Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
El Acordeón

El sudor de los héroes

La telenovela

Fecha de publicación: 05-11-17
Por: Ana Maria Rodas
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Más de 20 horas de pie pasó la doctora Carla Ramírez durante el proceso de separación de las siamesas a quienes se ha llamado Las Esmeraldas; delicada intervención quirúrgica en la que participaron 62 profesionales de la salud. Todos ellos, héroes verdaderos en sus diferentes especialidades. Si he escogido a la doctora Ramírez  como estandarte del grupo es porque se trata de una profesional con 17 años de especialización que se encuentra en el séptimo mes de gravidez y, sin embargo, se mantuvo todo ese tiempo, al igual que sus compañeros, trabajando ardua y delicadamente en cuidar de la vida de las pequeñas durante una jornada que la mayoría de nosotros no habríamos aguantado.

La doctora Ramírez, al igual que otros médicos que proporcionan sus servicios en el Hospital Roosevelt, ganan la suma de Q.4,000 al mes.

No quiero saber cuánto ganan los y las enfermeras.

La responsabilidad de llevar a cabo las diversas fases de la separación de las niñas recayó en un equipo de médicos especializados: Cirujanos Pediátricos, Cirujanos Plásticos, Neonatólogos, Anestesiólogos, Intensivistas, Pediatras, Radiólogos, Enfermeros, Terapistas respiratorios, Nutricionistas, Laboratoristas, Farmacéuticos, etcétera.

El jueves de la semana que termina, el medio digital Soy502 publicó extensamente una noticia en la que se recuerda que en septiembre de 2015, “en una sesión plenaria de los 13 magistrados que integran la Corte Suprema de Justicia” se gastaron 13,604 quetzales en el  almuerzo de los magistrados. “La compra, en modalidad directa, fue realizada al Hotel Adriatika, el mismo lugar que hospedó al presidente Jimmy Morales por 100 días durante su campaña electoral ese mismo año.”

El total del dispendio, dividido entre los trece comensales arroja el costo de 972 quetzales por almuerzo, lo que a mi juicio, y sin duda a juicio de los lectores, resulta ser mucho más allá de lo excesivo. Con poco más de lo gastado en cuatro almuerzos — apenas ciento doce quetzales— se paga el salario de un médico especializado del Roosevelt. Sin duda, también del San Juan de Dios.

Solo Dios sabe cuánto ganan los médicos en otros hospitales y centros de salud del país.

El dato, según Soy502 puede ser corroborado en Guatecompras.

El artículo de Soy502 da cuenta de la compra de pasteles, galletas, refacciones, celebraciones de cumpleaños —la señora Stalling recibió dos pasteles en su celebración— y en el festejo del Día del Padre de aquel año.

En un apartado de la misma nota, —hablando de 2016—  se informa que la SAAS “En el último trimestre… ha gastado 499 mil 597 quetzales en alimentos, entre los que se incluyen pavos, mariscos, carnes finas, pan y otros insumos de cocina”, destinados a la Casa Presidencial.

Tengo entendido que en la Casa Presidencial viven el mandatario, su esposa y tres hijos, acompañados del personal doméstico de costumbre.

Si tomamos en cuenta la comparación entre dedicación al trabajo, los bajos salarios que se pagan a los empleados del Estado y otras fruslerías de la desigualdad que se vive en Guatemala, tendremos que hacer algún esfuerzo y leer el documento Guatemala en Cifras 2017, publicado por el Banco de Guatemala.

Supongo que a esa entidad estatal no se le pueden aplicar los términos de izquierdista, comunista y otros que suelen salir de entidades del propio Gobierno, de redes sociales y otras fuentes de información, que considero dudosas.

Hay una serie de leyes cocinándose en el Congreso de la República, sede de personas muy poco apreciadas por la ciudadanía. Unos cuantos, digo yo, se salvan del sambenito popular.

Una de las leyes en espera, importante por demás, es la Ley de Servicio Civil.

Debería ser, junto con la Ley Electoral y de Partidos Políticos, aquellas a las que se le prestara gran atención.

No es posible que unos médicos especializados inviertan —con la más magnánima de las intenciones— interminables horas de trabajo a cambio de un salario de 4,000 quetzales mensuales, mientras los funcionarios de alto rango ganan muchísimo más, trabajan muchísimo menos, y encima, se autoproclaman miembros de la clase media y se adjudican un sudor que no es apreciable de modo alguno.

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