estrecha amistad con Cortázar y con su primera esposa, Aurora Bernárdez.

Fue en Nicaragua, durante una reunión de mujeres escritoras, donde establecí una hermosa amistad con Claribel. Ella y su esposo habían ido a vivir a Nicaragua en los años 80 para aportar su ayuda al país que sufría un embate estadounidense luego de la victoria sandinista.

El martes de la semana que termina, día en el que le entregaron el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Claribel incluyó en su discuso un alegato a favor de las mujeres que han luchado durante años contra el machismo en América Latina.

Genio y Figura.

Este es mi homenaje a Claribel y a Sergio. Por los premios, indudablemente. Pero sobre todo por la obra que han creado. Inmensa en su estilo y contenido.

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